Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 37
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37: ¿Por qué estoy pensando en ella mientras la señora Fenwick me está dando una mamada?
37: ¿Por qué estoy pensando en ella mientras la señora Fenwick me está dando una mamada?
Es una suerte que el desfile de moda se haya pospuesto tres días por el mal tiempo.
No es que esté en mala forma.
Después de la noche en que esa Cazadora de Monstruos me dio una paliza, mi cuerpo ya había vuelto a la normalidad al amanecer.
Pero mi moral sigue hecha pedazos.
Creía que me había vuelto fuerte.
En cambio, ella me destrozó como si nada.
No sé por qué no me mató —tendría sus razones—, pero la próxima vez puede que no tenga tanta suerte.
Y, sin embargo… Juan dijo que su lacayo, Alex Serghal, consiguió herirla y obligarla a retirarse.
¿Significa eso que Hank y Alex son más fuertes que esa Cazadora de Monstruos?
Y, por lógica, ¿es Juan todavía más poderoso que ellos?
Maldita sea, siento que están todos a un nivel completamente distinto al mío.
Qué frustrante.
Por si fuera poco, parece que Naomi ya se ha olvidado por completo de mí.
Ayer por la mañana, mientras volvía a casa, la vi desayunando en un bar con ese perdedor de Tyler, y ni siquiera me saludó.
De hecho, actuó como si no me conociera de nada.
Y como si eso no fuera suficiente para hundirme el ánimo, Veronica se fue de viaje de negocios y estará fuera dos semanas enteras: un importante curso de formación en la sede de Seiryu Biotech en Ashiya, Japón.
Sí, la misma ciudad donde lo hicimos por primera vez.
En aquel entonces, ella había ido por el mismo motivo y, como yo aún era menor de edad, me había llevado con ella.
Solo lleva fuera un día y ya la echo de menos como un loco.
Pero no solo me inquietan la paliza de la Cazadora de Monstruos, la frialdad de Naomi y la ausencia de Veronica.
No puedo negar que también estoy bastante nervioso por el desfile de Kimberly de esta tarde.
Creo que me ha contagiado su ansiedad por ósmosis, porque en realidad no tengo ningún motivo para estar tenso.
Espero de verdad que le vaya genial, quizá lo bastante bien como para conseguir un contrato con una agencia de modelos.
Es una buena chica, de verdad que se lo merece.
Entonces… ¿por qué estoy pensando en el desfile de Kimberly mientras la señora Fenwick me la está chupando?
Sí, he aprovechado la ausencia de mi madre para darme el capricho de una fantasía que arrastraba desde la última vez que me la follé en su Jeep.
[Estoy preparando café y me quedan dos trozos de tarta, ¿quieres ayudarme a terminarlos?]
Ese es el mensaje que le envié anoche, y esta mañana, al amanecer, el timbre me ha despertado exactamente a las cinco.
Teniendo en cuenta que empieza a trabajar a las nueve… yo diría que había planeado regalarse un largo polvo mañanero para empezar bien el turno.
Cuando abrí la puerta, solo llevaba una camiseta de tirantes y unos bóxers —la misma ropa con la que suelo dormir—, y todavía tenía esa erección mañanera natural que te da justo al despertar.
Algo que, desde luego, no la dejó indiferente, ya que un instante después ella también se desnudó hasta quedarse solo con la ropa interior: un conjunto de encaje negro que dejaba muy poco a la imaginación.
Y ahora aquí estoy, cómodamente sentado en el sofá, perdido en mil pensamientos y preocupaciones, mientras ella se arrodilla delante de mí, masturbándome con sus pechos ligeramente caídos pero increíblemente apetecibles, lamiéndome la polla con avidez.
Un calentamiento digno de ese nombre.
La señora Fenwick sabe usar la boca de verdad, y solo Dios sabe cuántas pollas habrá chupado en su vida para ser tan buena.
Al cabo de un rato, me pregunta si podemos follar, pero de momento ni hablar: la idea de correrme en su boca me excita mucho más.
Y como soy yo quien tiene la sartén por el mango, mientras que ella es la que me necesita desesperadamente, las cosas se hacen a mi manera: sin objeciones, o la enviaré de vuelta a casa todavía cachonda.
Sí, quizá sea una falta de respeto hacia ella, pero ponte en mi lugar.
Estoy corriendo un riesgo enorme al hacerla venir aquí, así que como mínimo espero que el placer merezca la pena.
Es decir, ¿por qué debería follarla normal si Veronica es infinitamente mejor que ella?
No tendría sentido arriesgarse por algo inferior a lo que ya tengo.
Por otro lado, las mamadas de la señora Fenwick son mucho mejores que las de Veronica, algo que hace que el riesgo merezca la pena.
Así que, antes que nada, pretendo que me la chupe hasta correrme en su boca.
Luego, si todavía tengo tiempo y me apetece, me la follaré de la forma tradicional.
Pero eso no significa que no tenga intención de hacer que se corra.
De hecho, tras un pequeño aperitivo, me tumbo en el sofá y ella se sube encima de mí, con mi polla todavía en su boca, mientras su coño bien cuidado y fragante presiona contra mi cara.
Una de las primeras cosas que me enseñó Veronica fue cómo hacer que una mujer se corriera con la lengua; algo que a ella le encantaba, pero que ya casi nunca hacemos, pues era sobre todo un truco para que se corriera cuando yo aún era un inexperto chaval de doce años con una polla muy alejada de su tamaño y aguante actuales.
Aun así, la técnica que me enseñó Veronica sigue grabada a fuego en mi mente: esos movimientos circulares de la lengua para estimular el clítoris hinchado que asoma entre sus labios, mientras mis pulgares descansan en los bordes de su coño, manteniéndolo ligeramente abierto.
Sí, los gemidos de la señora Fenwick confirman que no he perdido mi toque mágico, y pronto caemos en un bucle: dominada por el placer, ella me la chupa cada vez con más fuerza y, movido por el mismo sentimiento, yo empiezo a lamerla con una intensidad y un frenesí crecientes, una y otra vez, hasta que…
Aaah… qué alivio sentir mi semen explotar en su boca, derramándose por las comisuras de sus labios…
Espera… ¡aún no se ha corrido!
Mis ojos se posan instintivamente en el gran reloj que cuelga en el salón.
Solo han pasado doce minutos desde que se la metió en la boca… ¡Ni a los catorce años me corría tan rápido!
¡Qué puta vergüenza!
¿Qué coño me pasa?
¿Es porque es una jodida máquina haciendo mamadas?
¿O es solo la ansiedad y toda la mierda que me pesa?
Solo dos minutos después, la señora Fenwick suelta un último y largo gemido de alivio, y sus jugos se derraman por mi cara.
Maldita sea, solo tenía que aguantar dos minutos más… joder…
No, esto no puede acabar así.
Solo son las cinco y cuarto de la mañana… ¡tengo todo el tiempo que necesito para prepararme para un polvo en condiciones!
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