Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 21
- Inicio
- Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda
- Capítulo 21 - 21 Cazando al cazador 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: Cazando al cazador (2) 21: Cazando al cazador (2) Apenas tengo tiempo de agarrar la cabeza del cazador y llevármela a los labios para dar un sorbo de sangre aún tibia… cuando un oso enorme se alza sobre sus patas traseras detrás de mí, rugiendo con tal ferocidad que casi me atraganto con la sangre por la sorpresa.
No es que me asusten los osos, que quede claro; es más bien como cuando estás muy concentrado en algo y tu amigo idiota te salta por la espalda gritando solo para darte un susto.
A ver, ¿por qué iba a temer a una criatura infinitamente más débil que yo?
Probablemente lo atrajeron los gruñidos del perro o el olor a sangre, ¡y ahora este imbécil de oso parece que quiere robarme la presa!
A ver si lo entiendo: ¿yo hago el trabajo sucio y él quiere el botín?
Sí, y una mierda.
Sinceramente, ni siquiera me importa el cuerpo, solo quiero la sangre; ¡por mí que se coma el resto!
Aún sujetando la cabeza del hombre por el pelo, retrocedo unos pasos del resto del cuerpo, haciéndole saber al oso que puede darse un festín si quiere; y eso parece calmarlo un poco.
Quizá toda esa entrada —rugiendo como un maníaco— fue solo para intimidarme, por si acabábamos peleando por la comida.
O quizá solo le estoy dando demasiadas vueltas, atribuyéndole demasiado mérito.
Vaya escena tan absurda, por cierto: yo, sentado en la raíz de un árbol enorme, sorbiendo la sangre del cuello del cazador como si fuera sopa de un cuenco, y a solo unos pasos, un enorme oso pardo dándose un festín con el resto del cuerpo.
Casi parecemos dos viejos colegas cenando juntos, sí, no es exactamente algo que se vea todos los días.
Y, para colmo, al fijarme mejor, me doy cuenta ahora de que su pelaje no es completamente pardo: tiene manchas blancas a lo largo del lomo, con la forma vaga de una calavera estilizada, como las de las banderas piratas.
Muy curioso… ¿será por eso por lo que ese cazador se molestó en salir en plena noche para echarle el guante?
Tengo que admitir, sin embargo, que la llegada de este oso ha sido un verdadero golpe de suerte.
Ha despedazado el cuerpo de ese pobre hombre en trozos tan pequeños que ni siquiera los Cazadores de Monstruos sospecharían que lo ha matado un vampiro.
Bueno, qué le voy a hacer; a veces la suerte se acuerda de que existo.
¡Esta noche de caza ha sido jodidamente fructífera!
¡Lástima que todavía falte una hora para que llegue el tren a Manhattan!
¿Y qué hay mejor después de un buen festín de sangre?
Fácil: ¡una cerveza helada!
Después de limpiarme la sangre de la cara y las manos y tirar la ropa sucia —reemplazándola por la muda de repuesto que siempre llevo conmigo—, me dirijo a la única taberna que sigue abierta en Cold Spring, listo para zamparme una gran jarra de cerveza.
Por suerte, está bastante vacía: solo tres hombres, una mujer y un niño que no tendrá más de cinco años.
—¿Dónde diablos se ha metido Matt?
¡No podemos esperar aquí toda la noche!
—refunfuña uno de los hombres, con un hipo provocado por el exceso de alcohol.
—¡Te digo que ese idiota probablemente se ha perdido!
¡Ese bosque es un laberinto de día, no te digo ya de noche!
Después de pasarse toda la tarde presumiendo de sus habilidades de caza, más le vale no volver sin la piel de ese oso de cráneo blanco… ¡Juro que me burlaré de él hasta el día en que estire la pata!
—añade el otro hombre, igual de borracho o más.
Ah… no te preocupes, no volverá con la piel del oso.
De hecho, no volverá en absoluto.
Pero entonces… el niño tira de la manga de la mujer.
—Mamá, ¿cuándo vuelve papá?
Tengo sueño… Quiero irme a la cama… —se queja, bostezando.
—Papá llegará pronto, no te preocupes —le asegura la mujer—.
Pero si no vuelve en cinco minutos, nos vamos a casa, ¿vale?
—No, Mamá.
¡Quiero a papá…!
¡Quiero a papá!
—llora el niño—.
M-Me prometió que, de camino a casa, me contaría el final de esa historia del lobo y los cerditos, ¡así que lo esperaré antes de irnos a casa!
—No te preocupes, cariño.
Te prometo que es la última vez que ese cabezota se va de caza por la noche.
¡Te juro por el Dios de la Luz que, si no ha vuelto en cinco minutos, mañana le voy a cantar las cuarenta!
—N-No, Mamá, no regañes a papá.
¡Papá es bueno!
Papá va a volver y nos iremos a casa juntos —murmura el niño, todavía sonriendo.
Esa sonrisa me golpea con fuerza por dentro, al saber que el padre de ese niño nunca volverá a casa.
Y todo es por mi culpa.
No.
No puedo soportar esto, es demasiado.
Necesito salir de aquí.
Si ese niño dice una sola palabra más, puede que me derrumbe, engullido por estos malditos sentimientos de culpa.
A veces de verdad que odio ser un vampiro…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com