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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 21

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21: CAPITULO 20 21: CAPITULO 20 Días después de aquella noche en que el corazón de Lucien se detuvo, la calma era frágil, como un hilo a punto de romperse.

Miré la situación con el estómago apretado y murmuré: —No podemos dejar que esto frene su recuperación.

Regresé al laboratorio con Hana, listos para desentrañar el enigma de su ciclo: ese celo sin aroma, como un fuego que arde por dentro sin humo.

Hana le dijo al equipo: —Hagamos pruebas de sangre y revisemos su esencia feromonal a fondo.

Durante días, atravesamos pruebas y más pruebas: análisis de fluidos, control de signos vitales e implementación de sensores para detectar fragancias químicas emitidas por el cuerpo.

En paralelo, solicité consultar registros antiguos que hablasen sobre casos similares, pero nada aparecía documentado.

Se tomaron muestras, buscando el pulso hormonal del celo.

Los resultados cayeron como un rayo: su sangre bullía con el ritmo del ciclo —esa urgencia interna, el calor que lo hacía temblar—, pero faltaba el estrógeno clave, el que despierta las glándulas para soltar el olor almizclado que enloquece a los lobos.

—Es un celo silencioso —expliqué, con la voz cargada de alivio y asombro—.

Su sangre lobo late fuerte, pero es como un velo que bloquea el olor.

El deseo está ahí, crudo y feroz, solo que invisible.

Días de pruebas confirmaron lo inevitable.

Sus glándulas no cantaban, pero su cuerpo sí lo expresaba—hinchazón sutil, ojos vidriosos, ese tirón instintivo que casi lo rompe.

—Esto cierra el círculo —dije, firme—.

estabilizaremos el ciclo.

No más colapsos.

Hana asintió, comprensiva: —Mantendremos una vigilancia constante y reforzaremos la hidratación y el soporte médico durante su ciclo —aseguró.

—El cuerpo de Lucien es frágil, sí, pero si podemos controlar los síntomas y evitar complicaciones graves, podremos darle tiempo para recuperarse —añadí, más para mí mismo.

—Está bien, doctor, así se hará… Eh, doctor, creo que lo están llamando —avisó Hana.

—Hola, Emilie, ¿todo bien?

—atendí la llamada.

—Hola, doctor D’Arthen… Sí, todo bien.

Solo llamaba para avisarle que le envié los datos de las otras dos personas que quieren visitar a Lucien —explicó.

—Entiendo.

Lo revisaré.

¿Son de confianza, Emilie?

—Sí, claro.

Ellos también han conocido al joven Lucien desde jovencito.

Conocen un poco más la situación de él, así que querían pasar a visitarlo.

Iré con ellos, acompañándolos, pero mi visita será recién para la próxima semana.

—Ya veo.

Los anotaré en las visitas y que avisen el día que vendrán.

—Sí, con la información también está el día en que ellos podrán visitarlo.

También me alegra informarle que el señor Kael está mejorando.

Los remedios que usted ha prescrito le han hecho muy bien comparados con los otros que nos entregaban.

—Emilie, ¿tienes algunos de esos medicamentos antiguos guardados?

—¡Oh, sí!

Me habían dicho que los tirara, pero… no sé por qué los guardé.

Algo me decía que los conservara bien.

—En tu próxima visita, tráemelos, por favor.

—Sí, los tengo en mi hogar.

Reservaré una visita con Lucien para la próxima semana, en mi día libre, y se los llevaré.

—Muchas gracias.

No se han recibido llamadas tampoco del amigo con el que se frecuentaba el joven Lucien, pero averiguaré en su trabajo; tengo una amiga enfermera allí.

—Eso sería bueno, Emilie.

Llámame cuando tengas la información.

—Sí, doctor, que tenga buen día.

—Cuídese, señora Emilie.

“Analizaré esos medicamentos cuando los traiga.

Algo no está bien con eso.

Tendré que preguntar e indagar más sobre esto.

Llamaré a Ren más tarde”, pensé.

—Hola, Lía, buenas tardes.

¿Tienes lápiz y papel?

—esperé mientras —.

¿Puedes ingresar estos visitantes para Lucien en el sistema y reservar los días de visita que se encuentran también allí?

—Está bien, doctor.

¿Algo más?

—Por ahora no, gracias.

—Bien, enseguida lo haré.

Las dos visitas es para pasado mañana, ¿está bien, doctor?

—Sí.

Recuerda siempre que debes pedir la identificación de los visitantes que lleguen.

—Sí, doctor, no lo olvido.

—Bien.

Seguiré con mis pacientes.

Ya entrada la noche, cuando el silencio caía sobre el hospital, mi único anhelo era poder estar con él tanto como mi cuerpo me lo permitiera.

La ansiedad que me causaba no ver cambios era desalentadora; su recuperación se sostenía apenas en una especie de espera congelada en el tiempo, como si solo aguardara el momento perfecto para colarse entre mis dedos y escaparse de mis manos.

Me senté junto a él, como cada noche: —Lucien, ¿cómo puedo retenerte aquí?

Por favor, vuelve.

Vuelve para que veas a tu padre mejorar, para que sientas que sí hay quienes se preocupan por ti.

Para… saber de ti, y que me cuentes tu vida y tus desdichas.

Quiero atesorar toda tu vida.

Aun no entiendo por qué me aferro tanto a ti, pero sé que tú tienes las respuestas.

Toc-toc-toc.

—¿Doctor?

—entró Lía a la habitación—.

Doctor, avisan de una emergencia de colisión múltiple.

Están llamando a todos los que están aquí.

Como no contestaba, sabía que lo encontraría aquí.

—Entiendo, vamos.

—Regresaré más tarde, por favor, vuelve… Lucien —susurré.

Cada vez que me alejo de él siento que desaparecerá y eso me pone más ansioso.

“¿Qué haré si decides no luchar, Lucien?”, me dije a mí mismo con un nudo en la garganta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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