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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 10

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10: Capitulo 9 10: Capitulo 9 Pasó un tiempo más, hasta que llegó la Navidad.

Ensimismado en mis estudios, buscando información, escuché a mi madre Lysandra conversando con mi padre Elion en la sala.

—Me encontré con Emilie Hayate en mi caminata del parque.

—¿La antigua vecina?

—Sí, ella.

Ya pasó el susto de su esposo.

Me contó varias cosas, parecía preocupada.

—¿Aún sigue mal su esposo?

—No, para nada.

Pues mejoró muy rápido desde el susto de desmayarse, solo necesitaba un muy buen descanso, se había excedido con el trabajo.

—¿Entonces?

—Pues, la vi más preocupada por su trabajo, está cuidando a un hombre que había perdido a su esposa hace bastante tiempo por una enfermedad peligrosa que no tenía cura y ahora él cayó gravemente enfermo, solo tiene un hijo.

El único que prácticamente podía cuidarlo.

Mientras me contaba eso, hasta a mí me angustió un poco la situación.

Aunque escuché esa dolorosa historia con cierta distancia, nunca la olvidé.

Algo en ella me llamó la atención, resonaba con temas que tocábamos en mis estudios de medicina.

Sentí la necesidad de investigar esa enfermedad, de entenderla a fondo.

Salte de mi silla y me acerqué …

—Madre, te conto cómo se llama la enfermedad.

—Así que estabas escuchando.

¿No te enseñé hace años que no debes escuchar a escondidas?

—No lo hacía, tu voz se escucha hasta el patio— aks..

como siempre tarde para medir lo que dije, ¿me voy o no?

—ahhh por favor, un día de estos te cortaré la lengua.

Si me lo dijo…—Agarrándose de la frente.

Rápidamente lo anoté…

Por fin encontré mi tesis y el tema a desarrollar.

Tengo que buscar más información …

Tras terminar los años de estudio, ya llevaba el avance de mi tesis y ya llevaba 2 años de práctica en uno de los hospitales principales de la ciudad.

Era una noche tranquila jeje …

Sabía que nunca hay que decir en la sala de urgencias que todo está tranquilo…

Pero esa noche todo cambió.

Se reportó la llegada de una ambulancia con un paciente en estado crítico.

Habían dicho que se trataba de un joven que había colapsado por agotamiento extremo y presentaba serias complicaciones metabólicas.

Una alarma interna creció en mi pecho; algo me decía que yo debía estar allí.

Cuando la camilla entró con los paramédicos, estaban en proceso de reanimación ya que se había parado su corazón por unos segundos.

Me quedé paralizado por un instante.

Sentí que me faltaba el aire.

Un frío helado recorrió mi columna.

Mis manos temblaban.

Aquel cabello, aquel rostro pálido, eran inexplicablemente familiares.

—¡Doctor!

¡Doctor!

— la voz de una enfermera me sacó del trance… Solté el aire que contenía y corrí hacia él.

Exhalé con fuerza y lancé órdenes firmes, aunque mi voz traicionaba un temblor contenido: —Prepárenlo para estabilización, administra líquidos intravenosos con solución salina a 0.9% y controla la presión arterial cada cinco minutos.

Quiero análisis metabólicos rápidos y un electrocardiograma urgente.

Corría tras la camilla intentando enfocar cada pensamiento, cada instrucción con precisión, aunque emociones encontradas golpeaban mi mente.

La enfermera, asustada pero eficaz, me seguía sin perder el ritmo.

—Avise a neurología y a cuidados intensivos.

Este paciente queda bajo mi supervisión directa, súbanlo inmediatamente —ordené sin dudar.

Mientras avanzábamos por el hospital, sentí el peso de la responsabilidad estallar en mi pecho.

No era un paciente más.

Era alguien que, sin saberlo, había cambiado mi vida.

Mi corazón latía con fuerza, acompasado por el ruido de mis propios pasos.

Trataba de controlar el torbellino de emociones que me invadía.

Miré el rostro sobre la camilla.

La incertidumbre me aplastaba, pero no podía ceder.

Mientras miraba ese frágil cuerpo tendido en la camilla, las preguntas se agolpaban una tras otra… —¿Cómo?

—me repetía a mí mismo, apretando mi mano en un puño para contener todo mi cuerpo—.

¿Cómo pudimos encontrarnos de esta manera?

Jamás podría haber imaginado que te volvería a ver así.

Un punzante dolor comenzó en mi cabeza, una mezcla de incertidumbre y angustia.

—¿Cómo llegaste a este punto?

¿Podría mi cuidado realmente hacer alguna diferencia?

¿Y si pasó demasiado tiempo?

¿Realmente puedo hacer algo?

¿Y si he llegado tarde?

¿Y si, aquella última vez que te vi de payaso en la calle hubiera bajado del auto en ese momento para cercarme a ti, si solo hubiera hecho algo sería diferente?

Pero esa duda viscosa y asfixiante lentamente se transformó en determinación.

Me obligué a mantener la mente fría y enfocada.

Aquí y ahora, solo importaba qué podía hacer por ti, en cómo podría darte el mejor cuidado posible.

Apreté la mano del joven cuando finalmente la camilla se detuvo.

—Esta vez no te escaparás de mi vista…

lo prometo — prometí en voz alta, como si pusiera mi propia vida en ello.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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