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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 14

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14: Capitulo 13 14: Capitulo 13 Emilie, con sentimientos encontrados, mencionó: —Es difícil.

El padre reconoce al hijo y, en ocasiones, pareciera esperar su presencia como un ancla vital.

Pero muchas veces la frustración es palpable en ambos; el miedo, la impotencia y el peso de la enfermedad a veces oscurecen esos momentos.

Sin embargo, el vínculo sigue vivo —dijo con sinceridad.​ Asentí, consciente de que mi responsabilidad también era cuidar de ese lazo, algo que ahora debía nutrir y proteger.

Buscaba entender no solo el estado físico y mental de su padre, sino también la historia que lo unía a Lucien y lo que había podido desencadenar aquel colapso.​ —¿Hace cuánto tiempo conoce a Lucien?

—pregunté con interés, esperando que Emilie pudiera darme un panorama más amplio.​ —Desde que era joven, creo que tendría unos diecinueve años —respondió Emilie con voz suave—.

He sido testigo de su vida en el territorio y me duele saber lo que les ha tocado vivir —añadió.​ —¿Qué sabe sobre su vida actual?

¿Cómo se sostiene económicamente?

¿Tiene trabajo estable?

—insistí.​ —Desde que murió su madre, él ha cuidado de sí mismo y de su padre; es un joven muy trabajador, pero tuvo que cargar con todo desde muy pequeño —comentó Emilie—.

Desde adolescente consiguió trabajos temporales, como repartidor o ayudante en tiendas pequeñas, restaurantes… cualquier cosa para mantenerse sin depender de otros —explicó.​ —¿Sabía que estaba enfermo?

—pregunté con cuidado—.

¿Algo en su historia pudo haber provocado este colapso?.​ Emilie asintió con tristeza: —Últimamente las cosas no iban bien.

Lucien había estado soportando el peso de la enfermedad de su padre; la ausencia de su madre es una carga que lleva en secreto desde hace mucho tiempo y, además, luchaba contra sus propias dolencias físicas y emocionales.

Parecía fuerte, pero las presiones acumuladas y la falta de descanso fueron determinantes —dijo.​ —¿Había buscado atención médica antes?

¿O alguna situación estresante cercana al hecho?

—seguí preguntando.​ —La atención médica fue irregular.

Lucien no era de acudir al médico fácilmente; prefería enfrentar solo sus problemas.

Sin embargo, hacía poco comenzó a mostrar fatiga severa, pérdida de peso y episodios de desmayos leves, aunque no contó a nadie lo grave que estaba.

Además, hubo una discusión con alguien especial para él, que le afectó bastante, pero no puedo dar detalles —explicó Emilie.​ Medité sobre esas palabras con creciente preocupación.

El colapso de Lucien no había sido repentino ni accidental, sino el resultado de una tormenta interior que nadie había logrado detener a tiempo.​ —Gracias, Emilie.

Esto me ayuda mucho —dije con gratitud, sabiendo que para ayudar a Lucien necesitaba comprender su historia completa, no solo sus síntomas.​ Aquella información era la base para pensar no solo en la recuperación física, sino también en el cuidado integral que Lucien necesitaría, así como en el apoyo fundamental a su padre, que también enfrentaba su propia batalla.​ —Si no es mucho pedir, ahora sí aceptaré ese té —añadí, dejando atrás momentáneamente la seriedad de las preguntas, pero sin perder la atención.​ Emilie asintió con gusto, entendiendo que ese pequeño acto podía darme un respiro y un poco de calidez.

Salí de la habitación y me dirigí a la sala a esperar el té.​ Al entrar, pude recorrer la sala; había fotos de una hermosa familia formada.

Vi la imagen que tenía del pequeño Lucien y recordé nuevamente el rostro sonriente de su madre.

A su padre no pude reconocerlo de inmediato, porque su estado actual contrastaba muchísimo con la foto que veía, aunque algo en él me resultaba familiar; no podría decir dónde lo había visto.​ Cuando Emilie llegó con la taza, le pregunté: —Disculpe mi tardanza en preguntar, pero ¿cómo se llama el padre de Lucien?

—inquirí.​ —Se llama Kael —respondió.​ —Oh… Kael Veylin —dije, siguiendo el impulso del apellido de Lucien.​ —No, no.

Lucien lleva el apellido de su madre, Veylin.

El apellido del señor Kael es Fenris.

La verdad no conozco los detalles.

Tampoco podía tomarme atribuciones de preguntar, pues era un apellido que no podía nombrarse en la casa, aun cuando el señor Kael lo portaba —aclaró Emilie.​ Mientras tomaba un sorbo de té, me tomé un momento para pensar en lo que iba a contarle.

Con voz baja y serena, dije:​ —Señora Emilie, yo soy el doctor que recibió a Lucien en el hospital, cuando llegó a urgencias en estado crítico.

Sabía, de una forma u otra, que debía hacerlo mi responsabilidad… —continué describiendo en términos generales cómo se encontraba Lucien, su estado delicado y la lucha que seguiría para estabilizarlo.​ Al escuchar esas palabras, Emilie no pudo evitar derramar lágrimas que mezclaban tristeza y, al mismo tiempo, un leve consuelo por saber que alguien más estaba al tanto de aquella realidad.

Entre sollozos, pronunció una frase sencilla, casi cliché, pero cargada de verdad:​ —Realmente estoy agradecida y un poco más tranquila de saber que usted cuida de él… ¡Qué pequeño es el mundo…!

—dijo.​ —Sí, es cierto —sonreí por dentro, invadido por imágenes del pasado—.

También, señora Emilie, me gustaría que pudiera pasar a visitar a Lucien cuando lo estime.

Creo que escuchar voces conocidas también aportará un granito de arena para su recuperación.

Si tiene inconvenientes, mencione mi nombre; le daré mi tarjeta con mi número de teléfono, avíseme cuando vaya y así daré aviso para el permiso de entrada —propuse.​ —Sí, le anotaré mi número de teléfono también —respondió.​ —Volveré en un par de días con una guía de medicamentos y cuidados específicos que deben implementarse para mejorar la situación.

Y, de ahora en más, es necesario que alguien más esté con Kael todo el tiempo —dije, y en mi mente me reproché—.

Yo y mi boca sin filtro… tendré que cortarme la lengua; debo mejorar cómo decir las cosas.

Perdón si suena como una orden, pero en vista de la situación de Lucien y de su padre, hay que reforzar algunas cosas —añadí, rectificando el tono.​ —No se preocupe, sé que esto es para mejor —respondió Emilie con calma.​ —¿Sabe de algún enfermero o enfermera responsable que pueda apoyarla para cubrirla cuando no esté?

Si no es posible, déjemelo saber por mensaje —pregunté.​ Emilie negó con la cabeza, pero su sonrisa transmitía fuerza y compromiso.​ —No se preocupe —dijo—.

Yo veo a Lucien como si fuera uno de mis propios hijos.

Me encargaré de todo lo de la casa y de lo que requieran.

Buscaré también una persona responsable que me ayude —aseguró.​ Luego me contó que muchos vecinos estaban colaborando y que, aunque parezca difícil de creer, Lucien se había ganado el cariño del sector.

Siempre había estado dispuesto a ayudar en todo lo que podía, y ese corazón abierto era la razón por la que ahora numerosos vecinos dejaban su granito de arena, ya sea con comida o cuidando de Kael en la casa; una ayuda que no era poca ni insignificante.​ —Lucien es un joven orgulloso; tuvo que aprender a hacer todo solo.

Casi nunca pedía ayuda, pero todos los que lo conocemos estamos pendientes de él.

Es un joven muy bueno y luchador —remarcó.​ Sentí una mezcla de respeto y esperanza al escuchar sobre aquella red de apoyo alrededor de Lucien y su padre, consciente de que esa comunidad sería vital para el futuro que ambos enfrentaban.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Celena14_ Muchas gracias por llegar asta aqui.⸜( ˃ ᵕ ˂ )⸝

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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