Los sucios asuntos de un vampiro y su madrastra cachonda - Capítulo 95
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95: Tanto tiempo sin verte 95: Tanto tiempo sin verte He dejado atrás a Melania hace un momento y, sin embargo, sus sollozos ahogados siguen resonando en mi cabeza.
Verla llorar, suplicarme hasta derrumbarse de esa manera, me ha afectado de verdad.
Jamás habría pensado que sintiera algo así por mí.
Por otro lado, tampoco es que me diera nunca un motivo para darme cuenta.
Me ha tratado de la misma manera desde el día que nos conocimos.
Y, sinceramente, con lo celoso que soy, lo nuestro nunca podría funcionar.
Viviría en una paranoia constante, pensando que, en cuanto me diera la vuelta, se abriría de piernas para el primer tío que pasara; algo que Veronica nunca ha hecho ni haría jamás.
«¡No volveré a estar con nadie más, lo juro por mi vida!
¡Te quiero, Jace!», había dicho.
Sus palabras no dejan de resonar en mi cráneo.
¿Qué sabrá ella del amor?
Solo tiene trece años.
A esa edad, las chicas le juran amor eterno a un chico diferente cada día.
Y, sin embargo… ¿por qué sigo pensando en ello?
¿Por qué me repito a mí mismo que solo quiero a Veronica y que estaré a su lado para siempre, intentando convencerme de que Melania no me importa en absoluto?
Joder… qué coñazo.
—¿Me voy por menos de un mes y cuando vuelvo de repente eres padre, con un reguero de corazones rotos a tus espaldas?
De verdad que no se te puede dejar solo ni un segundo, ¿eh?
Una juguetona voz femenina me llega desde atrás.
Una voz familiar.
Demasiado familiar.
Una que, sinceramente, nunca pensé que volvería a oír.
Kimberly Almiris.
Me doy la vuelta de golpe.
Está tan en forma como siempre y tan guapa como la recordaba, con su chándal de siempre.
No voy a fingir que no me alegro de verla después de tanto tiempo, pero sigue siendo una Cazadora de Monstruos, así que sería raro que lo demostrara abiertamente.
—¿Cómo sabes todo eso?
¿No me digas que has vuelto a espiarme incluso antes de decirme que habías regresado?
—le suelto, fingiendo estar molesto.
—Pues claro.
Soy tu sombra, ¿recuerdas?
—sonríe—.
¡Te di un mes de libertad confiando en ti, pero ahora he vuelto y tengo más ganas que nunca de vigilarte veinticuatro siete!
—Soy el vampiro más afortunado del mundo… —murmuro con una sonrisa sarcástica, pero se desvanece al instante cuando su expresión se vuelve completamente seria.
—Jace, tenemos que hablar.
Ahora.
¿Y qué demonios pasa ahora?
¿Aparece de la nada después de un mes y me habla como una madre enfadada a punto de echarle la bronca a su hijo?
Esto me da mala espina…
—Claro.
Dime —respondo, intentando parecer tranquilo y relajado.
A ver, tengo la conciencia tranquila, ¿no?
¡No, joder!
¡No!
Maté a un Cazador de Monstruos, un colega suyo, y quién sabe… ¡quizá incluso a alguien que le importaba a Kimberly… quizá hasta a su padre!
Si de verdad descubre que estoy detrás de la muerte de ese hombre… estoy acabado.
No me queda más remedio que actuar con normalidad y esperar que lo que tenga que decirme no sea sobre eso.
—Este no es el lugar adecuado para lo que tengo que decirte.
Hablaremos en mi casa.
Mis padres aún no han vuelto; regresé dos días antes, así que no te preocupes.
Tenemos toda la casa para nosotros —dice con voz neutra.
Ese no es el tono de una chica que invita a su novio a casa mientras sus padres no están.
Lo que sea que quiera decirme, tiene que ser algo muy serio.
Y eso no hace más que aumentar mi tensión.
De todos modos, ha hablado de sus padres como si nada, así que al menos ese Cazador de Monstruos no era su padre.
O tal vez… ¿me ha invitado para matarme lejos de miradas indiscretas?
¿Podría ser una ejecución?
—No voy a hacerte daño.
Solo quiero hablar —insiste —debe de haber notado mi vacilación y la expresión nerviosa de mi cara—.
Solo tardaremos media hora, no más.
Luego te dejaré volver a casa sano y salvo, lo prometo.
—De acuerdo, te seguiré —digo, pero ella niega con la cabeza.
—Iremos por caminos distintos.
Nunca se es demasiado precavido.
¿Recuerdas dónde vivo?
Asiento con la cabeza.
—Bien.
Tú sigue por ahí; yo cogeré una calle paralela.
Nos vemos en mi casa.
Sin darme tiempo a responder, se aleja a paso rápido, oteando la zona con total discreción y dejándome sumido en la confusión.
Su casa está a unos treinta minutos a pie desde aquí, pero gracias a mi capacidad atlética sobrehumana, llego en menos de diez.
Podría haberlo hecho en la mitad de tiempo si me hubiera esforzado de verdad, pero ver a un tío corriendo más rápido que un coche habría parecido un poco sospechoso.
Miro a mi alrededor: ni rastro de ella, ni a la izquierda ni a la derecha de la larga calle donde se alza su edificio.
Sí, predecible.
Quizá debería haber ido más despacio; ahora probablemente tendré que esperar quién sabe cuánto hasta que aparezca.
Pero entonces…
—Sube.
Te estoy esperando.
La voz de Kimberly llega a través del interfono.
¿En serio?
¿Ha llegado antes que yo e incluso ha tenido tiempo de subir?
Vale, es una Cazadora de Monstruos, ¡pero sigue siendo humana!
No esperaba que fuera tan rápida además de increíblemente fuerte.
Menos mal que ya no es mi enemiga, aunque con el progreso que he hecho estas últimas semanas quizá podría plantarle cara.
Sí, quizá… pero prefiero no probar esa teoría en mis propias carnes.
Subo corriendo los doce pisos hasta su apartamento, saltando como un gato de descansillo en descansillo sin ni siquiera tocar los escalones.
La puerta está entreabierta; se abre del todo en cuanto la rozo.
—Cierra con llave, entra y date prisa.
Llevo mucho tiempo esperándote —ordena Kimberly.
¿Mucho tiempo?
¿Qué es, un misil?
Supervelocidad, fuerza absurda… ¿y ahora también oído mejorado?
En serio, ¿es humana o un vampiro?
A estas alturas ya empiezo a dudarlo.
Las llaves ya están en la cerradura; les doy dos vueltas y me aseguro de que la puerta esté bien cerrada.
Moviéndome en silencio, sigo la luz que proviene de la única habitación encendida del apartamento: su dormitorio.
De todos los sitios para hablar… ¿el dormitorio?
Podríamos haber hablado perfectamente en el sofá del salón, o incluso en la mesa de la cocina.
Entonces, ¿por qué ahí?
A menos que… ¿ese mes lejos de mí le haya dado el valor para dar el gran paso?
Maldita sea, ¿por qué a todas les da por confesarse ahora?
Parece que han hecho un pacto para esperar a que yo ya no esté disponible antes de intentar nada.
¡Es una conspiración!
Llego al umbral de su dormitorio y…
Oh, Dios…
Me quedo paralizado en el umbral durante lo que parece una eternidad.
Mis ojos se clavan en ella; no puedo apartarlos.
Algo grande y duro empieza a palpitar bajo mis pantalones, demasiado finos para ocultarlo como es debido.
No, ¡maldita sea!
¡Tengo que controlarme!
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