Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 87
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- Capítulo 87 - 87 Una tarde de cita falsa
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87: Una tarde de cita falsa 87: Una tarde de cita falsa —Mmmh… b-besas tan bien, Jace… casi mejor que cuando follas….
El sonido húmedo de nuestras lenguas al enredarse y nuestros labios al chasquear con cada movimiento llena el aire.
Melania gime y lloriquea como si tuviera la polla enterrada dentro de ella y, sin embargo, solo nos estamos besando.
Todo es gracias a los consejos de la señora Lunsford.
Bueno…, me pidió que hoy la tratara como si fuera mi novia… ¿Y qué hay más típico de una pareja que enrollarse con ganas, a escondidas en un parque mientras se pone el sol?
Aunque, para ser sincero, llevamos besándonos desde que llegamos, y nuestros labios aún no se han separado ni una sola vez.
Ni sexo, ni mamadas, ni nada guarro; solo un beso largo, interminable y romántico apoyados contra una pared.
Y he de admitir que estoy empezando a disfrutar de seguirle el juego con esta farsa, sobre todo al ver con qué entrega se ha metido Melania en el papel de novia cariñosa y perdidamente enamorada.
Nunca pensé que diría algo así de una pervertida como ella y, sin embargo…, ahora mismo está tan condenadamente dulce.
Besarla mientras se pone de puntillas, con los ojos cerrados suavemente y los brazos rodeándome el cuello, me transmite justo las sensaciones que buscaba de una experiencia como esta.
Pero el atardecer está al caer y, con él, el inicio de mi brillante plan para evitar que su verdadero padre se lleve a Melania a rastras a Elyndra, pues vendrá a reclamarla a medianoche.
Quedan poco más de cinco horas.
Por suerte, aún queda algo de tiempo hasta entonces y, sinceramente, este morreo sin descanso que nos traemos desde primera hora de la tarde ha hecho que me entren unas ganas tremendas de estamparla contra la pared y follármela como Dios manda.
Y eso es exactamente lo que hago.
Hasta ahora, he sido yo quien ha estado de espaldas a la pared, pero es hora de intercambiar los papeles.
Mis manos, que han permanecido en sus caderas todo este tiempo, se deslizan hasta su grueso culo, cubierto tan solo por unos finos leggings negros.
Se lo aprieto con fuerza mientras nos doy la vuelta; ahora es ella la que está acorralada.
Y mientras sigo besándola y manoseándola, presiono mi cuerpo cada vez con más fuerza contra el suyo, casi restregándola contra la pared.
Mi dura y hinchada erección empuja bajo los pantalones de mi chándal, golpeteando entre sus muslos.
Es como si llamara a la puerta para pedir permiso para entrar.
Vaya puto caballero estoy hecho.
Una señal clarísima que Melania capta al instante.
Me baja los pantalones y los calzoncillos hasta la mitad del muslo —lo justo para que mi erección se libere de su jaula—, y yo hago lo mismo con sus leggings y sus bragas de color rosa chicle con una pequeña margarita dibujada en el frente.
¿En serio creía que iba a apreciar algo así…?
Venga ya.
En fin.
Será mejor que finja que no me he dado cuenta…
Y por fin…
—Aaaaaaah…
…mi polla se desliza en su coño, ya empapado por las horas de besos.
Pero como estamos de pie y ella es mucho más baja que yo —nos sacamos más de treinta centímetros—, para evitar que su intimidad quede completamente al descubierto, tengo que levantarla en brazos.
Ahora sus pantorrillas descansan sobre mis hombros y la mantengo en alto, sujetándola por debajo del culo y usando la pared que tiene a la espalda para mantener el equilibrio.
Si simplemente se hubiera dado la vuelta y se hubiera inclinado, podría habérmela follado mucho más fácilmente, pero la verdad es que ninguno de los dos tenía la menor intención de terminar aquel beso, y la incomodidad es la única concesión posible.
—J-Jace…, dime que me quieres… aaaaah…, dime que soy la única para ti…
Supongo que esto también forma parte de la farsa, ¿no?
Es el tipo de cosas que se dicen al follar con tu novia y, como hoy ella lo es…, pues no veo nada de malo en añadirle un poco de realismo.
—T-Te quiero, Melania… Te quiero como a nadie en ningún otro mundo… —susurro con calidez.
Ella sonríe con dulzura y me abraza aún más fuerte.
—Yo también, Jace… ¡Yo también te quiero muchísimo!
He de admitir que se me hace muy raro tener este tipo de conversación con ella y, sin embargo…, ¿qué es esta sensación de ligereza y alivio que me inunda desde que me «confesé»?
Joder, supongo que después de pasar horas interpretando el papel de novio atento y perdidamente enamorado, me he metido demasiado en el personaje.
Pero no es solo eso; también está esta inexplicable sensación de vacío, de que algo está incompleto.
Como si faltara una pieza para completar esta estampa romántica.
Y creo que sé exactamente lo que es.
El sol casi se ha ocultado por completo tras el horizonte cuando…
Tras una última y larga embestida de cadera…, mi orgasmo estalla dentro de ella.
Hasta la última gota.
—J-Jace, tú… ¿acabas de correrme dentro…?
—murmura Melania, mirándome con los ojos abiertos como platos por la incredulidad.
—Bueno, es normal.
Al fin y al cabo, eres mi novia.
Para ser sincero, y a pesar de lo tranquila y natural que suena mi respuesta, estoy tan sorprendido como ella.
Melania y yo hemos follado tantas veces que ya he perdido la cuenta y, sin embargo, siempre me había salido de forma natural sacar la polla justo antes de correrme.
Era algo que hacía sin ni siquiera pensarlo.
Pero esta vez no.
Ni siquiera se me pasó por la cabeza retirarme en el último segundo.
Fue como si correrme dentro de ella fuera lo más natural del mundo.
Y, puesto que solo lo hago con las mujeres a las que quiero…, sí, sin duda me he metido demasiado en el papel de novio enamorado.
—T-Todavía faltaría un polvo más para llegar a tres, como acordamos… —balbucea Melania, visiblemente conmocionada.
Sus piernas tiemblan mientras mi semen gotea de su coño, manchando sus leggings y esas monas bragas rosas.
—P-Pero, como te has corrido dentro…, digamos que este cuenta por dos…
Un buen festín de deliciosa sangre de súcubo es justo lo que necesitamos para rematar esta cita de la mejor forma posible.
Después de arreglarse la ropa, Melania se levanta la camiseta hasta el cuello y, a continuación, el sujetador, y sus enormes y preciosas tetas inundan mi campo de visión.
—S-Sírvete, Jace…, bebe cuanto quieras… —me invita, con la voz aún temblorosa.
Por supuesto, a Melania no hace falta que me lo diga dos veces.
Le agarro un pecho con ambas manos, hambriento e impaciente.
Mis colmillos se alargan, se afilan y se hunden en su blanda carne.
Pero apenas me da tiempo a mancharme el paladar con su exquisita sangre cuando…
—¡Vosotros dos, quietos ahí donde estáis!
¡Como mováis un solo músculo, será peor para vosotros!
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