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Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 3

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3: Capítulo 3 3: Capítulo 3 “…Debido a la codicia sin fin y al orgullo malsano que tanto caracterizaban a los líderes más poderosos de los tres continentes, durante esa época, se comenzó una guerra sin precedentes que afectó a todas las razas de Lerum.

Los dragones, aprovechando el caos que trajo aquella desafortunada guerra, decidieron emigrar a Rubbersil, una de las cordilleras más peligrosas del continente Nubis que tenían fama de poseer montañas con alturas imposibles y vientos implacables.

Nuestros antepasados, en vista la peligrosa situación que vivía su clan, habían decidido crear, en sus terrenos hostiles, un asentamiento completamente inaccesible e indetectable para cualquier extranjero por más poderoso que sea.

Pues nuestro nuevo hogar se erigió en un gran espacio plegado biosostenible cuyo contenedor era una poderosa barrera, la cual nos impiden ser detectados incluso por los de rango soberano de cualquier subclase.

Esta barrera se mantiene gracias al poder mágico emitido por los cuerpos de todos los residentes de Luxedum, apoyados con ciertos cristales mágicos…” Hice una pausa en mi discurso educativo, cuando, mientras caminaba por el salón, miré de manera discreta el reloj que estaba en la pared que indicaba el inminente final de la última clase del día.

Era muy consciente de que hoy no había reuniones u otros compromisos extraescolares, por lo que podría salir al mismo tiempo que mis estudiantes.

Emocionada ante la perspectiva de partir temprano hacia la librería en busca de conseguir la primera edición del tercer libro de mi saga favorita, me dispuse a terminar de manera forzosa mi clase de historia antigua, en vez de alargarla como lo hacía usualmente cuando no terminaba un tema.

Por ello, utilice una vieja pero infalible táctica: la tarea.

Decidido el plan, me dirigí al frente del salón, un lugar estratégico desde el cual podía vigilar la puerta, mientras les decía a mis estudiantes: —…Ahora bien, ¿cuáles fueron las principales razones por las que los dragones tomaron la radical decisión de aislarse?

¿Y cómo nuestros antepasados lograron crear un hechizo tan poderoso que incluso confunde a los soberanos más versados?

Esas son preguntas que deberán responder para la próxima clase.

Dada la lista de tareas que los ayudará a avanzar en el tema, di por terminada mi cátedra para la última clase prevista de la jornada escolar.

Mi imprevista tarea, provocó una oleada de susurros, donde los chicos se lamentaban de la exagerada cantidad de tareas dejada por los profesores y la poca vida social que tenían por culpa de esta.

Indolente ante sus lamentos, esperé con paciencia a que terminaran de expresarse, algo que por lo general, en la última hora solo duraba unos pocos segundos.

Todo para rehacer, como acto final, dos de las preguntas más famosas que caracterizaban a todo profesor respetable: “¿Entendieron el tema?

Y ¿Alguna duda?”.

Esperaba, por supuesto, la típica respuesta de todos mis alumnos: un seco “siiii” y un “no tenemos” poco entusiasta, para así dar por terminada la lección y todos pudieran irse finalmente a casa.

Sin embargo, me sorprendió mucho cuando Brenna alzó la mano y afirmó tener algunas dudas, las cuales, deseaba que yo respondieran.

No me malentiendan: no era inusual que uno de mis estudiantes expresara sus inquietudes sobre un determinado tema, pero sí lo era que lo hicieran en la última hora de clases.

Ellos, al igual que todos los demás alumnos de mi mundo anterior, parecían tener un acuerdo tácito para no retrasar la hora de salida escolar con preguntas que podían resolverse perfectamente en la siguiente lección.

Además, ella no era de las que se interesaba mucho en la historia, así que era algo muy inusual ver semejante iniciativa.

Aun así, no deje que mis sentimientos de sorpresa se mostraran en mi cara y le indique con tranquilidad que podía expresar sus dudas, mientras le lanzaba una mirada de advertencia a algunos de sus compañeros que tenían expresiones muy amenazantes por su interrupción y retraso.

Ellos sabían que tenía unos límites muy estrictos sobre el bullying en mi presencia y eran conscientes que, el último chico que se atrevió a desafiarlos, aún tenía pigmentada su piel de color rosa brillante ya que ningún pocionista quería ofender a mi familia contrariándome.

Brenna, indiferente a las miradas punzantes me pregunto con seriedad: —Profesora, ¿no es un poco peligroso que nuestra raza se recluya de esta manera y no envíen exploradores cada cierto tiempo para conocer la situación del mundo fuera de la barrera?

Su pregunta me hizo alzar una ceja, la mayoría de los dragones de Luxedum tenían muy poco interés por el mundo exterior y una confianza ciega en la barrera, considerándola hasta omnipotente, por lo que tales preguntas eran inimaginables para el dragón promedio.

Por un momento dudé sobre si advertirle del peligro oculto en que vivía nuestra especie con el objetivo de formar un generación más cautelosa.

Pero, tras reflexionar sobre si el poder de mi familia sería suficiente para salirme con la mía en este asunto; o si esta vez, sufriría las consecuencias de mis acciones.

Determiné que, por el bien de la paz mental de mi padre, debería limitarme a solo dar algunas indirectas, lo suficiente como para sembrar la semilla de la duda en sus jóvenes corazones, con la esperanza de que algún día floreciera y provocara algún cambio en nuestra pasividad.

—Brenna, si has prestado atención a mis clases de historia, te habrás dado cuenta de que las especies que terminan confiando en poderes exteriores para protegerse en vez de sus propias fuerzas, siempre terminan mal ¿o me equivoco?

—declaré con firmeza, provocando entre mis estudiantes, un susurro de inquietud.

En cambio, Brenna solo frunció el ceño y me preguntó: —¿Y por qué los ancianos no hacen nada?

—Bueno, esa razón no puedo decírtela, querida —bromeé, evitando responder, para su exasperación—.

Si lo hiciera, me encerrarían en una celda de detención por unos días, por insultar a una figura de autoridad.

Ni siquiera mi estatus podría evitar que me libre de semejante destino.

Y, con esa afirmación, puse fin a mi clase de historia.

Dejando a muchos de mis estudiantes, mucho que reflexionar y a Brenna insatisfecha por mi falta de una respuesta clara.

Pero ese ya no era mi problema en ese momento, pues el timbre indicaba que mi trabajo había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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