Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lucien "El tiempo contigo"
  4. Capítulo 24 - 24 CAPITULO 23
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: CAPITULO 23 24: CAPITULO 23 Mientras tanto, en la habitación de Lucien… —Hola, muchacho, ¿me escuchas o de verdad te estás muriendo?

—susurrando, Sato se acercó a la cama y se sentó junto a él, mirando los tubos con una mezcla de curiosidad y fastidio—.

Espero que no sea así… estoy recibiendo un buen dinero gracias a ti y mi vida ha mejorado mucho.

Hizo una mueca que parecía una sonrisa.

—Oh, lo siento, no te molestes —chasqueó la lengua—.

Tu padre está bien cuidado, no necesita tanto dinero.

En cambio, yo sí.

No te preocupes, igual de vez en cuando le dejo cosas para que no se note tanto y puedan informar que estás recibiendo el dinero que me dan “para ti”… aunque es un desperdicio.

Se inclinó un poco más, bajando la voz.

—Ojalá te quedes así mucho tiempo.

No, no, no te estoy deseando mal, para nada.

Pero el dinero, en mi situación, me está viniendo de maravilla —lo dijo con un dolor extraño, pero ya no podía echarse atrás con lo que había empezado a hacer—.

Mi familia se estaba yendo al abismo y ese pariente tuyo llegó como anillo al dedo.

Solo quería saber cómo seguías, si estabas igual, ya que igual me preocupo un poco por ti.

Te conozco desde niño y lamento todo lo que estás pasando.

Pero estás con un buen apoyo y yo no tengo a nadie.

Perdóname, por favor.

Sé que no es justo.

Pero tampoco para mí lo fue.

Así que trataré de compensar lo del dinero que estoy tomando de ti.

Cuando terminó de hablar, Sato soltó un suspiro y observó con detenimiento el rostro de Lucien.

Se permitió unos segundos de silencio, como si esperara una respuesta imposible.

Luego, lentamente, tomó la mano inerte de Lucien e inclinó la cabeza como quien se recoge en una oración.​ —Vas a salir de esta, muchacho… —murmuró, en un tono suave y tembloroso—.

Todos están haciendo lo que se puede por ti.

En un pequeño susurro inaudible repitió: —Lo siento —como si su conciencia acabara de despertar.

—Solo quería decir que, si vuelves, sepas que no todos en esa calle miraron hacia otro lado.

Algunos miramos.

Solo que no siempre hacemos lo correcto, tomamos decisiones… discutibles.

Y eso, Lucien, es lo que no me deja dormir.

La puerta se abrió y Theron asomó la cabeza antes de entrar del todo.

Encontró a Sato aún junto a la cama, de pie, con la mirada baja, en la pose exacta de alguien que acababa de estar rezando o animando al paciente.​ —Señor Sato —anunció Theron, manteniendo la voz baja—, el tiempo de visita se está acabando.

Cuando esté listo, lo acompaño a la salida.

—Muchas gracias, doctor, ya me retiro.

Sato se levantó de la silla y lanzó un último vistazo a Lucien, como si la conciencia le estuviera punzando.

Luego se dirigió hacia la puerta.

Al salir, vio a Theron y al señor Kuroda esperando, listos para que este último entrara.​ —Pase, señor Kuroda —dijo Theron, observándolo—.

Señor Sato, lo acompaño a la salida.

—No se preocupe, sé por dónde queda.

—Me gustaría poder agradecerle.

Lo acompaño; solo serán unos pasos.

—Está bien.

Señor Kuroda, que tenga buen día.

—Usted igual, señor Sato —respondió Kuroda, mientras estrechaba brevemente su mano y entraba a la habitación de Lucien.

Mientras caminaban hacia la salida, Theron quiso indagar un poco más en las intenciones de Sato.

—Señor Sato, lo veo muy pálido.

¿Se encuentra bien?

—Oh, sí, solo me entristeció la situación.

Es muy joven para estar en algo tan difícil.

Siempre lo veía saliendo temprano de su hogar para ir a trabajar y atender todo lo demás.

No siempre es fácil acercarse a las personas y preguntar por sus vidas.

Nadie conoce el trasfondo de la vida de los demás ni las decisiones que deben tomar para sobrevivir.

Theron lo observó.

Por un momento, pareció que hablaba más de sí mismo que de Lucien.

—Es cierto.

Solo nos queda disponer de lo que tenemos a mano para ayudar y no entorpecer más las cosas.

La expresión de Sato se desplomó un poco ante esas palabras.

—¿De verdad se encuentra bien, señor Sato?

—Oh, sí.

Debe ser porque no desayuné.

Estaba ansioso por venir a ver al joven Lucien.

Gracias por su preocupación, ya me retiro.

Cuide bien al joven Lucien, por favor.

—Sí, lo haré.

Vaya con cuidado.

Al darse vuelta para regresar a la habitación de Lucien, Theron chocó con un joven alto.

—Oh, disculpe, no me di cuenta —dijo Theron.

El joven levantó la vista apenas; tenía los ojos enrojecidos, como si hubiera estado llorando.

No respondió.

Solo lo miró un segundo y salió a toda prisa por el pasillo.

Al llegar al mesón, Lia le comentó: —Doctor, hace un momento se acercó un joven alto que quería ver al señor Lucien, pero como no estaba dentro de la lista de visitas permitidas, no lo dejé pasar.

—Muy bien, Lia.

¿Dejó su nombre?

—No estaba registrado, pero lo anoté.

Podría ser algún conocido que olvidó hacer el trámite.

—¿Cómo era su nombre?

—Déjeme ver… —revisó la hoja—.

Ah, aquí: Riven Kazeharu.

No dejó número de contacto ni más datos.

Solo dijo que volvería.

—Mmm… gracias, Lia.

—Theron dejó el papel sobre el mesón, con cuidado—.

Creo que hoy todos quieren verte, Lucien.

Kuroda esperó a que Sato y Theron se alejaran por el pasillo antes de apoyar la mano en la manilla.

Durante un instante, se quedó quieto, como si calibrara el peso de lo que iba a ver al otro lado.

Cuando abrió la puerta, la habitación lo recibió con el mismo pitido constante del monitor.

Lucien seguía inmóvil bajo la luz blanca, más pálido de lo que recordaba, rodeado de cables y vendas que le robaban cualquier atisbo de vida cotidiana.

Kuroda cerró la puerta con cuidado detrás de sí, dio unos pasos hacia la cama dejando el pasillo y sus voces del otro lado.

— Vaya, eres más resistente de lo que ellos creían.

Estás en un problema grande, chico… —murmuró.

La raya verde del monitor siguió avanzando, indiferente.

Y el día de visitas, lejos de aclarar nada, solo había añadido más sombras alrededor de la cama de Lucien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo