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LOS INICIADOS: LA FUNDACIÓN DE LA GRAN OBRA - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 La yegua preñada
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52: La yegua preñada 52: La yegua preñada 13 La yegua preñada El sol y su sombra (la luna) consuman la obra.

MICHAEL MAIER Había pasado cerca de un mes.

Paracelso estaba como una rosa.

Ni una marca en la piel, como si jamás se hubiera incinerado de pies a cabeza.

Incluso lucía la nueva melena de rizos que embellecía su cara de facciones rechonchas a la vez que enfermizas.

Hacía una semana que había vuelto a hacer vida normal y se había recuperado por entero, al mismo tiempo que el sifilítico, a quien se le había dado el alta.

La remesa de fénix vegetales había concluido su primera fase y debían sembrarlos en el huerto, expuestos a los dos tipos de luz necesarios: la diurna y la lunar.

Los signos de maduración eran preciosos.

En el fondo de las vasijas nadaba una masa gelatinosa, cubierta de una pelusilla, comparable a una especie de rocío verdoso que representaba un campo de mies.

Sobre ella se apreciaba el Alma Mater de la resurrección de la planta, una piel de burbujillas tornasoladas de variados colores que flotaba cubriendo la materia.

Por su parte, los huevos de los fénix animales se habían tornado una sustancia viscosa producida por las cenizas y los aceites empireumáticos.

Solo necesitaban más meses a la intemperie.

En cuanto al homúnculo, andaban a ciegas.

Para asegurar el éxito, había recibido el doble de plegaria que los fénix.

Era cuanto podían hacer.

En sus visitas diarias, registraban la evolución del huevo.

La cáscara, a medida que iba madurando su feto por dentro, iba tornándose translúcida.

Se podía ver con cierta nitidez el espécimen.

—¿Lo veis?

—apuntó Paracelso con el huevo en la mano.

—Tiene brazos, piernas y cabeza —hizo alusión a sus rasgos humanoides Perenelle.

—No lo veo —observó Leonardo, buscando el parecido entre ese ínfimo y desdibujado feto con un niño.

—Ha terminado su primera etapa de putrefacción, los veintiocho días del ciclo lunar, como decía el libro —indicó Flamel.

Tenían esperanzas.

Hasta el momento, todo cuanto sabían eran las descabelladas directrices que un antiguo estudioso de cábala había dejado en un libro.

Pero ya tenían pruebas tangibles de que había algo de verdad en la receta, aunque quizás se tratara de casualidad.

—Ahora habrá que alimentarlo —dijo Paracelso, pinchándose un dedo con un alfiler.

La sangre era básica.

Sellaba el vínculo entre criatura y creador por el humor más fuerte del ser vivo en la tierra.

Hasta el último día de su existencia la necesitaría para mantenerse con vida.

—¡Es espantoso!

—valoró con una mueca de asco Perenelle, y los hombres se rieron.

El doctor sacó el engendro del huevo y lo introdujo en una vasija ovoide.

El cambio era necesario porque iba creciendo y necesitaba un espacio mayor para acabar de desarrollarse.

Inyectó en ella unas gotas de sangre, y la selló con pergamino y cera negra.

Se dispuso a enterrarla en su nido de estiércol, pero Leonardo lo frenó: —El libro dice que en esta segunda fase debe estar en el vientre de una yegua preñada —objetó leyendo el manual.

—Creía que era una metáfora —rebatió Paracelso.

Era habitual que las recetas mágicas, más las que envolvían misterios quiméricos, estuvieran plagadas de dobles sentidos que el mago debía interpretar.

—A lo mejor las otras veces no resultó por eso —sopesó Flamel—.

Para crear el homúnculo se prescinde del vientre materno y sus humores, pero quizás sí necesite de alguna clase de útero físico para su desarrollo.

De forma más pura que en el vientre de mujer, allí crecería por completo, tomando su espíritu y su temperamento.

Entraron al establo y encontraron a la nueva madre adoptiva.

Se encontraba descansando, tumbada sobre fardos de paja.

Con cuidado, Paracelso introdujo el recipiente en su matriz.

La escena era un belén: a los pies del animal, los cuatro aguardaban a ver el nacimiento de un dios.

La yegua era una más en el experimento.

A partir de ese día, compartiría la carga de llevar en sus entrañas —aparte de su potrillo— a un ser que, si todo iba bien, sería el primer hombre parido en la tierra no nacido de mujer.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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