Los Jinetes De Los Cielos: EL Origen - Capítulo 7
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7: Capítulo 7 7: Capítulo 7 —En verdad ¿quieres que yo te cubra tu clase?
—pregunté con incredulidad al Profesor Amlug.
Por lo general, siempre estaba dispuesta a cubrir algún profesor de la escuela en mis horas libres, cuando por algún motivo razonable, estos no podían asistir a su trabajo ese día.
A pesar de mi actitud sobre trabajar horas extras, siempre estaba dispuesta a ayudar a mis compañeros, ya que ellos siempre me han ayudado con entusiasmo desde el momento en que empecé a trabajar esta escuela.
Sin embargo, él como mi antiguo profesor de vuelo, debería saber perfectamente el desastre que era en su clase y que, si no fuera porque mis padres habían presentado un certificado médico a la escuela para justificar mi inhabilidad para volar, yo todavía estaría cursando en preescolar, incapaz de poder avanzar por no poder aprobar su bendita clase.
Ahora, ese mismo profesor de vuelo, que conoció muy bien mi historia oscura, quería que dictara la clase que nunca llegué a aprobar, a nivel de secundaria.
Sinceramente, si no fuera por el respeto que le tenía como mi antiguo mentor, ya le hubiera preguntado si estaba enfermo de la cabeza por ni siquiera pensar en proponerme semejante locura.
Aunque el profesor Amlug debió adivinado alguno de mis pensamientos por la expresión de mi rostro, porque solo susspiró y me dio la razón exacta por la que había decidido que yo lo cubriera: —No hay ningún profesor libre durante esa hora, y ya sabes lo estricto que es la política de la escuela respecto a traer personal externo, sobre todo porque estamos ubicados muy cerca de la frontera.
Además, la profesora Damothre me comentó que ya has aprendido a volar de manera decente —dijo, y luego añadió como si fuera una ocurrencia tardía—.
Por cierto, más tarde me tendrás que contar cómo lo lograste; yo ya te había considerado un caso perdido, el mayor fracaso de toda mi carrera.
Auch, su respuesta me dolió un poco, pero para ser sincera era muy consciente de que sus palabras no eran con mala intención.
Sabía que yo era un caso muy difícil para el profesor Amlug y ese hecho me provocó una gran vergüenza.
De hecho, sospechaba que, algunas de esas nuevas canas que tenía en las sienes, estaban de alguna manera relacionadas conmigo y el estrés que le generé siendo su estudiante.
Así que no debería sorprenderme su curiosidad por conocer el método con el que por fin logré volar, sobre todo, cuando todas las estrategias que aplicó conmigo, terminaron en fracaso.
De hecho, ni siquiera yo estaba del todo segura de cómo lo había hecho.
Siendo sincera, cuando mi psicóloga me aseguró de que con sus terapias podría al fin volar, en mi mente amigo mucho de ella y de su profesionalidad, a pesar de que frente a mis padres me mostré muy segura de su método, solo porque no quería preocuparlos.
En ese momento, estaba muy desesperada por controlar mi transformación dracónica y poder volar libremente por el cielo como cualquier otro dragón.
Por lo que decidió hacer algo muy impropio de mí y di un salto de fe para intentar sus técnicas solo para probar si tenía razón.
Para sorpresa de todos, sus métodos funcionaron, no sabía cómo, pero a los cinco meses aprendí a volar con la ayuda de un instructor privado de vuelo.
Aun así, todavía sigo siendo una novata incapaz de enseñarles algo a otros.
Cuando le expliqué a mi ex profesor sobre mi falta de habilidad y técnica en mi vuelo.
El señor Amlug desestimó mis preocupaciones y me contó que ya había considerado mi falta de habilidad, por lo que modificó su plan de clase para que en esa clase yo solo fuera una guía que los vigilara.
Al final acepté de mala gana, resignada a dar lo mejor de mí para no pasar vergüenzas delante de mis estudiantes, con mis pobres habilidades de vuelo y evitar perder mi dignidad en el proceso.
No esperaba para nada esa responsabilidad autoimpuesta y solo podría desear que ocurriera algo para evitar dar esa clase.
Sin embargo, la vida no siempre va como uno lo desea y más rápido de lo que me gustaría admitir, llegó el temible día: “Bueno, como todos ya saben chicos, seré su profesora para la clase de vuelo por hoy, debido a que el profesor Amlug no pudo asistir por motivos personales.
Como soy su docente de historia antigua, ustedes ya deben conocer mis reglas y mis metodologías.
Por lo tanto, espero que no haya problemas cuando salgamos al bosque.
Recuerden niños, a la señal primera de que no respetan mis reglas, nos Devolvemos al salón y en su lugar daremos una clase teórica en el salón.” Con la esperanza de que me dieran una excusa para regresar al aula, siguió con mi rutina habitual como profesora: aclaré las reglas, expliqué los detalles de la actividad a realizar, pasé la lista de asistencia para corroborar si habían bebido la poción Nexus de rango magíster, para evitar que se alejaran más de diez kilómetros de quién había tomado la poción madre.
Una vez realizados todos los protocolos de seguridad, los organicé de tal forma que todos puedan transformarse con comodidad para comenzar con el despegué.
Gracias a que toda nuestra ropa estaba encantada con runas espaciales por nuestros artesanos, no tenía que preocuparme por los accidentes que podrían ocurrir con estos traviesos adolescentes.
Una preocupación menos que tenía que considerar, solo tenía que evitar que estos no se desviaran demasiado de la ruta establecida ya que el bosque fronterizo era muy peligroso debido a la presencia de artefactos defensivos que se activaban ante la presencia de cualquiera que no fuera el vigilante.
Pero eso no representaba un gran problema.
No por nada utilicé mi propia dotación personal de pociones con ellos, en lugar de las de rango archimago que proporcionaba la escuela.
Con ese nivel de calidad, era imposible que estos jóvenes intrépidos no terminaran jugándome una mala pasada.
Con esa tranquilidad, despegué y los guía a todos hacia el bosque para realizar ejercicios grupales de rastreo y ocultamiento.
Mientras vigilaba a los jóvenes que se apresuraban a esconderse, a la vez que esquivan los árboles.
Una creciente comenzó a florecer en mí, al darme cuenta de lo impresionantes que eran sus maniobras aéreas.
Todos eran mejores que yo, lo que me dejaba un sentimiento de intranquilidad al sentir que no tenía la capacidad de cuidarlos correctamente.
Así que solo quedaba elevar una plegaria a la conciencia mundial de Lerum, para que nos bendiga con buena suerte y esta clase pueda transcurrir de forma tranquila.
Aunque, con todas las medidas de seguridad que tomé, deben ser suficientes para evitar accidentes.
Por lo que era improbable que pase algo, ¿verdad?
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