LOS INICIADOS: LA FUNDACIÓN DE LA GRAN OBRA - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 La Monas
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57: La Monas 57: La Monas 4 La Monas El Dr.
Dee cumplió con su palabra.
Lo llevó al laboratorio para su primera clase.
Era enorme y dotado de todo cuanto un artista necesitaba para cualquier tipo de experimentos.
Con la peculiaridad de albergar un observatorio astronómico en una torre adosada, lujo al que pocos doctos de la época habían podido acceder, y mucho menos tenido en propiedad.
John cogió un libro de la mesa, que sería la base de su instrucción, y se lo acercó Kelley, quien leyó el título: Monas Hieroglyphica.
—Lo he escrito yo —dijo sin énfasis, a pesar de que solo una minoría podía alardear de haber publicado una obra.
Edward inspeccionó la carátula: estaba adornada con pilares, emblemas…, y allí se encontraba el nombre del doctor.
En el centro resaltaba un glifo, la Monas, un intento de Dee para crear una cábala especial utilizando símbolos alquímicos, una fusión de numerología y astrología.
Se fijó en que estaba enmarcada en un huevo, por lo que dedujo su relación hermética.
—¿Qué es?
—Representa el proceso alquímico, el génesis y la evolución del cosmos.
—Tomó una pluma para enseñarle de forma gráfica cada símbolo—.
Tiene cuatro secciones: el Sol, la Luna, Elementa e Ignis.
El círculo es el Sol.
Comenzó a trazar las figuras en un papel.
—El punto en su interior es la Tierra, alrededor de la que el Sol y demás planetas siguen sus respectivos caminos.
El semicírculo de encima es la Luna.
La cruz de abajo es el cuaternario, ya que se compone de los cuatro elementos.
John empezó a hacer sumas de números.
—El cuaternario es una forma abreviada de la década: sumando uno, dos, tres y cuatro obtenemos la decena.
De aquí que los romanos representaran con una cruz (X) el diez.
Marcó también ese número en el papel.
—A la vez, la cruz representa el ternario, que son dos líneas y un punto de intersección.
Cantó un ritmo gracioso para los siguientes grupos de tres, con la voz que entona alguien que ya se lo sabe de memoria y le aburre: —Cuerpo, mente y espíritu; mercurio, azufre y sal.
Combinando el ternario (espíritu) y el cuaternario (materia), se obtiene un septenario, la cifra de mi Monas: el nexo entre los reinos mundano y celeste.
»Estoy convencido de que el siete tiende a realizar todas las cosas.
Es la totalidad del universo en movimiento; el dispensador de la vida y fuente de los cambios, pues incluso la luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes.
»No en vano los egipcios lo adoptaron como símbolo de vida eterna, por ser esencial: lo usaban de manera críptica (a través de sus múltiplos), su sistema numérico se basaba en siete cifras jeroglíficas; y en el templo, ungían las estatuas de los dioses o difuntos con siete aceites sagrados y repetían sus fórmulas siete veces para garantizar los resultados deseados.
—¿Y este?
—Kelley preguntó por el último símbolo de la parte inferior del glifo.
—Los dos semicírculos —los dibujó en su Monas— son Ignis, el signo de Aries, el elemento del cambio y la acción, visto a producir una transformación: el fuego alquímico.
—Movió los dedos en un intento de representar el tremor de las llamas encendidas.
—¿Cómo se aplica esto en el laboratorio?
—Primero deberéis aprender cábala.
Las matemáticas representan las formas de las fuerzas que operan en cada nivel o plano, en cada esfera, cada Sephira.
Para respaldar sus palabras, John desenrolló un pergamino que contenía una ilustración del árbol cabalístico de la vida.
—Sé qué es —admitió Kelley porque poseía un bagaje de conocimiento de carácter ocultista.
Lo había buscado durante toda su vida y estaba familiarizado con cábala, alquimia y prácticas mágicas de todo tipo, en especial las más siniestras.
—La Mónada puede aplicarse a cualquier ciencia.
A partir de ella, se puede encontrar la fórmula para obtener la Piedra Filosofal, que es capaz de transformar cualquier tipo de materia de un plano a otro, del primero al último.
Hasta el movimiento de los astros, sin necesidad de instrumentos, se nos es revelado por este glifo.
Elevó la mano hacia el cielo en un contoneo rápido y grácil de dedos, tal si llamara a los cuerpos celestes.
Kelley tomó la pluma del doctor y enmarcó la Monas dentro de un huevo, completando el glifo.
—Vendría a ser el principio de todas las cosas —concretó el sordo.
—¡Exacto!
—Asintió con un cabeceo decidido—.
Sobre estos pilares edificaremos tu aprendizaje.
Entusiasmado, Dee fue a por más libros de cábala, algunos de alquimia, astrología y matemáticas, los que creía básicos para iniciar al nuevo pupilo.
Los colocó en una pila bien alta delante de las narices del nigromante, que quedó oculto tras ellos; solo se oían sus resoplidos de queja.
Recordaba al párvulo castigado a hacer doble tarea, pero que se muere por jugar.
Ese día Edward comprendió que no iba a ser tan fácil como había pensado en un principio.
No existía un atajo escurridizo que condujera a la alquimia y, por su carácter inconstante y vago, esa torre de libros lo convenció de que a lo mejor era cuestión de cambiar de plan para alcanzar la fortuna que su corazón ambicioso ansiaba conquistar.
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