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Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 13

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13: Capítulo 13 13: Capítulo 13 Lo primero que mis ojos divisaron al salir de la barrera en la que he vivido desde que llegué a este mundo, fue una infinitud de árboles gigantes tan densos que prácticamente tapaban mi vista del verdadero cielo.

Tenía curiosidad por saber si era igual a la simulación con la que estaba familiarizada, pero sabía que tendría que dejar mi deseo a un lado ya que lo más importante era localizar a Nuros, pues este no se encontraba a la vista.

Tampoco se captaba algún sonido que pudiera indicar alguna pista de su paradero, en mi oídos solo llegaba ese sonido característico que se formaba cuando en un ecosistema había una gran variedad de fauna conviviendo juntas, una cacofonía de chirridos, que a pesar de su caótica melodía, no era irritante para el receptor, incluso podría considerarse tranquilizante y encantador para aquellos amantes de la naturaleza.

La vista que se extendía ante mí, era de una belleza agreste y conmovedora.

Sin embargo, no me dejé llevar por su infame encanto, ya que sabía muy bien, por experiencias pasadas, lo peligroso que podría ser este tipo de lugares, sobre todo cuando no conocías nada sobre su biodiversidad.

Pero lo más preocupante era que no podía divisar a Nuros por ninguna parte, lo que significaba que ese mocoso se había movido de su posición.

Una acción bastante arriesgada de hacer en este tipo ambiente selvático y en un suelo tan accidentado.

Era muy fácil perderse en un lugar como este, sobre todo si no se podía ver el sol para poder guiarte con él.

Eso sin contar que era muy difícil para las personas volver encontrarse, cuando te encuentras en constante movimiento, porque este tipo de terrenos, eran complejos y limitaban mucho tus sentidos.

Podrían estar a solo unos pocos metros de distancia y extrañarse para siempre.

Por suerte para Nuros, en este mundo existía la magia, y buscar personas ya no era tan complicado como lo sería en mi mundo anterior; de hecho, te podría apostar toda mi fortuna a que las pociones de búsqueda eran mucho más efectiva que la tecnología.

Aunque los dragones no podíamos utilizar activamente nuestro núcleo mágico, este aún se podía utilizar de forma pasiva con nuestras subclases, para hacer creaciones que nos permitían suplir nuestra desventaja natural y solucionar problemas espinosos como estos.

Así que, sin perder más tiempo, busque en mi espacio plegable, una poción Liraën de rango archimago para designarlo como mi objetivo.

Al ver que en mi vista se iluminaba con una luz etérica, supe que la poción había funcionado y me puse en marcha en la dirección que señalaba, reacia a permitir que Nuros se quedara sin supervisión ni un minuto más en el exterior.

Lo bueno era que no tuve que caminar demasiado para poder escuchar sus inconfundibles gritos; los cuales, por su contenido me hicieron correr a toda velocidad para tatar de llegar a tiempo y sacarlo del problema en que se hubiera metido.

Cuando por fin lo divise entre el dosel de los árboles, tuve que pararme en seco pues tenía que procesar bien la situación en la que ese chico se encontraba porque no era lo que esperaba.

Allí estaba, corriendo por la selva como perro por su casa, llevando un huevo en sus manos, mientras un ave parecida a un águila gigante lo perseguía con fiereza.

—¡OUCH!

¡ESO DOLIÓ!

—exclamó Nuros cuando el ave lo picoteó—.

¡DEJAME EN PAZ!

¡SOLO TE COGI UN HUEVO!

¡TIENES OTROS DOS MÁS EN EL NIDO!

¡AY, AY AY!

Ver a esa ave con los colores de un pavo real atacarlo con sevicia, fue un acontecimiento bastante divertido y ayudó a disipar una gran parte de mi ira contenida, sobre todo, porque era gracioso escuchar el soliloquio de sus quejas y argumentos absurdos.

Debía admitir que se chico tenía un gran talento para la oratoria, capaz de cambiar el mal por bien y librarse de toda culpa.

Con el fin de entender la situación que nos llevó a esa hilarante escena, decidí no revelar mi presencia y escuchar su monologo exterior.

Por lo que pude deducir de su palabrería, era que el ataque del ave hacia él estaba justificado.

Ella o él, solo estaba protegiendo a su descendencia de las garras del malvado dragón que se la llevó.

Al ver que no corría un grave peligro, no tenía ganas de ir a su encuentro y en cambio pensaba en convertirme en una observadora silenciosa y dejar que el Karito ajuste cuentas con él, como una lección por sus imprudentes acciones.

Era una lástima que, antes de poder refugiarme de su vista, Nuros se dio cuenta de mi presencia, lo que causó un desvío de su carrera, para dirigirse hacia mi dirección.

—¡PROFEEE AYUDEEMEEE!

—Gritó el chico con desesperación, al tiempo que evadía de un magistral descenso del ave.

Cuando vi que se acercaba cada vez más y temiendo ser atacada por el Karito, busqué en mi pulsera una zyriala, una fruta de color palo rosa con una rugosa superficie, que de lejos parecía un insecto venenoso muy temido por este tipo de aves para lanzársela al Karito con el fin de disuadirlo de atacarme, no quería que mi peinado y mi ropa se arruinara otra vez por culpa de la imprudencia de un adolescente.

Esa fruta, como era de esperar, cumplió con las expectativas que impuse en ella, pues asustó al Karito.

Y este, siendo la criatura inteligente que era, se apartó con impresionante rapidez de su trayectoria, alejándose de mi estudiante.

Caso contrario pasó con mi discípulo, el cual, todavía aturdido por mi inesperada movida, no se dio cuenta que la fruta voladora iba directa a su dirección, por lo que esta, al final le terminó impactando de lleno en su frente.

El mocoso, que no se esperaba el golpe, tropezó y cayó al suelo, interrumpiendo su huida.

El Karito al ver que su huevo había salido indemne y estaba a salvo en sus manos, me ignoró y continuó con el ataque con renovado vigor a mi estudiante, después de comprobar que solo era una fruta lo que había volado cerca de ella.

Mientras intentaba aguantar la risa por la cómica escena, me acerqué a donde estaba mi estudiante que no paraba de mirarme con incredulidad, impasible al feroz ataque del ave.

—Parece que mi puntería ha fallado un poco.

Lo siento Nuros —Me disculpé sin remordimientos.

—Profe, a mí me parece que lo hizo a propósito —se quejó Nuros, frotándose la frente, a pesar de que el golpe no podría haberle causado algún dolor.

—Pues estás pensado demasiado, la fruta era para asustar al Karito y desistiera del ataque.

Es una lástima que esa táctica no haya funcionado, al parecer es un animal muy inteligente —respondí mientras trataba de mantener la seriedad en mis expresión facial—.

Además, ¿qué pasa con todo este alboroto?

Estás en tu forma híbrida, no deberías sufrir ningún daño por su ataque.

Para enfatizar mis palabras, señalé al Karito, que en algún momento de nuestra conversación, había intensificado su ataque por la frustración de ver que el objeto de su odio, no mostraba ni una pizca de dolor, ni soltaba su huevo.

En nuestra forma híbrida, nuestras escamas eran tan delgadas que, desde lejos, se camuflaban con la piel de nuestra forma humanoide, esta solo nos daba un ligero tinte que se intensificaba cuando la luz del sol caía sobre nuestra piel.

Sin embargo, no dejes que su apariencia delicada te engañe, estas escamas seguían siendo casi tan resistentes como en nuestra forma dracónica.

Brindándonos una defensa férrea ante los diferentes ataques de nuestros enemigos.

Incluso nuestros ojos, que por lo general eran el punto débil de las especies escamosas, se veían revestidos por una resistente membrana nictitante: una escama transparente y retráctil que los protegían de cualquier daño.

Estas se fortalecían a medida que nuestro rango avanzaba.

Por lo que, Nuros siendo un mago, no debería sentir el ataque de esa ave sin poder, si acaso, solo debería percibir un ligero cosquilleo.

Así que no entendía el porqué de tanto drama.

Al verla tan desesperada por sus ataques, y al saber la razón por la que lo hacía era para recuperar a su hijo, sentí más empatía por ella que por mi revoltoso estudiante, si era sincera.

Inclusive consideré prestarle alguno de los artefactos que me dieron los artesanos de mi familia, capaces de atravesar las defensas de las escamas de los dragones por debajo del rango archimago, para que pudiera, por fin, desahogar sus quejas.

Sin embargo, como docente, era mi deber proteger la integridad física de mis estudiantes, por más desastres que haya causado, y guiarlos por el buen camino.

Así que reprimí ese deseo y busqué una forma de ayudarlo a escapar de la situación en la que se encontraba, sin eludir, claro está, su responsabilidad.

Enfrentar las consecuencias de tus acciones era una buena forma de aprendizaje y bajo ninguna circunstancia deberíamos omitir ese paso, dejando que ellos se salgan con la suya.

Eso podría generar malos hábitos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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