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Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 28

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Capítulo 28: Capítulo 27

En el décimo quinto día del cuarto mes de nuestro autoexilio en las cordilleras se marcó un momento memorable: desde esa fecha, nuestro destino empezó a transformarse de forma descontrolada, llevándonos a caminos insospechados.

Esa mañana, comenzó con la ejecución de una nueva actividad en nuestras clases de pocionismo, ya que pensaba que era hora de comenzar a crear un jardín para pociones.

Con Nuros habíamos estado practicando con las pociones, y me había dado cuenta que él todavía no tenía idea del cultivo de plantas iluminadas.

Por lo que creí necesario crear un plan de estudio sobre este pues este tema era muy importante para un maestro pocionista.

Fue en este día tan inolvidable, que decidí por coincidencias de la vida, comenzar mis clases. Para ello, pensaba dividir la lección en dos temas: la agricultura tradicional y la botánica extraordinaria.

La primera consistía en cultivar plantas comunes, más que todo las que servían para alimentos o eran solo para decoraciones.

En cuanto la segunda, también se refería a cultivo, sin embargo, era mucho más difícil que la anterior, pues consistía en iluminar a las plantas comunes para que estas cultiven su propia energía mágica.

Por lo general, este trabajo tan complejo era manejado por aquellos que practicaban la subclase druida, sin embargo, debido a la limitaciones de nuestra raza, habíamos creados diversos métodos para crear nuestros propios jardines, que se habían transmitido y optimizado de generación en generación.

Sin embargo tales detalles no eran importantes por ahora en la enseñanza de mi estudiante, ya que eran conocimientos que solo se debían adquirir una vez establecida ciertas bases.

Por eso, ese día tan inolvidable, nos limitamos, a la agricultura tradicional para comenzar con el mundo del cultivo, de allí que Nuros, los Karitos y yo nos dirigimos al jardín delantero, para empezar la lección del día.

En una esquina cerca de la barrera construida por Dharai, Nuros quien llevaba puesto el sombrero y la mochila que le había hecho, comenzaba a arar el suelo para preparar la tierra para siembra.

Mientras el pelirrojo trabajaba en la tierra con entusiasmo, yo lo vigilaba mientras le brindaba al mismo tiempo algunos consejos y trucos que aprendí en mi vida pasada, cuando trabajé como profesora en una comunidad indígena.

Ellos me enseñaron muchas cosas, tanto en agricultura como en artesanías, por lo que no fue ningún problema para mí aprender botánica extraordinaria en este nuevo mundo.

Tampoco tenía reserva en enseñarle ese conocimiento a mi estudiante, si eso ayudaba a mejorar su experiencia con el cultivo de plantas.

Los tres polluelos que nos habían seguido a la clase como simple espectadores, pronto se interesaron en las acciones de mi estudiante, por lo que se acercaron con sigilo hacia su ubicación y observaron con curiosidad la tierra suelta por él, para luego proceder a rasguñarla con sus lindas y pequeñas garras.

Su madre no estaba en ese momento para vigilarlos ya que salió a cazar temprano en la mañana y nos encargó con mucha pena el cuidado de sus crías mientras conseguía comida para ellos.

Al principio me ofrecí en darles raciones suficientes para ellos durante su estancia en nuestra casa, los cuales, tenía guardada en mi collar en abundancia, pero ella se negó con firmeza y prefirió salir sola a buscarse su propia comida.

Me sorprendí mucho que dejara sus crías al cuidado de unos desconocidos, supongo, que el Karito tuviera más confianza en mí de lo que yo creía.

Por lo que, conmovida por su confianza, tomé muy en serio su petición y llevaba a Ciros, Zafiro y Pandora a todas partes para vigilarlos con cuidado ya que temía que les pasara algo durante su ausencia.

De allí que se desarrollara la divertida escena de la que ahora estaba siendo testigo: Nuros plantaba las semillas de Hibisco con alegría, mientras que a sus espaldas, los polluelos la desenterraba para comérselas con entusiasmo.

Como profesora, decidí guardar silencio ante sus furtivas acciones, ya que lo consideraba una prueba más que debía superar mi estudiante, pues en la vida real, era muy común que los animales intentaran de diversas formas, algunas muy croaticas, comerse la cosecha de los agricultores por lo que estos debían de estar muy pendientes de sus tácticas astutas.

Así que solo me limité a observar las travesuras de los polluelos, mientras Nuros inconsciente del triste destino de sus semillas, tarareaba una canción al tiempo que seguía con la actividad en el campo.

Sin embargo, su ignorancia no duró mucho tiempo, ya que Pandora, fiel al nombre que le otorgué, fue un poco más valiente que sus hermanos, al hacer un movimiento arriesgado que le salió muy mal: entrar en la mochila del pelirrojo para contrabandear más semillas.

Nuros se dio cuenta de inmediato de sus acciones, y al enterarse de que todas sus semillas habían sido desenterradas por esos tres revoltosos, comenzó una persecución para darles una lección, que se convirtió muy pronto, en un juego de etiqueta, en la que las aves estaban en grave desventaja ya que todavía no podían volar y sus físicos no podían compararse al de un dragón, por más joven que este sea.

Aun así, no quise intervenir para detener su “juego injusto” porque perseguir a los animales para que no se roben la cosecha, era algo que todo pequeño agricultor ha hecho, un evento del que no podían escapar, independientemente de si era Homo sapiens u de otra especie.

Además de que estos le servirían de lección a los tres polluelos, sobre los peligros de ser imprudente.

Suficiente tenía con Nuros.

No obstante, la diversión no duró mucho tiempo, ya que poco después de que Nuros iniciara aquella hilarante persecución, alcancé a vislumbrar a Dharai corriendo en nuestra dirección.

Su acción inusual captó de inmediato nuestra atención. El pelirrojo abandonó lo que estaba haciendo y se acercó a mí, asustado por el comportamiento de la guerrera.

En sus brazos llevaba a los tres polluelos que, presintiendo la gravedad de la situación, permanecían quietos, dejándose manipular por Nuros a su antojo.

Yo, en cambio, me levanté del asiento desde donde disfrutaba del animado espectáculo y me acerqué con rapidez a mi estudiante para más seguridad, mientras esperábamos el acercamiento de la guerrera con ansiedad para poder conocer las razones de su urgente comportamiento.

Nuestra incertidumbre no duro mucho, unas cuantas respiraciones, fue suficiente para que Dharai nos alcanzara y ella, fiel a su naturaleza práctica, no perdió el tiempo con tonterías y nos informó sobre lo sucedido:

—Tenemos dos extranjeros acercándose a nuestra ubicación.

—¡¿Eh?! —exclamó Nuros sorprendido por la noticia.

—¡¿Qué?! —pregunté con incredulidad a Dharai. Luego, dándome cuenta de la gravedad de la situación, la increpé con urgencia—. ¿Estás segura? ¿No será unas bestias despertadas que estaban pasando cerca por casualidad?

—No, ya lo he comprobado varias veces, se dirigen directamente hacia nosotros, sin ningún desvío —dijo la guerrera. Luego añadió con una voz más solemne—. Parecen conocer muy bien nuestra ubicación actual.

Tratando de digerir las impactantes noticias, buscaba una manera de dar forma a las innumerables preguntas que inundaban mi mente; sin embargo, en ese instante, no me era posible decidir cuál de todas era la más importante.

Sin embargo, antes de que pudiera expresar alguna de mis dudas, Nuros se me adelantó:

—¿No estamos utilizando artefactos con runas de ocultación? ¿Cómo pueden vernos entonces? ¿Acaso es más poderoso que usted?

—Es imposible, los artefactos utilizados fueron entregados por el alto señor Vritragon, por lo que su calidad no tiene dudas —respondió Dharai—. Según las lecturas de los artefactos, la energía fluctuante de los dos forasteros están dentro del rango archimago, por lo que no deberían ser conscientes de nuestra presencia

—Entonces ¿por qué se dirige hacia nosotros? —Preguntó Nuros—. ¿Activaste correctamente los artefactos?

—Acaso dudas de mis habilidades niño —respondió la guerrera con un tono de voz amenazante por su falta de respeto.

—¡Basta! —Intervine al ver que su conversación iba por mal camino—. Ahora no es el momento de buscar culpables.

Al escuchar mis palabras, se calmaron y la tensión en el aire se disipó. Al ver que estaban más tranquilos, prosigo para confirmar una vez más la situación:

—Dharai ¿qué tan segura estás de que los intrusos se dirigen directo hacia nosotros?

—Estoy muy segura, señorita —respondió con voz sombría—. No la habría interrumpido si fuera de otra manera.

Sus palabras me dejaron helada, pero sabía que no podía entrar en shock en un momento tan importante como este, en la que tomar decisiones con cabeza fría era indispensable para nuestra supervivencia.

Me giré hacia Nuros, que aún cargaba a los polluelos, los cuales se encontraban asustados por nuestra conversación. Solté un suave suspiro y, con voz firme, ordené:

—Nuros, lleva a Zafiro, Ciros y Pandora dentro de la casa. No salgas por ningún motivo hasta nuevo aviso.

Los ojos del chico se abrieron con incredulidad y quiso abrir su boca con lo que sería una protesta sobre mi repentina decisión. Pero antes de siquiera pudiera pronunciar una palabra, le advertí con voz tensa:

—Nuros Daemeryon, ¿recuerdas la promesa que me hiciste?

Él me miró con ojos suplicantes cuando escuchó mi pregunta, presintiendo que ya había perdido la batalla antes de que esta siquiera comenzara, y estaba tratando de hacer algún movimiento desesperado.

Pero, bajo la presión de la mirada de Dharai y la mía, me respondió con reticencia:

—Ante cualquier situación imprevista y peligrosa debo seguir con rigurosidad las instrucciones de la profesora y la señorita Dharai.

—Bueno, entonces sigues mis instrucciones o tus libertades quedaran reducidas hasta nuevo aviso —advertí con dureza—. Recuerda que el bien común siempre estará por encima del bien individual.

Con esa lección, le insté con la mirada para que se dirigiera a la casa. El chico solo suspiró con desánimo y caminó hacia esta cabizbajo.

Dharai solo observó en silencio sus movimientos, en un acuerdo silencioso por mis desiciones.

Al ver que al fin nos habíamos quedamos solas, comencé averiguar más detalles sobre la apremiante situación a través de la guerrera.

—¿Cuánto tiempo tardará en llegar a la barrera?

—En unos diez minutos, si sigue con el ritmo que tienen.

—¿Puedes distinguir sus formas? —interrogué con urgencia.

—Según las lecturas del artefacto uno tiene una forma humanoide y el otro es una bestia —respondió con voz tensa.

Allí se iba mi última esperanza, si tan solo los dos fueran bestias, sería mucho más fácil llevar a cabo este encuentro, pues los dragones, teníamos una muy buena relación con las bestias despertadas, sobre todo, cuando estas no tenían ningún interés en nuestra carne y sangre ya que, por alguna razón, no les otorgaba ningún beneficio al consumirla.

Además de que éramos la única raza de “dos piernas” que tenían una forma bestial completa, pues las demás, tenían como máximo una transformación híbrida, mientras que algunos como los humanos, ni siquiera tenían una.

Esas singularidades, conllevó a que tuviéramos más intimidad e intercambios con ellos que con las altas razas ansiosas de desgarrar nuestra sangre y carne.

Era una lástima que nuestra cooperación a largo plazo fuera interrumpida por una traición por parte de uno de sus líderes, lo que nos llevó a una situación tan desesperada que la única opción que tuvimos para sobrevivir en ese entonces, fue aislarnos de esa manera.

Aun así, con todos estos desalientos, preferiría mil veces que nuestros intrusos fueran bestias de rango desastre, porque lo peor que podría pasar con ellas, sería enfrentar un intento de asesinato.

—¿Qué hace esa figura aquí entonces? —Pregunté, intentando mantener la calma—. Según tengo entendido, estamos muy lejos de cualquier civilización, y no creo que los reyes bestias que han gobernado esta región desde tiempos inmemoriales, permitan la construcción de un puesto de avanzada en las cercanías de la cordillera.

Aunque mi voz sonaba firme, no podía decir lo mismo de mi mente, cuya imaginación hiperactiva, me atormentaba con innumerables escenarios que se alimentaban cada vez más con mi paranoia sobre cazadores de dragones enterándose de nuestra presencia en este lugar.

Aunque sabía a la perfección que las estadísticas hacían imposible esa posibilidad, no podía solo dejar de pensar en ello.

—No lo sé señorita Vritragon —respondió Dharai a mis inquietudes—. Tendríamos que interactuar con ellos para conocer sus verdaderas intenciones.

Con sus ominosas palabras que bien podrían ser casi proféticas, esperamos durante unos tensos minutos su llegada, los cuales, transcurrieron demasiado rápido para mi gusto, ya que no pude discutir mucho con la guerrera sobre las contramedidas para cada escenario que podríamos imaginar.

Nuestras expectativas eran que, si de verdad sabían de nuestra ubicación y no eran solo una desafortunada coincidencia, primero nos comunicaríamos con ellos para ver qué era lo que realmente deseaban de nosotros, cómo sabían nuestra ubicación, para luego tratar de llegar un acuerdo y separarnos en tranquilidad o asesinarlos si pasa lo contrario.

Lo bueno era que no teníamos que preocuparnos por la barrera del idioma a la hora de negociar con ellos gracias a la poción thalurani, que tomábamos todas las mañanas para poder comunicarnos con el Karito y los polluelos.

Por lo que teníamos una preocupación menos para este inusual encuentro. Eso si todo ocurría de forma pacífica, porque tampoco descartamos la posibilidad de tener que recurrir al asesinato para protegernos.

Algo que preferiría evitar a toda costa, no quería que algo así afecte mi salud mental que tanto me costó estabilizar.

Sin embargo, tales discusiones se terminaron cuando Dharai me avisó que faltaba solo un minuto para el encuentro. Así que tomamos la resolución de esperar en silencio a que los dos extranjeros llegaran y estar atentos a cualquier movimiento.

No pasó mucho tiempo de esa espera cuando, de entre los árboles, divisamos dos presencias distintivas que se iba acercando hacia nosotras con lentitud deliberada.

Observé con cautela la silueta de nuestros invitados no deseados, mientras le mandaba una plegaria a la conciencia mundial de este mundo, para que esta sea misericordiosa con nosotros y permitiera que esta reunión sea breve y pacífica.

Si en ese momento hubiera sabido cuál era el futuro que me aguardaba, no habría desperdiciado mis plegarias en algo tan vano, sino que habría rogado por algo totalmente distinto.

Porque lo que ocurrió después de eso, fue tan inesperado e impactante que ni ni siquiera en mis divagaciones más loca, habría adivinado que me metería en un enredo tan monumental como ese.

Y es que cómo podría haber predicho que un simple encuentro, tendría el poder de alterar el destino de toda nuestra raza y abrir para Lerum un nuevo camino, lleno de infinitas posibilidades.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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