Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen
  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 Calmarme no fue fácil, sin embargo, la situación en la que estaba me obligaba a hacerlo.

Nuros solo me miraba con inquietud y sorpresa, ya que era la primera vez que me veía perder el control de esa manera.

Me había visto enojada muchas veces y había sido testigo de mis extraños castigos, pero nunca me había oído maldecir, por más enojada que estuviera.

Eso se debe a que siempre había procurado de cuidar mi lenguaje frente a mis alumnos, pues era una firme partidaria de la filosofía de predicar con el ejemplo y no podía prohibirles a mis estudiantes que no digan malas palabras, si me escuchaban a mí usarlas.

No obstante, esta situación me había superado por completo, pensaba que podía manejar todo este desastre con calma y serenidad, pero estaba claro que no era así.

Pero cómo podía mantener la calma cuando te enterabas de que todo este incidente era en realidad fruto de una extraña combinación de coincidencias y mala suerte.

Tal hecho me descoló más de lo que esperaba, preferiría mil veces que nuestra situación fuera producto de una conspiración, ya que era horrible saber que tus desgracias comenzaron por algo tan sencillo, tan mundano como quererle jugar una broma a la profesora que te castigo.

Su confesión casi me hacía arrepentirme de haber salido de la barrera para acompañarlo.

Casi.

Para mi infortunio, yo me conocía lo suficiente como para saber que, si hacía la vista gorda a su situación y algo le pasaba a Nuros, nunca volvería a tener paz y mi conciencia me atormentaría hasta el fin de mi existencia.

Y siendo sincera, no valía la pena sufrir de esa forma por ese chico.

Así que, incluso conociendo los entresijos de la historia, aún volvería a salir de la barrera para acompañarlo.

De modo que, lo único que me quedaba por hacer era, afrontar lo que la vida me lanzaba con entereza para no darle esa satisfacción de verme derrotada y planear a largo plazo para que mi estadía fuera de la barrera fuera cómoda.

Por eso hice todo lo posible para calmarme después de ese arrebato, utilizando los clásicos los ejercicios de respiración y numeración para calmarme y enfrentar a Nuros con fría racionalidad.

El cual, desde hacía rato me miraba con una cara de cachorro regañado, después de ser testigo de mi inusual arrebato con sus expresivos ojos cafés brillando con “tristeza”, sin embargo, su actuación, no pudo ablandar mi corazón para nada y opté por ignorar su teatro, para indicarle que siguiera con su relato porque aún quedaba una incógnita por resolver.

Nuros dudó por un momento, pero obedeció mi petición y continuó: —Durante el ejercicio tomamos la poción, volamos por encima del dosel de los árboles para admirar el paisaje y nos escabullimos hacia el lugar acordado con el fin de escondernos de usted profesora.

Sin embargo, al poco rato nos aburrimos de esperar y decidimos que ya que estábamos cerca de la frontera, podríamos hacer una incursión para observar de cerca la barrera ya que teníamos mucha curiosidad por saber cómo era realmente esta.

Por un momento todo quedó reducido a un silencio incómodo para él, mientras que yo solo me dignaba a darle esa mirada juzgadora que les dábamos los adultos a esos niños después de una travesura muy desastrosa.

Tal vez, no soportando el peso de mi mirada, Nuros me hizo una pregunta, como una estrategia para cambiar el pesado ambiente.

—Profe, ¿y qué era esa poción que nos lanzaron?

—Era un Gelatus, Nuros —respondí sin pensarlo, ya acostumbrada a atender las inquietudes de mis estudiantes.

Sin embargo, cuando me di cuenta de que nos estábamos desviando del tema que quería abordar y su torpe estrategia estaba funcionando, decidí ir directo al grano y preguntar por el último misterio que quedaba por resolver: —Por cierto, Nuros, ¿cómo evadieron la seguridad de los artefactos?

—¿eh?

¿Qué artefactos profe?

—respondió el chico con desconcierto.

—Los artefactos defensivo que están cerca de la frontera y que evitan que los intrusos se acerquen a ella —expliqué con paciencia, mientras en mi interior comenzaban a surgir algunas sospechas debido a su reacción.

—No, profe, no nos topamos con ningún artefacto, ni siquiera sabíamos que existían —dijo al mismo tiempo que sacudía la cabeza con suavidad para remarcar su negativa de saber algo sobre esos artefactos.

Solo pude dar un suspiro de cansancio ante su respuesta.

Estaba claro que había un problema con las defensas de la frontera y, rememorando la actitud sospechosa del director, no me resultaba difícil imaginar lo que en realidad había sucedido.

Ahora solo quedaba esperar la respuesta del consejo para conocer los detalles que faltaban y así poder confirmar si mis sospechas eran correctas.

Por lo que, para pasar el tiempo, mientras esperábamos esa respuesta, saqué de mi pulsera, mis materiales de crochet para tratar de terminar la muñeca que pensaba regalarle a mi amiga, cuando esta saliera de su reclusión.

Pues quería hacerle un regalo de promoción o consolación con anticipación por su éxito/fracaso al superar el rango magíster, con la esperanza de estar de vuelta a casa cuando Liyah saliera.

Nuros quedó bastante anonadado por mis repentinas y abruptas acciones, así que me preguntó sorprendido, casi como un reflejo: —¿Qué está haciendo profe?

—Estoy tejiendo —respondí con indiferencia.

—P-pero, p-pero… —¿Pero qué, Nuros?

Habla bien.

—¿No me va a decir nada más?

—interrogó el muchacho, desconcertado por mi inusual comportamiento.

Ante su pregunta dejé lo que estaba haciendo para mirarlo con seriedad y responderle: —Si esperas algún castigo de mi parte, lamento decepcionarte, porque no habrá ninguno.

—¿Ah?

¿No?

—dijo el chico, mirándome con extrañeza.

—No, por supuesto que no, considero que ya has pagado las consecuencias por tu estúpida acción.

Sin incluir con las que te enfrentarás una vez que regresemos.

Ante mi declaración, Nuros encogió su cuello y abrió mucho sus ojos, pues ahora era que se había dado cuenta de que su bromita lo había metido en serios problemas y que su deuda aún no estaba paga.

Mientras observaba cómo su expresión se trasformaba a una de arrepentimiento y aprovechando su estado de ánimo, decidí hacerle una pregunta cuya respuesta era muy crucial para nuestra futura supervivencia.

—Ahora que te has dado cuenta del verdadero alcance de lo sucedido quiero me respondas algo.

Cuando escuchó el tono de mi voz, el pelirrojo dejó de lado sus pensamientos pesimistas y concentró toda su atención en mí, alertado por el matiz de grave que le había dado a mi petición.

Yo solo le devolví la mirada con seriedad y con voz lenta le pregunté:  —Dime, Nuros ¿valió la pena tu venganza contra mí?

Nuros se removió incómodo en su asiento y, tras un momento de vacilación, respondió en voz baja, sin atreverse a mirarme a los ojos.

—No.

Dejé que esa respuesta se hundiera en su interior, para luego proceder a explicarle una importante verdad: —Espero Nuros, que recuerdes esta conversación cada vez que decidas hacer otra de tus “bromitas”.

En la vida real, cada acción tiene sus consecuencias y si actúas sin pensar, el único que saldrá lastimado serías tú y tus seres queridos, los cuales, sufrirán contigo las repercusiones de tus actos, debido al amor que sienten por ti.

Tal vez algo en mi declaración pudo al fin toca su conciencia, porque, después de pronunciar mis palabras, sus tiernos ojos de color canela se llenaban de lágrimas de arrepentimiento.

Nuros al darse cuenta de la acción involuntaria de sus conductos lagrimales, intentó desesperadamente no evitar llorar frente a mí, presionando las palmas de sus manos en sus ojos.

No le encontraba mucho sentido a su acción de retener sus lágrimas, ya que no era la primera vez que lo veía llorar.

Tal vez solo estaba tratando de mantener un poco de su dignidad y orgullo intactos ya que no quería dejar la impresión de ser un niño llorón.

Era una lástima que ya era demasiado tarde para evitar esa impresión.

Por lo que para evitar dañar más su frágil orgullo, solo me limité a observar en silencio sus acciones, sin tomar ninguna iniciativa para tratar en consolarlo una vez más.

Además, él debía enfrentar estos sentimientos por sí mismo y aprender de ello para madurar hacia una mejor versión de sí mismo, sobre todo, cuando teníamos en cuenta de que había una pequeña probabilidad de que durante nuestra estadía afuera, enfrentáramos situaciones complejas o que nos encontremos con otras razas.

Después de todo, estas cordilleras aunque sean oficialmente territorio de las bestias despertadas, esta no era una zona prohibida para los forasteros.

Por ende, cualquiera con suficiente fuerza y sin ningún miedo a la muerte, podía vagar en busca de las oportunidades que ofrecía este peligroso ecosistema.

Y este encuentro solo sería aún más peligroso para nosotros, debido a nuestra raza.

Ser un dragón era como una bomba a punto de explotar, en cualquier momento podrían descubrir nuestra raza y comenzar una caza mundial, donde nosotros seríamos las presas y yo no tenía, ni la fuerza, ni la experiencia como para protegernos de la tormenta que se formaría al descubrirse nuestra identidad.

Teniendo en cuenta esas circunstancias, era mucho mejor que lloré ahora, en la seguridad de nuestra soledad; a que lo haga mientras huimos de la persecución fanática de los cazadores de dragones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo