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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 CAPITULO 18
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19: CAPITULO 18 19: CAPITULO 18 Ya en el hospital, pasé por la habitación de Lucien solo por unos minutos y luego regresé a mi recorrido de pacientes.​ —Qué día tan agotador… aún me quedan dos horas más antes de que terminé mi turno.

Me están llamando, ¿quién será?… Ahhh, lo había olvidado por completo —pensé.​ —Hola, Narelle.

—¡Al fin!

Estaba a un minuto de llamar a la central y declarar tu desaparición oficial —respondió.​ —Estoy en turno, ya sabes cómo es esto.

—Sí, sí… trabajando mucho.

El sábado de la próxima semana te necesitamos vivo.

Ya está acordado con nuestros padres; solo falta que tú te organices para ese día —dijo.​ —Salgo a las seis.

Podría llegar tipo siete y media.

—Perfecto.

Siete y media.

Mamá ya está planeando menú “para que mi niño coma de verdad” —se burló con cariño.​ Solté un suspiro, pero se me escapó una risa.

—Iré.

—Eso quería oír.

Te advierto que si cancelas, usaré la artillería pesada: mandaré a mamá al hospital con fotos tuyas de cuando tenías flequillo.

—No te atreverías.

—¿Quieres probar mi nivel de valentía, pequeño alfa?

—No, gracias.

Sábado, siete y media.

—Muy bien.

Y trae algo: vino, o postre… o tu buen humor, si lo encuentras antes.

—Haré lo posible.

—Hazlo.

Y, Theron… —bajó un poco el tono— también puedes venir cansado, pero no desaparezcas.

Te extrañamos, ¿sí?

—Lo sé.

Nos vemos la próxima semana.

—Nos vemos.

Y si te olvidas, no hay problema: tengo tus horarios y cero vergüenza en ir a sacarte del hospital a jalones —remató.

​Corta.

“¿Será así tener hermanas o solo es mi familia la rara?”, me pregunté a mí mismo.​ Cada noche, después de terminar mi trabajo en el hospital, me detenía junto a Lucien.

Tomaba suavemente su mano y le contaba cómo había sido el día, compartiendo en voz baja pensamientos y pequeños detalles.

Aunque ya no lograba notar esa sutil expresión de Lucien que antes me daban señales, confiaba plenamente en que, al menos, podía sentir mi presencia a su lado, como un ancla a la vida.​ Ya había pasado un mes y medio sin que se viera rastro alguno de cambio en su estado.

La rutina seguía, pero mis pensamientos comenzaban a tornarse caóticos; una sensación de frustración e impotencia se mezclaba, presionando mi pecho.​ Una noche, después de un día especialmente largo, regresé a casa.

Al entrar, mis padres ya descansaban.

Sin hacer ruido, fui a la cocina y preparé algo para comer, aunque el apetito se me había desaparecido por completo.

Sabía que no podía flaquear; debía obligarme a comer.​ Comí lentamente, mientras la imagen de Lucien en aquella habitación hospitalaria recorría una y otra vez mi mente.

Recordé esas conexiones sutiles e invisibles que nos unían más allá del tiempo y el espacio; aquellas memorias me daban fuerzas para seguir, incluso en medio de la tormenta interna que enfrentaba.​ Fui directo a mi cama; agotado, me dormí en un instante.​ Horas después, un sonido lejano me despertó: el teléfono sonaba insistente.

Me froté los ojos para despejar el sueño.​ —Hola… ¿sí?

—Doctor, venga urgente al hospital.

El paciente Lucien está convulsionando —avisó la voz al otro lado.​ El aire se volvió pesado y la adrenalina comenzó a recorrer mis venas; supe que la lucha, lejos de terminar, estaba entrando en una nueva y crítica etapa.​ Aún en pijama y con el corazón agitado, llegué al hospital en menos de diez minutos.

La noticia de la fiebre casi mortal de Lucien me sacudió profundamente, pero no podía permitirme caer en la desesperación; su cuerpo, ya debilitado, estaba enfrentando un nuevo peligro invisible y urgente.​ Sacudiendo el cansancio y apartando los pensamientos sombríos, me puse al mando inmediatamente, con una claridad y firmeza que solo la urgencia podía despertar.

Primero, ordené administrar antipiréticos de acción rápida para controlar la fiebre, cuidando las dosis para no dañar el ya delicado cuerpo de Lucien.

Solicité monitoreos constantes de los signos vitales: temperatura, presión arterial, frecuencia cardíaca y saturación de oxígeno cada diez minutos.​ Mientras pedía un análisis de sangre urgente, sentía cómo cada segundo explotaba en mi pecho con una mezcla cruel de esperanza y temor.

La fiebre de Lucien no solo era un síntoma; era un grito desesperado de un cuerpo al borde del abismo.​ Las máquinas comenzaron a emitir pitidos alarmantes y el monitor reflejó la peor noticia: el corazón de Lucien había dejado de latir.

El silencio que invadió la habitación era denso, y en mis oídos retumbaba a la par de la maquina el mismo pitido de la máquina, como una sombra que se posaba sin permiso sobre cada persona presente.​ Ese frágil cuerpo parecía rendirse… ¿o era realmente Lucien quien se rendía?.

La desolación me aplastaba en un silencio brutal.

Quedé paralizado un instante, el alma desgarrada entre la urgencia de actuar y el peso insoportable de la desesperanza; mi mirada se clavó en ese cuerpo frágil que había luchado tanto y que ahora parecía ceder finalmente, como si fuera el último suspiro de una batalla demasiado larga.​ Sentí que la garganta se cerraba, mientras las lágrimas amenazaban con escapar, pero no podía mostrarme débil.

Apreté los puños, tragué el dolor con fuerza y, con voz entrecortada, ordené:​ —¡Reanimación!

¡Ahora!

—grité.​ Cada movimiento era frenético, lleno de adrenalina y miedo.

Luchaba no solo contra el tiempo, sino contra la idea devastadora de perder a Lucien, de que esa sombra oscura se lo llevara para siempre, a aquel joven que había empezado a sentir parte de mí.

Rendirse no era opción, ni siquiera cuando parecía imposible; sabía que debía ser fuerte, no solo por Lucien, sino por todo lo que representaba esa lucha silenciosa contra la oscuridad.​ Y así, mientras el tiempo parecía detenerse, comenzó la batalla más desesperada de todas, una que desafiaba la fragilidad del cuerpo y la fuerza del espíritu.

Con la voz quebrada pero llena de determinación, grité:​ —¡Te dije que no te dejaría rendirte fácilmente!

¡Vuelve, vuelve!… —clamé a Lucien, negándome a soltarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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