Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 32
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Capítulo 32: Capítulo 31
Mantener la compostura ante su relevación no fue muy difícil, en lo más profundo de mí, sabía que su respuesta sería exactamente esa. Claro, aún tenía la esperanza de que se tratara de Dharai o incluso Nuros, pero esa era yo en estado de negación, no queriendo enredarme en otro drama más.
Suficiente tenía con Nuros y su broma.
Sin embargo, lo que no me esperaba era la reacción de Dharai al escuchar su respuesta, la guerrera que había estado en silencio desde que había aparecido fuera de la barrera, de repente comenzó a actuar de forma un poco agresiva.
En un momento estaba detrás de mí y al siguiente tenía a uno de sus labrys en el cuello de Sylion, mientras Kaelun le gruñía con ferocidad.
Debía admitir con cierta vergüenza que me congelé por el shock debido al cambio abrupto de la situación, por lo que no pude intervenir a tiempo para evitar que la situación se deteriorara aún más y se convirtiera en una confrontación física.
—¿Qué te trae entre manos? —preguntó la guerrera con un tono belicoso.
—No entiendo su repentina hostilidad señorita Dharai —exclamó Sylion, totalmente imperturbable por tener un hacha en el cuello.
Su descarado intento de evadir su pregunta, solo hizo que Dharai se enojara más.
—¡Respóndeme! —exigió—. ¡Ella no es tu colección para apreciar! ¡No permitiré que la conviertas en tu conejillo de indias personal!
El lobo quien estaba observando todo, no pudo soportar tal falta de respeto hacia su compañero, por lo que comenzó a acumular energía mágica de sus garras.
Las ráfagas de vientos cortantes que se acumulaban a su alrededor, demostraban claramente el atributo que dominaba, Dharai consciente de su acción, apunto su otro labrys en su dirección, con la intención de enfrentarse a los dos al mismo tiempo, si era necesario.
Mi cerebro, tal vez reconociendo que la situación no era buena, empezó a trabajar de nuevo, lo que me permitió intervenir antes de que todo se complicara de forma irreversible.
—¡Detente Dharai! ¡Es todo un malentendido! —Grité hacia ella—. ¡Él solo quería elogiarme, nada más!
—La señorita Vritragon tiene razón —intervino el amenazado—. Nunca quise faltarle al respeto, era solo una metáfora para realzar su belleza y valor.
—¿Y usted le cree, señorita? —preguntó la guerrera sin siquiera mirarme, pues estaba ocupada apretando el arma en el cuello de nuestro visitante no tan grato.
—Él dijo que iba a firmar un contrato mágico —argumenté con racionalidad.
—Estaré de acuerdo con todas sus cláusulas —prometió él sin inmutarse por la cercanía del arma en su cuello.
Ante mi convincente respuesta, Dharai comenzó a relajarse y a guardar sus Labrys en sus fundas.
El lobo, viendo sus acciones, dejó de acumular energía mágica en sus garras y regresó a su posición original.
Durante todo ese tenso enfrentamiento, el señor Thandoril permaneció impasible y relajado, como si no fuera él quien tenía un hacha apuntándole en una zona tan vulnerable, e incluso tuvo el descaro de bromear:
—Vaya, esperaba un corte de cabello de primera categoría.
Con ese único comentario se ganó bastantes “malas miradas” de todos los presentes, al punto que tuvo que disculparse varias veces y explicar con una voz un poco avergonzada que su única intención era de aliviar el ambiente con una broma.
Una de muy mal gusto la verdad.
Al final, Dharai insistió en que si querían mostrar algo de sinceridad, deberían dejar que nosotras hiciéramos el contrato con nuestros propios términos. Sylion estuvo de acuerdo con bastante facilidad y se disculpó sinceramente (otra vez), prometiendo que sería más cuidadoso en el futuro con sus palabras para evitar conflictos.
Por lo que, evitado una crisis, era hora de enfrentar otra, al menos lo era para mí, pues con los malentendidos ya resueltos, la atención de Dharai se centró en un punto en particular: la verdadera razón por la que mi alma era tan diferente a las demás.
Mi corazón no pudo evitar latir de forma errática cuando escuché a la guerrera hacer esa pregunta, esta vez, con más tranquilidad, ya que temía la respuesta que el nigromante pudiera dar.
—No lo sé —respondió Sylion con tono tranquilo, lo que me causó un gran alivio. Luego añadió—: Es por eso que solicité su colaboración. Creo firmemente que, si logro descubrir la causa de la anomalía, podré superar el cuello de botella y convertirme en magíster. No solo eso, creo que ese conocimiento me podría ayudar a sortear la gran barrera y ayudarme en mi ascenso a soberano.
Tanto Dharai y yo estábamos impactadas por su ambición y optimismo. Convertirse en soberano ya era muy difícil para la raza de dragones, la cual, había sido dotada por la conciencia mundial por un camino más fluido en el poder que las demás razas del planeta.
Pues a diferencia de todos los demás, nosotros los dragones, solo poseíamos en nuestro cultivo de rangos una gran barrera entre el magíster y soberano, ya que todos nacíamos siendo del rango mago.
En cambio, los demás bestias despertadas y razas “originales” poseían dos grandes barreras que atravesar, pues una entre los rangos de aprendiz y mago.
A diferencia de los cuellos de botellas que existían entre niveles, los cuales, podían ser superados con suficiente tiempo y perseverancia.
Las grandes barreras solo podían superarse con sacrificios, suerte y talento.
Algo que según expone los registros antiguos, solo el diez por cierto de los aspirantes podía atravesar con éxito.
Aunque este porcentaje podía diferir dependiendo del talento de cada raza, lo que había llevado a diferencias en los estatus de cada una.
En Lerum, el poder lo definía todo. Era la esperanza de los extraordinarios y, al mismo tiempo, la raíz de su desesperación más profunda.
Por lo que no era de extrañar que, cuando los dragones aún estaban activos en el mundo, fueran la envidia de todos los trascendentes porque todos sus miembros ya nacían con la capacidad de cultivar evitando con naturalidad una de las dos grandes barreras.
Sin embargo, a nuestros antepasados poco les importaba lo que pensaran los demás, pues durante ese tiempo, su estatus era insuperable entre bestias y razas.
Sin imaginar jamás que ese pecado capital, impulsaría el descubrimiento de una característica especial del que ni siquiera nosotros éramos conscientes en ese entonces.
Ese funesto conocimiento desató una cruel caza contra los nuestros de parte de las otras razas, ansiosos por obtener nuestra carne y sangre y el poder que estas les podían otorgar.
Cambiando la historia de los dragones para siempre.
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