Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 31

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen
  4. Capítulo 31 - Capítulo 31: Capítulo 30
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 31: Capítulo 30

La tensión en el ambiente era tan espesa que parecía casi tangible, como si pudiera cortarla con un cuchillo. Del poco tiempo que llevaba conociendo a la guerrera, podía inferir por su expresión levemente fruncida y la posición de sus manos que ella estaba a un paso de asesinarlos para mantener nuestro secreto a salvo.

El problema era que no estaba de acuerdo con su decisión, no por simple moralismo, ya que hacía rato sabía que no podía aplicar los valores que aprendí en mi vida pasada a la actual, sobre todo cuando la supervivencia estaba en juego.

En cambio, yo actuaba por un motivo mucho más materialista y mundano. Por ello, esta vez tendría que oponerme a la determinación de mi querida guardaespaldas, ya que los posibles beneficios que podía ofrecer ese extraño superaban los riesgos.

Una muestra de lo que podría ganar en el futuro con un intercambio, estaba en la conversación que ellos habían sostenido.

Aunque breve y concisa, su intercambio ya había revelado información clave para nosotros, pues en primer lugar, nos ofreció un vistazo preliminar de las relaciones entre las otras razas al mencionar la existencia de un acuerdo; y, por otro lado, dejó entrever un posible error en la artesanía draconiana que podría resultar fatal.

Y eso que aquella no había sido nada más que una charla informal.

No podía imaginar lo que obtendríamos si lográbamos negociar con él para intercambiar la información que tanto necesitábamos.

Si éramos inteligentes, incluso podríamos obtener la herencia de una rama de estudio que siempre nos había eludido: el alma.

Después de todo, no todos los días aparece un nigromante tocando nuestra puerta, y mucho menos uno que parecía desear con fuerza algo de nosotras.

Eso nos daría una ventaja para conseguir lo que buscaba y así beneficiar a nuestra raza, y, más importante aún, a mi abuelo.

No ignoraba que si lograba mi objetivo, esa información podría ser la clave para que mi abuelo pudiera avanzar a soberano de alto nivel, lo que mejoraría el estatus de nuestra familia.

Solo de imaginar sus expresiones de sorpresa al ver lo que traía una vez que regresara a Luxedum, era suficiente para hacerme flotar de felicidad y llenarme de una extraña sensación de orgullo.

No obstante, mis felices fantasías fueron interrumpidas por la fría voz de Dharai, quién me dio una buena dosis con su aguda pregunta.

—Entonces, ¿qué es lo que quiere de nosotros? —dijo mientras su instinto asesino crecía aún si era posible—. No creo que te hayas tomado tantas molestias en encontrarnos, si no necesitaras algo muy importante de nosotras.

Fue allí cuando me di cuenta de que había sido demasiada optimista sobre la situación actual, y me había cegado ante los jugosos beneficios presentados ante mí.

Al final de día, nada era gratis en este mundo.

En Lerum, el conocimiento era poder en el sentido más literal, por lo que para acceder a él tenías que pagar un gran precio para conseguirlo.

Estaba tan acostumbrada a que mi familia me lo entregara sin condiciones que,, por un momento, me olvide de ese hecho tan importante.

Después de todo, este era muy caro y a menudo imposible de obtener por medios normales, a menos que tu raza se encuentre en una situación especial como la nuestra.

Por lo que me concentré en escuchar la respuesta del señor Thandoril, el cual, había mantenido su impasible sonrisa durante todo el encuentro.

Esperaba con un poco de ansiedad, si el precio que él pedía, sería algo que podíamos permitirnos pagar.

—Yo solo quiero observarlos por un tiempo —dijo con suavidad—. A cambio, estoy dispuesto a compartir todo el conocimiento permitido por el acuerdo de los tres continentes.

Su propuesta era en el mejor de los casos, demasiado buena como para ser verdad y daba justo en lo que necesitábamos con una precisión aterradora.

Aun así deseaba arriesgarme en esta apuesta, incluso si esta fuera solo un engaño perverso.

Porque cualquier conocimiento que pudiéramos obtener sobre las almas, hacía que todo esto valiera la pena.

Además tenía mucha confianza en la fuerza de Dharai, porque alguien que había sido elegida por mi familia para protegerme en el exterior, no debería ser una simple artesana con una rama oscura como especialización.

Ella sería más que suficiente para deshacernos de ellos, si algo ocurría, sobre todo porque también contábamos con el factor sorpresa, ya que para esos extranjero, Dharai no era más que un magíster de bajo nivel.

Tomando ya una decisión sobre cómo debía actuar ante semejante “pastel”, envié una señal con la mano a la guerrera, informándole de antemano que iba a salir de la barrera.

La guerrera se tensó aún más si eso era posible, nuestros visitantes, no pasaron por alto su cambio en su lenguaje corporal y la miraron con simple curiosidad, sin ningún rastro de precaución, como si supieran que ella no los atacaría en ese momento.

Al instante pude notar que el señor Thandoril pareció percatarse de mi acercamiento porque apartó su mirada de la guerrera, para fijarla en mí, siguiendo con precisión cada movimiento.

Lo que demostraba una vez más que las runas de ocultación presentes en la barrera no funcionaban en él.

Al ser consciente de su atención, comencé a avanzar con cautela mientras me dirigía hacia el exterior.

Me aseguré con especial cuidado, de aparecer justo detrás de Dharai, como medida extra de precaución.

Nuestro visitante todavía me seguía con la mirada, cuya intensidad me hacía sentir incomoda.

Mis instintos me advertían que su reacción hacia mi presencia era extraña, diferente a la de mi compañera y ese presentimiento me causaba una profunda inquietud.

Así que era mejor permanecer cerca de Dharai, por si acaso, tuviera intenciones maliciosas hacia mí.

Aun así quería conseguir ese intercambio por lo que traté de mantener la compostura, y decidí presentarme para aligerar un poco el ambiente:

—Un gusto conocerlo señor Thandoril y señor Kaelun. Mi nombre es Aeliana Vritragon y esta es mi compañera Dharai Gulbransen.

—Es un placer conocerla señorita Vritragon, señorita Gulbransen —dijo a su vez el hombre—. Aunque las circunstancias de nuestro encuentro sean un poco insólitas, el destino tendrá sus razones para reunirnos en un lugar tan extraño.

—No podría estar más de acuerdo con su afirmación, señor Thandoril —respondí con cautela—. Pero solo el tiempo dirá si esas razones eran buenas o malas.

—Comprendo su desconfianza hacia mí —replicó él, con tono conciliador—. Y estoy dispuesto a responder con sinceridad todas sus preguntas.

—Entonces, necesito claridad sobre su intención de “observarnos” —contesté con el fin de aclarar algunas dudas de mi mente—. ¿Lo dice de manera literal o hay algo más detrás? Y, ¿por cuánto tiempo planea esa “observación”?

—No te preocupes, solo necesito observar sus interacciones en su entorno porque todas las almas solo florecen en su entorno más natural —explicó con fervor—. Solo necesitan tolerar mi presencia por unas horas al día durante unos cuantos meses y yo podría ofrecerle algunos beneficios a cambio de permitir mi presencia en sus vidas.

Después de decir esas palabras, de repente, eliminó la suave sonrisa que había mantenido durante el todo nuestro encuentro y que no había cambiado incluso con la tensión que se había producido hacía unos momentos

—Siempre seré respetuoso, ni tendré prejuicio alguno por su raza —prometió él con una solemnidad que me tomó por sorpresa.

Podía sentir la sinceridad de su compromiso, lo que me hizo tomar la confianza suficiente para seguir adelante con plan y arriesgarme con esta propuesta.

—Sí solo quieres observar, no me importaría invitarte a nuestro lugar —dije con voz firme, no sin antes añadir algunas requisitos para nuestra seguridad—. Pero necesitamos establecer algunas condiciones y firmar un contrato mágico.

Dharai que había observado toda la conversación en silencio, no mostraba objeción alguna hacia mi decisión.

Su expresión calmada, sin rastro de emociones negativas, fue de alguna manera reconfortante y reforzó aún más mi determinación para seguir adelante con esta improvisada cooperación.

—Me alegro que haya aceptado mi oferta señorita Vritragon, le aseguro que no se arrepentirá de su decisión —respondió él, con sus hermosos rasgos iluminados de alegría.

Luego, extendió su mano hacia mí para cerrar nuestro trato, quizás tratando de seguir una costumbre humana como muestra de respeto.

Porque, según tenía entendido, ni la raza élfica ni los Siren —aún no había discernido a cuál de las dos pertenecía— tenían la costumbre de estrechar la mano como gesto de acuerdo.

Apreciando su gesto considerado, me acerqué hacia su ubicación para estrecharle su mano y mientras lo hacía, decidí lanzar una pregunta con aparente ligereza:

—Por cierto, señor Thandoril ¿puedo hacerle dos preguntas?

—Por supuesto, señorita Vritragon —respondió con ligereza—. Ya que somos socios nominales, sería bueno dejar de lado las formalidades, ustedes pueden llamarme por mi nombre, si así lo desean.

Dharai se quedó en silencio, sin mostrar intención de responderle, solo dirigió su mirada hacia mí, dándome a entender que seguiría todas mis decisiones.

—Entonces puedes llamarme por mi nombre, Sylion —respondí, adaptando mi lenguaje a uno más informal, para seguirle la corriente. Luego, tratando de mantener mi voz lo más tranquila posible, añadí—. Dijiste que nuestras almas son más fuertes de la norma y había una especial ¿no?

—Cierto, eso fue lo que dije.

—No sé si soy demasiada presuntuosa en suponer que el alma a la que se refiere es la mía —indagué con cautela.

—Para nada, señorita Vritragon porque supone bien —confirmó el hombre.

Al oír su respuesta, sentí cómo Dharai se movía inquieta, no necesitaba mirarla para saber que no le agradaba para nada la respuesta de Sylion, sin embargo, no tenía la energía para hacerle un gesto tranquilizador porque toda mi atención estaba en este importante conversación.

—Y… ¿qué es lo que la hace tan especial, según tu criterio? —Pregunté con los nervios a flor de piel.

—Oh, no lo sé. Por eso quiero estudiarla —dijo Sylion con un tono aterciopelado—. Lo único de lo que estoy seguro es que es el alma más hermosa que he visto en mi vida, digna de ser llamada la joya de la corona.

Ante su clara repuesta, se hizo un silencio pesado, mi corazón latía con fuerza, ante su revelación. Estaba aliviada de su desconocimiento y a la vez esperaba que su investigación fuera infructuosa y nunca descubriera el misterio de mi alma ni su origen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo