Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 15
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15: CAPITULO 14 15: CAPITULO 14 Emilie añadió con una sonrisa suave, casi como un secreto compartido: —Aunque Lucien rechazaba ayuda, todos le dábamos un poquito de ayuda a escondidas —esas palabras me tranquilizaron un poco. Le entregué mi tarjeta y le aseguré que podía llamarme sin importar la hora, y Emilie se comprometió a mantenerme informado. En el viaje de regreso a casa, pensaba en el apellido Fenris; sabía que no era nada prometedor que ese apellido saliera a la luz, pero lo único que podía hacer era ocuparme de Lucien y buscar información. Al llegar, ya tenían la cena lista; mi madre era un manojo de preguntas, podía notarlo con solo verla. —Madre, me refrescaré con una ducha y luego comemos —anuncié. Desde la sala, mi padre negó con la cabeza, con esa resignación cariñosa hacia la esposa que ama. Al sentarme, mi madre comenzó a servir la comida y, entonces, llegó el momento inevitable: —¿Cómo te fue, hijo?
Me asusté porque saliste casi corriendo.
Quería llamarte, pero tu padre no me dejó —reclamó con preocupación. —No pasó nada grave.
Solo que el paciente que cuida la señora Emilie es justamente el padre del joven en estado crítico que llegó a mi turno… y del que no pude despegarme por su estado —expliqué. Mi madre se quedó asombrada por la coincidencia, pero aún no entendía por qué había salido casi pálido de la casa. —La verdad es que, madre, tú también conoces a ese joven —añadí. —¿Cómo?
¿De verdad?… —sus ojos se abrieron de par en par. Mi padre, que hasta entonces solo escuchaba mientras comía, levantó la mirada para poner más atención a lo que decía. —Sí.
Deberías recordarlo.
Yo tenía seis años, y fue en esa ocasión en que me llevaste al supermercado y te pedí que compraras unos dulces para regalar —continué. —Oh, por Dios… sí lo recuerdo.
Porque fue la única vez que me pediste dulces —respondió mi madre, sorprendida por el recuerdo. —Pues ese pequeño niño, ya adulto, fue quien llegó a urgencias.
Lo reconocí por su color de cabello particular —dije. —Oh, por Dios… el mundo es un pañuelo —murmuró ella. —Sí, también me sorprendí —admití, y, mirando a mi padre con cautela, pregunté—: Padre, ¿sabes del apellido Fenris?. Mi padre quedó congelado, como si hubiera pronunciado algo que no debía.
Miró a mi madre, que bajó la mirada y empezó a comer en silencio. —¿Por qué preguntas por ese apellido, hijo?
Nunca te ha interesado nada concerniente a las familias de estatus —respondió con cautela. Parecía un apellido demasiado alto para que reaccionaran de esa manera.
¿Será que…?
—Lucien es hijo de Kael Fenris —dije al fin. Mi madre escupió lo que tenía en la boca y salió casi saltando de la silla para tomar agua en la cocina; a mi parecer, quería salir corriendo de allí. —Pero no lleva el apellido de él, sino el de la madre —añadí, completando la información. —Wow… no escuchaba ese nombre hace muchísimo tiempo.
Te mostraré algo, dame un momento —dijo mi padre al levantarse. A los pocos minutos volvió de la biblioteca con dos libros.
Primero abrió un volumen de árboles genealógicos de familias antiguas. —Mira, este es el árbol de las familias del apellido Fenris; es un legado poderoso y fuertemente atado al rey.
¿Encuentras a Kael aquí?
—preguntó. —Sí, aquí —señalé—.
Dice que es un poderoso guerrero de la legión del emperador, le fue dado el título de “Guardián”.
Nombrado primer General de Brigada del Imperio.
Tiene un largo historial de victorias —leí en voz alta. —Este libro fue hecho hace unos veinticinco años y solo queda este actualmente.
Y quiero que no menciones a nadie este libro.
Solo se publicaron pocos, pero los demás fueron destruidos.
No es contra la ley tenerlo, pero este libro forma parte de una evidencia.
Así que no menciones lo que acabas de ver —advirtió con seriedad. —Está bien… pero eso me hace tener demasiadas preguntas más —admití. —Te lo contaré, pero por ahora quiero que veas este otro libro.
También es de árboles genealógicos —dijo, abriendo el segundo volumen. —Aquí no está mencionado nada de lo que decía el libro anterior.
Solo aparece su nombre —observé. —Esta es la historia —explicó—.
Él decidió casarse con alguien sin título ni renombre, lo que fue una deshonra para el apellido, así que poco a poco lo despojaron de todo, con excusas ante la sociedad y ante el emperador.
Primero dijeron que enfermó luego de casarse.
Luego, lo de su esposa… y al quedarse solo con el niño lo dieron de baja para que, según ellos, “viviera su vida de familia”.
Todos creyeron eso, pero los Fenris se encargaron de dejarlo solo.
Esta familia tiene un largo historial de secretos —relató mi padre. —Padre, ¿cómo sabes esto?
—pregunté. —Soy un comerciante, hijo.
Nuestra familia es de perfil bajo, pero eso no quiere decir que no seamos poderosos.
Hay muchas cosas que tú y tus hermanas desconocen, pero debido a mi edad creo que ya deben conocer el negocio.
No es que me vaya a morir ahora, pero es mejor que estén en conocimiento de ello.
Arregla un día con tus hermanas para que tengamos un “día de comida familiar”.
Hay demasiado que contar, pero no es el momento —dijo con calma. Hizo una breve pausa y me miró con seriedad: —Si me dices que estás decidido a continuar en contacto con ese joven y su padre, por favor, dímelo ahora —pidió. Entendí que me estaba advirtiendo de que sería algo muy pesado de afrontar y buscaba determinación en mi respuesta. —Sí, continuaré con el cuidado de ellos, padre —respondí sin dudar. —Bien.
Theron, sabes… en una ocasión fui contigo al hospital.
Tenías alrededor de tres años; me dirigía a hablar con el director por unos suministros que debían gestionarse.
Y me encontré con Kael y con su hijo recién nacido en brazos; se lo habían pasado por unos momentos.
Justo allí pude conocerlo en persona y ver a su pequeño hijo —comenzó a relatar. Mientras hablaba, su expresión cambiaba. Tomó una breve pausa para continuar: —Aún no olvido ese momento.
Te inclinaste hacia él y tomaste la mano de ese pequeño bebé, y él mostró unos ojos dorados, característicos de la familia Fenris, y te sonrió.
Pero eso no fue lo más increíble: al tomarse de las manos, por un breve segundo hubo un pequeño destello de luz entre sus manos.
No sabría explicar muy bien qué pasó en ese momento —confesó. Tanto Kael como él miraron hacia todos lados para comprobar si alguien se había percatado de lo que había ocurrido. —Él me pidió algo en ese instante… —continuó—: “Por favor, Elion, no menciones lo que acaba de pasar.
No quiero que mi hijo atraiga atención indeseada; él solo mostró que confía en tu pequeño hijo”.
Noté que no había peligro y comprendí su deseo de protección hacia su hijo, así que solo sonreí y le dije que no había visto nada —concluyó mi padre. No esperaba esta confesión.
Esta historia era otro pedazo del rompecabezas que se sumaba; se podría decir que ese fue mi primer encuentro con Lucien. —Veo que tienes mucho que contarme, padre.
Gracias por decírmelo.
Organizaré nuestra comida familiar lo más rápido posible —respondí. —Gracias, hijo; avísame así preparo a tu madre… y haga mucha comida —sonrió. —Sí, llamaré a mis hermanas y lo organizaremos.
Ahora me iré a descansar, mañana debo volver al trabajo.
Buenas noches —me despedí. —Buenas noches, hijo —contestó. Mi madre se acercó después de que nuestra charla terminó: —¿Terminaron su charla de hombres?
—preguntó, entre curiosa y divertida. Me levanté de la mesa y me acerqué a ella: —Madre, gracias —le dije, dándole un beso en la frente antes de retirarme a descansar. —Elion, ¿qué le has dicho a nuestro hijo?
—alcancé a oír que preguntaba cuando ya me alejaba. —Déjalo que vaya a descansar.
Ven, vamos a la sala —respondió mi padre. Había atado todos los cabos sueltos en un momento y, al recostarme con esa cascada de información, no sabía qué procesar primero.
Cerré los ojos y no sentí cuándo me quedé dormido… .
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