Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 La prestigiosa Casa Narkhalis
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60: La prestigiosa Casa Narkhalis 60: La prestigiosa Casa Narkhalis «Así que…
eres un vampiro.
¿Quién lo hubiera imaginado?» —murmura Melania, genuinamente sorprendida.
«Bueno, podría decir lo mismo de ti…
Imagina mi reacción al descubrir que la primita de mi mejor amiga es en realidad un demonio…» —respondo, lanzándole una mirada de abierto asco.
Su cara todavía está manchada con restos de mi semilla, que lame de vez en cuando como si se tratara de un bocadillo cualquiera.
«…Ahora entiendo por qué sentí ese impulso incontrolable de follarte en el mismo instante en que te vi.
Quiero decir, no es ningún secreto que los vampiros tienen un encanto irresistible, y tú eres la prueba viviente de ello» —añade con ligereza, claramente divertida.
Caminamos uno al lado del otro por una de las calles principales de Manhattan, como dos viejos amigos que charlan como si nada, de vuelta desde el muelle hacia la casa de Naomi.
Ya me he encargado de avisar a todo el mundo de que hemos encontrado a Melania, haciendo algunos ajustes cuidadosos a la verdad.
Simplemente dije que la encontré en una sala de recreativos subterránea donde los móviles no tienen cobertura y que, absorta en el juego, perdió la noción del tiempo.
Sencillo y creíble…, aunque ya puedo imaginarme la dura regañina que Britney seguro que le va a echar.
Después de que Melania me revelara sus poderes, me aterrorizaba que Alex intentara secuestrarla, pero, por suerte, se marchó poco después; aunque es obvio que ya le ha informado de todo a John Hardley.
Probablemente necesite su aprobación antes de hacer un movimiento.
Sin embargo, antes de irse, Alex admitió que ya sabía que Melania era una súcubo; no es que necesitara que me lo dijera explícitamente, pues ya me había imaginado que estaba al tanto.
Me dijo que se dio cuenta en cuanto mencioné el apellido de Melania.
Narkhalis, de hecho, es la casa real gobernante del reino de Ravessia, en Elyndra.
Y no fue solo el apellido lo que la puso en alerta; al parecer, ese mechón rosa tan característico que le cae sobre el ojo también es una marca distintiva de los súcubos de ese linaje.
Y yo que pensaba que solo era una ridícula moda adolescente.
Por eso Alex aceptó ayudarme tan fácilmente…
y acabé llevándola directamente hasta Melania.
Soy un completo idiota, pero ¿cómo iba a saber que pertenecía a una familia real, sobre todo cuando ni la propia Melania tenía idea?
Cierto…
Melania no sabía absolutamente nada de sus orígenes, y Alex se encargó de explicárselo todo con un detalle insoportable; claramente, solo una forma de impresionarla.
Resumiendo, Melania es la hija de un íncubo del noble linaje Narkhalis, y la tradición dicta que los íncubos son cualquier cosa menos padres modélicos.
Se pasan la vida preñando a cualquier raza capaz de engendrar su descendencia —humanos, súcubos, elfos, etcétera—, y luego desaparecen hasta que el niño cumple trece años.
Llegado ese momento, simplemente reaparecen, reclaman al niño como propio y se lo llevan, aplastando a cualquiera lo bastante necio como para interponerse en su camino.
Según Alex —suponiendo que tenga razón—, los íncubos han desarrollado recientemente una preferencia por las mujeres humanas, y la razón es dolorosamente obvia.
Como los humanos no son precisamente conocidos por su fuerza física, los niños nacidos en la Tierra tienen muchas más posibilidades de sobrevivir hasta los trece años de las que tendrían en un mundo hostil plagado de criaturas mortales como Elyndra.
Realmente han pensado en todo para asegurar un crecimiento constante de la población; está claro que la extinción no es una preocupación para esa raza.
Todo esto me asqueó hasta la médula; nunca en mi vida había oído algo tan retorcido y repugnante.
Melania, por otro lado, no parecía sorprendida en absoluto; si acaso, estaba casi emocionada al saber que su padre no la había abandonado por no ser deseada, sino simplemente porque así era como debían ser las cosas.
«¿Quién más sabe que no eres humana?» —le pregunto.
«Mmmh… Nadie, supongo.
He tenido mucho cuidado de mantenerlo en secreto» —responde con una sonrisa de suficiencia—.
«Mis poderes solo empezaron a manifestarse hace un año, y con ellos, esa necesidad diaria de que me follen como es debido.
Pero, sinceramente…, la gente de mi edad es tan infantil.
Solo piensan en el fútbol o en el monopatín.
Ridículo, ¿verdad?
Me habría acostado con cualquiera, lo digo en serio, hasta con el más pringado de todos ellos, pero nadie parecía interesado en llevarse este caramelito.
Y aunque lo hubieran estado, mirándolo en retrospectiva, ninguno de ellos habría sido ni remotamente capaz de darme el tipo de placer que ansiaba.
Por eso decidí apuntar mucho más alto: si un chico tiene menos de dieciocho, ni me lo planteo.
Los adultos son más espabilados y saben follar como es debido».
«Hablas de ello como si fuera la cosa más normal del mundo…» —murmuro, claramente inquieto por la facilidad descarada con la que trata el tema.
«Bueno, soy una súcubo; para mí, lo es» —responde, encogiéndose de hombros—.
«Está en mi naturaleza buscar constantemente el placer físico, aunque entiendo que pueda parecerle extraño a alguien ajeno a ello.
Mmm… Jace, tú necesitas sangre para sobrevivir, ¿verdad?
Eso no es nada normal para los humanos, pero para ti sí lo es, y no creo que te avergüences de ello.
Para mí es lo mismo con el semen.
No es tan vital para mí como la sangre para ti, obviamente, pero potencia mi poder mágico.
Si dejara de absorberlo, me sentiría aletargada todo el día y mi magia se debilitaría drásticamente.
Por otro lado, cuanto más semen absorbe mi cuerpo, más fuerte me vuelvo; no es casualidad que consiguiera derribarte con una simple liberación de mi energía demoníaca» —concluye con una sonrisa burlona.
Supongo que es más o menos el mismo mecanismo que la sangre para mí.
Ella consume una cantidad diaria de semen mucho mayor que la cantidad de sangre que consumo yo, lo que explica por qué pudo contrarrestar mi ataque con tanta facilidad; la diferencia de poder entre esa chica y yo es significativa, pero se reduce a la pura ingesta.
Así que, si empezara a consumir cantidades masivas de sangre todos los días…, quién sabe.
Aun así, por muy lógico y coherente que sea su razonamiento, no puedo evitar verla como nada más que una niña de doce años obsesionada con las pollas.
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