LOS INICIADOS: LA FUNDACIÓN DE LA GRAN OBRA - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 Resolviendo lo irresoluble
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38: Resolviendo lo irresoluble 38: Resolviendo lo irresoluble 15 Resolviendo lo irresoluble A partir del macho y la hembra haz un círculo redondo, y extraes un cuadrángulo, y del cuadrángulo un triángulo; y a partir del triángulo, haz un círculo redondo y tendrás la piedra de los filósofos.
PETRUS TOLETANUS Bajo el lienzo aguardaba otra sorpresa que, lejos de ocultar un espectro, albergaba mucho misterio.
Con un gesto elegante y esbozado de orgullo supremo, Da Vinci retiró la tela; apareció a la vista la perfección servida en un gran dibujo de su Hombre de Vitruvio.
Era a pluma y tinta en papel, como los cientos que llevaba dibujando, aunque por lo menos diez veces mayor.
—¡Enigma resuelto!
—expuso con el corazón endiosado a su pequeño público.
Todos abrieron las bocas, por las que salió una exclamación unánime de admiración que atravesó el taller.
Deslumbrados, se acercaron a contemplar tal belleza humana.
Sus mentes llegaron a una misma conclusión: no tuvo tiempo material para terminar las dos obras de arte en esas horas, a no ser que el poder inconmensurable del Lapis de los Filósofos hubiera actuado a través de sus manos.
—Parece el mismo hombre —valoró Nicolás, comparando con otros bocetos que había colgados en la pared.
—No lo es —rebatió—.
En este, las proporciones son perfectamente simétricas, tal y como demuestra que el hombre encaja en el cuadrado y el círculo, y que, pese a que cambia la posición de brazos y piernas, el ombligo permanece en el mismo sitio.
Flamel verificó asombrado que, a diferencia de sus anteriores bocetos, en ese modelo los dedos no excedían los límites en ningún punto de contacto.
—No obstante —añadió Leonardo—, aunque arquitectónica y anatómicamente sea perfecto, y pueda ser usado como referencia en multitud de estudios y como patrón de perfección en oficios y obras de arte, este canon es en realidad perfectamente imperfecto.
»Esta noche he llegado a comprender que no se puede hallar el canon de belleza ideal.
La perfección es subjetiva y varía según el punto de vista, así los cánones de belleza van cambiando de moda con el paso del tiempo.
Las proporciones idílicas no se encuentran en ningún hombre real de carne y hueso porque no existe un hombre perfecto.
—Es aún más perfecto porque es perfecto e imperfecto, más que si fuera únicamente perfecto —valoró Francesco.
—Solo Dios podría crear algo así —remató Flamel, levantando la cabeza para recalcar la supremacía en las obras del Altísimo.
—Aquí está, y es un mensaje dejado por el Creador —confirmó Leonardo—.
Resolviendo el desafío del Hombre de Vitruvio, se me iluminó la respuesta al eterno quebradero de cabeza de la cuadratura del círculo.
Anoche, concentrado en desvelar el misterio, cuando volví a trazar el círculo y el cuadrado para mi canon, tuve una tremenda revelación: el dilema de la cuadratura del círculo también contenía perfección e imperfección.
»Había intentado resolver de manera matemática este acertijo cuando en verdad su solución es teológica y filosófica.
En sensaciones que ni podría describir —abrió y cerró los ojos repetidamente y suspiró hondo al recordar la profundidad de la mística experiencia vivida; era la primera vez que, ya en posesión de su primera Piedra Filosofal, había canalizado mensajes de semejante trascendencia—, se me instó a ver que era una metáfora de la perfección de Dios y los límites del conocimiento humano recurriendo al círculo y al cuadrado.
»En tanto que cada punto de una circunferencia es equidistante a su centro, el círculo es una figura perfecta y, por lo tanto, representación ideal de la Verdad, el Espíritu, el Absoluto.
Con los ojos cerrados, deslizó la yema del dedo índice por la circunferencia de la figura con un movimiento circular paulatino, intuitivo, delicado, con gran ternura, como si sintiera estar acariciando al mismísimo Dios.
—Debido a su mayor irregularidad, el cuadrado es representación de la imperfección humana y su intelecto.
Al inscribir un cuadrado dentro de un círculo, el primero solo tocaría al segundo en cuatro de sus puntos, es decir, de manera fugaz.
Apoyó la observación señalando en la pared un boceto donde había dibujado ese supuesto.
—Y no importa qué tanto el cuadrado se esfuerce, por así decirlo, en multiplicar sus lados y devenga pentágono o hexágono, y sucesivos —bosquejó tales figuras para ejemplificarlo—, este seguirá tocando al círculo solo en un número limitado de puntos y nunca en su totalidad.
»En otras palabras, no importa qué tanto el intelecto humano se acreciente y multiplique sus «puntos de contacto» con el Mayor o la Verdad, jamás llegará a comprenderlo plenamente.
—No se puede entender al Padre mediante el intelecto, solo sus obras.
El intelecto humano es limitado, así lo ha dispuesto en su divina providencia el Señor —confirmó Nicolás, quien ya sabía por experiencia la imposibilidad de acceder a la divinidad mediante el engañoso instrumento de la mente.
—Es además una alegoría de la conexión del hombre con el cielo y la tierra —continuó Da Vinci—; el círculo representa el espíritu (o el cielo) y el cuadrado la materia (o la tierra, la base en una estructura arquitectónica).
»Aquel que conecta la materia y el espíritu es el hombre, quien aloja la sustancia que combina lo manifiesto y lo no manifestado: el alma dentro del cuerpo.
—Señaló en el boceto del Hombre de Vitruvio los puntos de contacto de las manos más elevadas como ejemplo—.
¿Veis?
Los dedos encuentran la intersección del círculo y el cuadrado, lo que denota la relación del hombre con el mundo físico y espiritual.
—¡Lo finito en lo infinito, el microcosmos del cuerpo humano a imagen y semejanza del macrocosmos creador, el Hijo y el Padre!
—resumió su maestro con una entonación enfática que denotaba cuán maravillado se sentía ante esa proeza—.
El alma es también símbolo de la Piedra Filosofal, vehículo de la unidad divina entre la tierra y el cielo.
—Asimismo es una revelación de la dignidad del hombre.
Leonardo siguió pasando la mano por el papel con cariño, con una expresión de júbilo que mostraba que estaba orgulloso hasta el tuétano.
—El ser humano es el centro del universo.
Estamos en el lugar más privilegiado de la creación.
Somos la criatura que alberga la dualidad de perfección e imperfección: el hombre tiene una capacidad que lo acerca a la divinidad, si bien en él yacen los instintos más bajos, y dispone del libre albedrío de situarse en cualquier lugar.
»En la gran cadena de seres que unen al Amado Creador con el mundo, en la cima se hallaría Dios, luego los ángeles, estrellas, planetas y todas las formas de vida, antes de terminar con los demonios y diablos.
Trazó con las manos una escalera imaginaria en el aire.
—El hombre estaría justo en medio, en tanto posee cuerpo mortal y alma inmortal.
Por ello tiene la capacidad única de adoptar la ubicación que quiera, porque se le ha provisto de voluntad.
Así puede descender por la cadena y comportarse como un animal, o subir por ella y proceder como un dios, en cuyo caso, es llamado a conocer la belleza del universo hermoso y complicado.
»El Supremo ansía que sea comprendido por el hombre, el único elegido de entre todas las criaturas para descubrir sus secretos y elevar así la obra a su magnífico destino.
—Alzó los brazos para expresar esa grandiosidad—.
Mi Hombre de Vitruvio puede llenar las irreconciliables partes de un círculo y un cuadrado.
Si la geometría es el lenguaje que describe el universo, este modelo expone que podemos existir dentro de todos sus elementos; podemos llenar cualquier forma que nos plazca, geométrica y filosóficamente también.
Leonardo había resuelto, a la manera de Dios, tanto su canon perfectamente perfecto e imperfecto como el irresoluble dilema de la cuadratura del círculo en forma metafórica, usando la figura humana como área para ambas formas; combinó en un mismo boceto, no solo su incuestionable habilidad artística, sino también matemáticas, arquitectura, filosofía y religión, todo gracias al nuevo poder que le confería la recién adquirida Piedra Filosofal, sabia y alumbradora de la verdad y los mayores secretos a sus iluminados Iniciados.
Esa era la contribución de la alquimia a través del genio; a Flamel lo había dotado de la habilidad de captación de Elegidos y de una sobredotada maestría para la enseñanza de la propia Ciencia Hermética; en la figura de Da Vinci, había aportado un avance de la filosofía y las artes.
Con cada nuevo Iniciado, la magia alquímica operaba mejorando algún campo; ella misma se proyectaba y multiplicaba las fortalezas del alquimista en una participación conjunta entre adeptos y Arte Sacro.
Así como Dios le da coraje al hombre y el hombre le da coraje a Dios, ellos eran sus manos y servían de peones para llevar a cabo, eslabón a eslabón, el plan orquestado de una Obra Mayor.
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