Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lucien "El tiempo contigo"
  4. Capítulo 23 - 23 CAPITULO 22 Día de visitas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: CAPITULO 22 “Día de visitas” 23: CAPITULO 22 “Día de visitas” —Uff, está haciendo frío estos días —murmuró Emilie, frotándose las manos antes de mirar el reloj—.

Llegué antes.

Tengo que avisarle al doctor D’Arthen que estoy esperando a las otras dos visitas de Lucien.

Le enviaré un mensaje.

—Hola, enfermera Emilie Hayate.

—Oh, señor Sato, ¿cómo está?

Justo estaba por comunicarme con el doctor a cargo —dijo, marcando algo.

—¿Señora Hayate?

Emilie levantó la vista hacia la puerta automática que volvía a abrirse.

—Están muy bien coordinados… Hola, señor Kuroda.

—Solo denme un momento para avisar al doctor… Oh, qué bueno, respondió de inmediato.

Está viniendo hacia aquí.

Theron apareció pocos segundos después, con la credencial colgando sobre la bata y un par de gotas de café en el vaso desechable que llevaba en la mano.

—Buenos días —saludó, dejando el vaso a un lado del mesón—.

Soy el doctor D’Arthen, a cargo del paciente Lucien Veylin.

—Kenji Sato, su vecino —se adelantó el primero, apretando la correa del bolso como si eso lo hiciera ver más preocupado.

—Ryo Kuroda —añadió el segundo, con una inclinación de cabeza breve, estudiando el pasillo detrás de Theron.

Theron tomó nota mental de ambos nombres y rostros; si algo había aprendido en ese hospital, era que las visitas nunca eran solo visitas.​ —Lucien está en un estado muy delicado.

Hace poco tuvo un momento complicado, pero por ahora lo mantenemos estable.

Solo se permite una hora de visita; seguramente Emilie ya se los explicó.

—Hola, doctor, me presento de nuevo.

Soy Kenji Sato.

Conozco a Lucien y a su padre desde que llegaron a la zona, aunque no teníamos mucha relación personal.

Aun así, estoy al tanto de la situación de la familia y estoy ayudando en todo lo que se necesita.

Además, Emilie es muy buena organizando las cosas por allí —lo dijo con un aire de suficiencia.

—Se agradece que se preocupe por él —respondió Theron, manteniendo el tono neutro—.

Toda red de apoyo es importante en estos casos.

Aun así, algo no terminaba de encajar.

En las fichas sociales Lucien aparecía sin visitas regulares y con antecedentes de abandono; si lo estaban “ayudando en todo”, no habría caído en un fondo tan profundo como ahora.​ Emilie carraspeó suavemente, llamando de nuevo su atención.

—Bien —dijo—.

Como el señor Veylin está en una condición delicada, solo puede entrar una persona a la vez y por un máximo de treinta minutos.

Se giró hacia ellos con una sonrisa educada.

—¿Quién desea pasar primero?

Sato abrió la boca de inmediato, adelantando medio paso, pero Kuroda se movió casi al mismo tiempo, como si tampoco quisiera quedarse atrás.

Durante un segundo, Theron solo observó el pequeño choque de voluntades en silencio.

—Señor Sato —habló Emilie—, como llegó antes, puede pasar.

Recuerde que no puede hacer mucho ruido.

—¡Oh, muchas gracias!

Me alegra por fin verlo.

Doctor D’Arthen, con su permiso.

Theron lo acompañó serio, observando cada expresión de ese vecino demasiado entusiasmado para la situación.

Le abrió la puerta de la habitación y lo dejó entrar, todavía dudando de esa visita.

Al cerrar, volvió la vista hacia el pasillo.

El señor Kuroda seguía allí, con la misma expresión de curiosidad, pero con un matiz difícil de leer.

Theron se acercó, aprovechando los minutos antes de que terminara el turno de Sato.

—Señor Kuroda, ¿verdad?

—preguntó—.

¿Me permite hacerle unas preguntas?

Kuroda pareció acomodar el peso del bolso que llevaba al hombro antes de responder.

—Por supuesto, doctor —asintió—.

Haré lo posible por ayudar.

Theron percibió que elegía las palabras con cuidado.

—Vivo en la misma calle que Lucien —continuó Kuroda—.

Nos cruzábamos a veces en la calle o en el negocio, pero no teníamos una relación cercana.

Sabía que las cosas no iban bien en su casa, aunque nunca supe exactamente qué pasaba.

Solo… lo veía cada vez más delgado.

Hasta que me enteré de lo sucedido.

Por eso me acerqué a Emilie para saber si podía ayudar en algo.

—Oh, no diga eso, señor Kuroda —intervino Emilie enseguida—.

El señor Kuroda es muy atento.

Es quien iba a buscar las medicinas que le recetaba el antiguo doctor al señor Kael; incluso estaba pendiente de que siempre las tomara.

Siempre pregunta si el señor Kael está estable.

Como no hay muchas manos, hasta quiere estar presente preparando comidas y refrigerios para él.

Es muy modesto el señor Kuroda.

Pero con la ayuda de la otra enfermera estamos bien.

El rostro de Kuroda perdió un poco de color al escuchar la información que Emilie le daba a Theron, como si aquella mención lo hubiera tomado fuera de guardia.

Aun así, forzó una sonrisa y se apresuró a desviar la conversación hacia algo más neutro, como si nada importante se hubiera dicho.​ —No es para tanto.

Es solo que me conmueve el esfuerzo de Lucien y la dedicación a su padre, por eso me preocupó mucho su colapso.

Solo quería poner un granito de arena.

—Ya veo, señor Kuroda.

¿Le cocina seguido al señor Kael?

—Theron quiso saber un poco más sobre ese repentino empeño en preparar las comidas.

—Oh, no, no tanto como eso —se apresuró a aclarar Kuroda, levantando una mano—.

La verdad es que Emilie es quien se encarga de la mayor parte de las comidas.

Yo solo… llevo algo de vez en cuando.

Un postre, alguna comida preparada si paso por el negocio.

Cosas pequeñas, nada importante.

—Es cierto —mencionó Emilie de nuevo—.

Prefiero ocuparme de esas cosas y no cargar tanto a los demás, solo con lo que se necesita de vez en cuando.

Además, nos organizamos bien con la otra enfermera.

Perdón, doctor, aún no se la he presentado; cuando vaya a visitarlo, lo haré.

Es una vieja amiga de confianza.

—Muchas gracias, Emilie.

Y, señor Kuroda, gracias por su aporte a la recuperación del señor Kael.

“Pasaré ambos nombres a Ren.

No descartaré nada que rodee a Lucien”.

—Pensé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo