Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 51
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51: Diálogo sobre los 2 principales sistemas del mundo 51: Diálogo sobre los 2 principales sistemas del mundo —¿Estás segura de que esa historia de que vosotros dos no estáis juntos de verdad, sino que solo fingíais para poder acercarte a mí, es cierta?
Porque, viéndoos ahora, parecéis una pareja que acaba de volver —refunfuña Kimberly.
Bueno, es difícil culparla… Naomi está prácticamente regodeándose, aferrada a mi brazo como un mono a una rama, con una sonrisa radiante pegada a la cara, mientras los tres paseamos por el Parque Central.
Son poco más de las nueve de la mañana y, con Naomi todavía algo aturdida por la hierba y el alcohol, no me parece bien volver al instituto y dejarla sola; mientras que Kimberly no tiene intención de dejarme solo ni un instante.
Ni siquiera cuando, de la nada, Naomi y yo nos ponemos a besuquearnos de vez en cuando sin previo aviso, Kimberly nos deja en paz.
Tenía la esperanza de que hacerla sentir como la que sujeta la vela la empujara a retirarse, al menos un par de horas, pero a estas alturas está claro que es mi sombra; ya es un milagro que no me siga hasta dentro de casa.
—Es todo verdad, Jace y yo solo somos amigos —contesta Naomi con una sonrisa de medio borracha—.
Me pidió que fingiera ser su novia para poder acercarse a ti sin levantar sospechas.
Y bueno, por muy loca que pareciera su idea, diría que funcionó.
Pero ahora tengo curiosidad… ¿cómo fue tu primera vez con él?
¿Te hizo chorrear como una fuente, eh?
Ante esas palabras, la cara de Kimberly se pone de un rojo intenso por la vergüenza, y yo me quedo aún más sorprendido que ella.
Definitivamente, Naomi no es el tipo de persona que suelta cosas así; está claro que el alcohol la ha vuelto mucho más deslenguada de lo habitual.
—¿N-Nuestra primera vez…?
—tartamudea Kimberly, azorada—.
C-Como ya te dijo Jace, nosotros… no estamos juntos y nunca hemos hecho nada de eso…
—Entiendo que no estéis juntos, pero sinceramente no veo cuál es el problema.
Jace y yo tampoco fuimos nunca pareja y, sin embargo, follamos un montón de veces.
¡La vida es demasiado corta para reprimirse con algo tan bueno como el sexo!
Sé que tu religión lo trata como un tabú, pero piénsalo: si de verdad estuviera mal, ¿por qué crees que el Dios de la Luz nos creó así?
El placer que se obtiene del sexo, sobre todo con alguien como Jace, es la alegría más intensa que puede experimentar el cuerpo de una mujer.
¿Por qué iba a estar mal disfrutar de lo que el Dios de la Luz nos permitió sentir?
Si estuviera mal, el sexo sería doloroso, no placentero.
¿Entiendes lo que quiero decir?
Aunque sus palabras son arrastradas y confusas, el razonamiento de Naomi es tan directo y conciso que es imposible de contradecir, incluso para una devota del Dios de la Luz como Kimberly.
Con cada palabra que dice Naomi, Kimberly se pone cada vez más roja; a estas alturas parece de verdad un tomate con una peluca rubia.
—Mi cuerpo es el regalo más preciado que el Dios de la Luz me ha dado, y pienso mantenerlo puro e intacto hasta que encuentre a la persona adecuada… para mí, pero también para mi futuro novio.
¡Ningún hombre estaría feliz sabiendo que su prometida se ha divertido con medio mundo antes de entregarse a él!
—responde Kimberly.
—Oh, como si tener un poco de experiencia fuera a molestarle de verdad a tu hipotético futuro novio; más experiencia significa más placer para tu pareja.
Puedes ser todo lo guapa que quieras, pero si no lo satisfaces como es debido, buscará en otra parte —comenta Naomi.
Dios, esas son las palabras exactas que yo habría dicho.
¿Ahora ves por qué pienso que Naomi es mi contraparte femenina?
—Ah, por cierto, Jace, ¿te gustaría venir a mi casa luego?
Hay alguien a quien de verdad me gustaría que conocieras —añade Naomi.
Sí, claro… la misma excusa de siempre.
Probablemente todavía está un poco incómoda después de la pelea que tuvimos como para invitarme directamente a pasar la mañana follando como en los viejos tiempos, y esta es su forma de admitir que echa de menos mi polla una barbaridad, o quizá simplemente ha evitado ser demasiado directa para no avergonzar a Kimberly aún más.
—Espero que ese «alguien» que quieres que conozca no sea tu nuevo novio… —comento con una sonrisa burlona.
—¡Jace, deja de decir gilipolleces!
—gruñe, dándome un codazo suave en el costado—.
Son parientes míos que se han mudado temporalmente conmigo por… eh, digamos que por problemas familiares.
Llegaron anoche mismo, pero como no hemos estado hablando últimamente, obviamente no podías saberlo.
En realidad, ya lo sabía: se lo dijo a Tyler mientras yo escuchaba a escondidas su llamada desde la puerta del baño.
Pero probablemente sea mejor no decírselo; no quiero parecer un acosador.
—¿Qué te parece si vamos ahora mismo?
Estoy segura de que les encantará conocerte —añade Naomi—.
Y, por supuesto, tú también estás invitada, Kimberly.
Si también ha invitado a Kimberly, entonces quizá lo de los parientes no sea solo una excusa para arrastrarme a su casa y recuperar el tiempo perdido.
O tal vez… ¿quiere involucrar a Kimberly en nuestros jueguecitos eróticos?
Probablemente no pasará, pero si pasa…
En cualquier caso, no importa, ya que Kimberly declina educadamente la invitación sin dar una razón concreta, despachándonos con una excusa vaga, como que tiene algo importante que hacer pronto.
Aunque estoy seguro de que es solo una excusa y que se quedará cerca, lista para abalanzarse sobre mí de nuevo en el momento en que ponga un pie fuera.
Dudo que sospechara que Naomi tenía intenciones indecentes; de lo contrario, dudo que se hubiera mantenido tan tranquila.
En fin… ¡por fin, un respiro!
Y pensar que no hace mucho habría dado un millón de dólares por pasar todos los días con ella, mientras que ahora que no me la puedo quitar de encima ni un segundo… ¡daría un millón solo por volver a ser completos desconocidos!
No, vamos, estoy bromeando.
Kimberly es una chica con un corazón de oro, más guapa que nadie y tan dulce como inteligente.
Digamos que es muy, muy agobiante, pero supongo que se debe a su papel como mi perro guardián.
La casa de Naomi no está lejos de donde estamos y solo tardamos unos minutos a pie en llegar.
Pero en cuanto llegamos, Kimberly se despide apresuradamente y se va, no sin antes lanzarme una silenciosa mirada de advertencia.
—Por un tiempo tendré de verdad un compromiso importante y no podré vigilarte —me susurra al oído tras inclinarse un momento—.
No te atrevas a traicionar la confianza que estoy depositando en ti.
Maldita sea… ¿qué espera exactamente que haga?
¿¡Masacrar a los parientes de Naomi?!
Vamos, ya debería saberlo: soy un buen chico… ¡para ser un vampiro!
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