Los Oscuros Deseos del Alfa - Capítulo 257
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Capítulo 257: Mi Compañero Tiene Un Cuerno
Elena pov:
Me aparté rápidamente, pero Damon no me soltó. Su agarre se tensó sobre mí, y pude sentir el brillo depredador en sus ojos. Había algo más oscuro en ellos de lo habitual, algo casi… frío.
—¿Elena? —preguntó, su voz suave, pero el filo cortante debajo de ella me indicó que algo andaba mal—. ¿Qué sucede?
—Yo… —dudé, tratando de encontrar las palabras adecuadas, pero todo en lo que podía concentrarme era en ese maldito cuerno.
Había sido rápido, apenas un destello. Podría haberlo ocultado. Pero estaba ahí. Lo sabía. La curva oscura y dentada del cuerno, apenas asomándose entre su cabello.
Pero ¿cómo podía decirle que lo había visto? ¿Cómo podía mencionarlo sin parecer loca, sin que él sospechara que estaba perdiendo la cabeza?
—Nada —susurré finalmente, forzando una sonrisa mientras me inclinaba para besarlo de nuevo—. No es nada.
Él arqueó una ceja, pero la tensión en sus ojos no desapareció. No me creía. Era demasiado inteligente. Pero no podía dejar que se notara. No podía dejarle saber lo que había visto. Aún no.
Sus labios descendieron sobre los míos de nuevo, pero esta vez se sintió diferente. Había una corriente subyacente de algo más oscuro, un cambio sutil en su tacto. Podía sentirlo—la forma en que sus manos se apretaban a mi alrededor, la forma en que sus besos se volvían más insistentes, más exigentes.
Y aún así, el cuerno persistía en mi mente. No podía sacudírmelo.
Pero me negué a creerlo. Él era mi pareja. Era Damon. No podía ser nada más. Entonces…..
Ahí estaba de nuevo.
Esa cosa.
Ese cuerno.
Una única punta afilada se asomaba desde su línea de cabello, justo encima de su sien, casi invisible a menos que la estuvieras buscando.
Mi estómago dio un vuelco, y di un paso tembloroso hacia atrás.
No. Me dije a mí misma que no podía ser. Eran solo las gotas de agua reflejando la luz, las sombras jugándome trucos.
Pero cuanto más miraba, más innegable se volvía.
Sus ojos encontraron los míos, y por un momento, había algo en ellos—un destello de algo antiguo y oscuro. Podía sentirlo, como si su misma presencia se filtrara a través de las grietas en la piel de Damon. Los suaves bordes de su humanidad se deshilachaban por las costuras, y no tenía idea de cuánto de él seguía siendo Damon.
Era imposible.
No. No, no podía permitirme pensar eso. Tenía que confiar en él. Tenía que creer que el hombre que amaba seguía siendo el que estaba frente a mí, incluso con el destello de oscuridad arremolinándose en sus ojos.
Pero ese maldito cuerno.
Aparté la mirada rápidamente, desesperada por no dejar que notara que lo había visto. Mis dedos temblaban mientras me aferraba al borde de la encimera, tratando de estabilizarme.
—¿Qué te está pasando, Damon? —susurré, casi con miedo de preguntar. Las palabras se escaparon de mis labios antes de que pudiera detenerlas.
Su ceño se frunció, y por un momento, vi algo parpadear en su mirada—un borde de algo más oscuro, más afilado. Sus labios se separaron, pero antes de que pudiera responder, inclinó la cabeza como si percibiera el cambio en mi energía.
—¿Qué sucede? —dio un paso hacia mí, su rostro a centímetros del mío nuevamente. La cercanía, el calor de su cuerpo—era sofocante, arrastrándome hacia abajo.
Tragué saliva, luchando por alejar la inquietud que carcomía mis entrañas.
—Yo… yo solo no… nada —confesé.
La sonrisa de Damon regresó, pero era fría, como si supiera algo que yo no.
—Solo estás cansada —murmuró, inclinándose cerca de mi oído—. Ambos lo estamos. Solo necesitas relajarte. —Sus manos subieron por mi espalda, atrayéndome hacia él, y por un momento, me permití derretirme en él, el reconfortante peso de su tacto aliviando mis temores.
Pero algo muy dentro de mí se negaba a dejarlo ir. Había una tensión inquietante en el aire, algo que no podía explicar, pero no quería alejarlo—aún no.
—Damon, yo… —comencé, pero mi voz se quebró al sentirlo de nuevo—el extraño pulso de oscuridad que irradiaba de él. Ya no era solo su tacto. Era él. El núcleo mismo de él estaba cambiando, convirtiéndose en algo diferente.
Y entonces, mientras me inclinaba para besarlo de nuevo, capté otro vistazo.
Un cuerno. Retorcido y afilado, apenas visible bajo su cabello húmedo.
Mi corazón dio un vuelco, y retrocedí rápidamente, mi pulso martillando en mis oídos. Los ojos de Damon se oscurecieron. La sonrisa regresó, lenta y deliberada, curvándose en algo cruel. Depredador. Él sabía.
Sabía que lo había visto.
—¿Elena? —preguntó suavemente, casi burlándose. Su tono era tranquilo, pero sus ojos—esos ojos ardientes, teñidos de escarlata—me observaban como a una presa.
Forcé una débil sonrisa y asentí, mi garganta demasiado tensa para formar palabras.
—Estoy bien —mentí, retrocediendo, el escalofrío del miedo subiendo por mi columna vertebral—. Solo… me siento mareada.
Esta vez no me detuvo. Solo observó, con la cabeza ligeramente inclinada, esa sonrisa indescifrable sin abandonar sus labios mientras agarraba mi bata y me apresuraba hacia la puerta.
El aire detrás de mí crepitaba con algo oscuro y antiguo. No necesitaba mirar atrás para saber que él seguía allí, observando.
Y mientras huía por el pasillo, la imagen se grababa detrás de mis párpados —el destello del cuerno, el parpadeo de rojo en sus ojos, y la silenciosa y aterradora certeza de que lo que estaba parado en ese baño ya no era completamente mi pareja.
Los ojos de Damon se oscurecieron. La sonrisa regresó, lenta y deliberada, curvándose en algo cruel. Depredador.
Es un excelente momento emocional: el instante de revelación de Elena después de la negación. A continuación hay una versión refinada y expandida de tu párrafo, escrita en tu tono y voz, pero pulida para mayor claridad, ritmo y tensión. Mantiene los pensamientos de Elena crudos, suspicaces e íntimos, como si estuviera hablándose directamente a sí misma:
Me había mentido.
Me dijo que eran sus enemigos, tratando de difamarlo —de separarnos. Y le creí. Dioses, quería creerle.
Pero ahora… lo había visto con mis propios ojos.
Ese cuerno. El mismo de la imagen. Tal vez más pequeño, tal vez no completamente formado —pero estaba ahí, oculto bajo su cabello, brillando tenuemente cuando la luz lo iluminaba de cierta manera.
No era una foto editada ni una cruel trampa. No era una ilusión de algún enemigo. Era real.
Mi estómago se retorció dolorosamente mientras trataba de darle sentido. Tal vez era como las garras de un lobo —algo que podía retraer, ocultar cuando quería. Tal vez por eso no lo había notado antes.
Pero eso no lo hacía menos horroroso.
Porque si esa imagen era real… si los cuernos eran reales… entonces todo lo demás en esa foto también podría haber sido real. Las mujeres. La sangre. La oscuridad en sus ojos.
Y de repente, todas sus medias verdades y evasivas tenían sentido —la forma en que me había evitado antes del celo, cómo había dicho que estaba “manteniendo algo bajo control”, cómo su aura había
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