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Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 93

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  3. Capítulo 93 - 93 La noticia que me cambiará la vida para siempre 2
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93: La noticia que me cambiará la vida para siempre (2) 93: La noticia que me cambiará la vida para siempre (2) —Jacey… Estoy embarazada de nuestro hijo —murmura con una sonrisa radiante, tomando mi mano y presionándola contra su vientre.

Le brotan lágrimas de alegría de los ojos como ríos, y su mirada brilla de felicidad.

—N-Nuestro hijo… —repito débilmente, con la voz temblorosa.

Veronica… ¿De verdad lleva a mi hijo en su vientre?

¿Es eso posible?

Soy un vampiro, ella es humana… Nunca había imaginado que nuestras dos especies pudieran concebir.

Debería preguntarle a alguien que pudiera confirmarlo con certeza, y por desgracia solo se me ocurre Juan… aunque la idea de su respuesta me aterroriza.

Si la respuesta fuera que no… significaría que el bebé no es mío.

Y si ese fuera el caso… ¿qué debería hacer?

¿Fingir que no sé que está embarazada del hijo de otro hombre?

¿Pedir una prueba de ADN?

Veronica no se lo tomaría bien.

Pero no puedo criar a un niño a sabiendas de que no es mío…
Criar a un niño…
Si no fuera mío, me jodería.

¿Pero y si lo fuera…?

Joder, solo tengo dieciocho años… ¿De verdad estoy preparado para ser padre?

Qué situación tan jodida… Y, sin embargo, Veronica siempre ha tomado anticonceptivos; aunque nunca le presté mucha atención, convencido de que un hijo entre una humana y un vampiro era imposible.

—Jacey… por favor, di algo… —solloza.

Me abraza más fuerte, mientras la alegría de su rostro se desvanece lentamente, probablemente asustada por mi silencio.

Sus lágrimas ya no son de felicidad.

¿Qué se supone que le diga?

Ni yo mismo lo sé.

Pero desde luego no puedo quedarme callado…
—Creía que tomabas anticonceptivos… —murmuro, intentando mantener la calma—.

En fin… ¿de cuánto estás?

—Sí, los tomaba, y seguí tomándolos hasta que descubrí que estaba embarazada… —Se aferra a mí con más fuerza, como si temiera que pudiera abandonarla, huir y dejarla sola—.

Todo empezó mi primer día en Ashiya… Esa noche tuvimos una cena de trabajo en un restaurante japonés.

Comí sushi y, a mitad de la velada, empecé a encontrarme mal.

Me dieron náuseas y vómitos, y en seguida pensé que era una intoxicación alimentaria.

Pero cuando me llevaron al hospital y me hicieron las pruebas… resultó que estaba embarazada de tres semanas.

Ya sabes, los anticonceptivos son eficaces, pero no infalibles, y es curioso que lo diga yo, que usaba precisamente los que producimos en Seiryu Biotech.

Supongo que tendré que convocar una reunión extraordinaria con los investigadores para expresar mis dudas sobre la eficacia de nuestros fármacos… —Veronica esboza una leve sonrisa—.

Bromas aparte, además de los médicos que me examinaron, a quienes les pedí confidencialidad absoluta, eres el único que lo sabe.

Sé que todavía eres joven y que lo último que querrías ahora mismo es ser padre, así que entendería que me dijeras que no te sientes preparado.

Haré lo que me pidas, incluso renunciar al bebé, pero, por favor, Jacey… di algo…
Ahora Veronica es un mar de lágrimas, tanto que me cuesta entender sus palabras a pesar de que se esfuerza por pronunciarlas.

Y verla así… la verdad es que me rompe el corazón.

Estaba feliz cuando me lo dijo, probablemente esperaba una reacción diferente por mi parte…
—¿Tú… quieres ser madre?

Me refiero a madre de un hijo de tu sangre, no adoptado —le pregunto.

Sacude la cabeza frenéticamente, tanto que las lágrimas le salpican por todas partes.

—¡Eso no importa!

¡Yo… yo solo quiero ser feliz contigo, Jacey!

¡Tu felicidad es mi felicidad!

—Eso no es lo que te he preguntado —respondo con firmeza.

Veronica asiente levemente.

—Mentiría si dijera que no… —solloza, recuperando un poco la calma—.

Por mi trabajo, nunca tuve tiempo ni la oportunidad de estar con hombres; ni siquiera tenía vida privada fuera del trabajo, y mucho menos encontrar al amor de mi vida.

Y, sin embargo, en el fondo siempre quise ser madre.

Por eso te adopté.

Pero ahora… ahora tú eres mi único amor.

Me siento preparada para ser madre por fin, para dar a luz a la sangre de mi sangre —la sangre de nuestra sangre—, concebido con el único hombre que he amado y amaré jamás.

Por eso dije que lo que yo quiero no importa, porque si solo dependiera de mí, no dudaría ni un instante en traer a este bebé al mundo.

Pero no soy tan egoísta como para ignorar tus sentimientos…
Después de oírla sincerarse así —más de lo que nunca lo había hecho—, sería un auténtico cabrón si le pidiera que renunciara a la que podría ser su última oportunidad de ser madre, habiendo pasado ya los cuarenta.

Ella dice que su felicidad es mi felicidad, pero a mí me pasa lo mismo.

Y verla feliz es lo único que de verdad importa.

Desde el día en que me adoptó, siempre ha trabajado hasta la extenuación, haciendo sacrificios interminables, con horarios brutales, renunciando a su vida fuera del trabajo solo para asegurarse de que nunca me faltara de nada.

Y ahora es mi turno.

Es mi turno de hacer todo lo posible para convertirla en la mujer más feliz del mundo.

Y, además, estoy seguro de que pronto me acostumbraré a tener a un pequeño mocoso correteando por la casa.

Cubro sus manos con las mías y la miro directamente a los ojos.

—Veronica, quiero que me prometas una cosa.

Se seca las mejillas y asiente rápidamente.

—Prométeme… que te tomarás un largo descanso del trabajo y que criaremos a este niño juntos.

No quiero niñeras en casa.

—J-Jacey… —Las lágrimas vuelven a brotar, de nuevo lágrimas de felicidad.

Se lanza a mis brazos y me abraza con todas sus fuerzas—.

Lo prometo, Jacey.

Lo prometo.

De hecho, haré más: dimitiré.

Con los ahorros de casi veinte años de carrera y el finiquito, podremos vivir a todo lujo el resto de nuestras vidas.

¡No quiero perderme ni un solo momento del crecimiento de nuestro hijo!

Estoy deseando amamantarlo, cambiarle los pañales sucios y cantarle nanas para que se duerma.

Prepararé un montón de papillas nutritivas y, cuando sea un poco más mayor, le leeré libros y dibujaré con él.

He deseado tanto todo esto, Jacey, que ni te lo imaginas.

Y saber que estarás a mi lado me convierte en la mujer más feliz del mundo.

Estoy segura de que serás un padre maravilloso.

Un padre atento y cariñoso, el mejor padre que ha existido jamás.

Seremos una familia, Jacey.

¡La familia más bonita del mundo!

Al escuchar sus palabras, no puedo evitar sonreír con ternura.

Son sinceras y le salen directas del corazón.

Es obvio que Veronica desea ser madre más que ninguna otra cosa en el mundo.

Y yo siempre permaneceré a su lado.

Sé lo que significa crecer sin padres y nunca permitiría, por ninguna razón, que la sangre de mi sangre pasara por el mismo infierno.

Siempre estaré junto a ellos y haré todo lo posible por ser un hombre y un padre del que Veronica y mi hijo puedan estar orgullosos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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