LOS INICIADOS: LA FUNDACIÓN DE LA GRAN OBRA - Capítulo 9
- Inicio
- Todas las novelas
- LOS INICIADOS: LA FUNDACIÓN DE LA GRAN OBRA
- Capítulo 9 - 9 El Iniciado de gorro frigio
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
9: El Iniciado de gorro frigio 9: El Iniciado de gorro frigio 9 El Iniciado de gorro frigio Desvelada la piedra, siguieron al obispo al interior de la catedral.
Guillaume iba delante, como un pastor conduce a sus ovejas.
Subieron por una estrecha escalera de caracol que no tenía fin.
La sucesión de cientos de peldaños parecía que los ascendería al cielo, que el mismísimo Dios los estaría esperando con los brazos abiertos; pero lo único que hizo fue extenuar a los tres pobres siervos como almas condenadas a un castigo eterno de esfuerzo agotador.
Paso a paso, treparon los escalones; las frentes se empaparon de sudor, las piernas flaquearon y los pulmones terminaron a punto de estallar.
En la parte alta de la torre, en una de las tribunas, estaba la escultura de un anciano con un gorro frigio; se asomaba para ver la agitada vida parisina desde lo alto.
—Este anciano somos tú, yo y los antiguos alquimistas a lo largo de los siglos —soltó el obispo con el poco aire que le quedaba, apoyándose en una columna para recuperar fuerzas—.
El viejo alquimista que busca la Piedra Filosofal, el Mago Iniciado.
—Volvió a tomar oxígeno, en tanto se retiraba la mitra para airear la cabeza—.
Su gorro frigio viene siendo desde antaño señal de la iniciación.
Flamel reparó en que el anciano pétreo se acariciaba la poblada barba; reconoció el arquetipo del sabio, el filósofo que medita y se interroga, abnegado conocedor de los misterios del Arte Magna, que, con la suficiente maestría, llega a ser testigo de la culminación de su trabajo.
Ese viejo maestro en piedra era un fiel retrato del filósofo en el laboratorio, atado día a día a la vigilancia de la lenta evolución de la materia en el crisol, con la esperanza de que el prodigio se consuma y deslumbre en su vida la anhelada panacea.
Se sintió identificado; desde que Abraham había aparecido, era un Iniciado.
Al sopesarlo, una intensa sensación de poder le recorrió el cuerpo, como una confirmación energética de que se hallaba en lo cierto.
—¿Podéis ayudarme con la traducción de mi libro también?
—Para el griego, necesitáis encontrar a sacerdotes judíos.
Guillaume recomendó a los rabinos cabalistas, figura a medio caballo entre el hechicero y el profeta, sabios en letras y aficionados a las artes mágicas, al uso de tableros adivinatorios y palíndromos, amuletos, talismanes, imposición de manos, rituales e invocaciones a los muertos mediante aliteraciones de sonidos, tomados de la mano danzando en corros al son de la cítara y el tímpano, y gesticulando presos de furor enloquecido.
—La mayoría ha emigrado a España.
En Santiago de Compostela daréis con alguno que podrá ayudaros.
Aunque, si os abruma el viaje, aquí mismo se podría encontrar algún… —Gracias por todo, padre —le interrumpió.
Flamel no tuvo duda: su despierta intuición le dijo que necesitaba visitar tierra hispana.
—Nada debéis agradecerme a mí; que estéis aquí ha sido por la gracia de Dios —concluyó el obispo, con plena fe y la mirada perdida en el horizonte.
Los tres adeptos permanecieron quietos, en silencio, meditando como estatuas hermanas del arquetípico Iniciado.
Se quedaron largo rato apreciando, desde la aventajada altura, la vastedad del paisaje de París.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com