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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 26

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Capítulo 26: CAPITULO 25

El sonido fue apenas un clic suave, pero a Riven le pareció que sellaba algo más que una habitación. Se quedó de espaldas a la puerta unos segundos, respirando hondo, como si tuviera que acostumbrarse a la idea de verlo en ese estado tan delicado.

Cuando por fin se obligó a avanzar, cada paso le pareció más ruidoso de lo que en realidad era. Se detuvo junto al borde de la cama y lo miró de frente. De cerca, Lucien se veía aún más distinto: la piel demasiado pálida, los labios resecos. El cabello, que siempre le caía desordenado sobre los ojos, ahora estaba apartado de mala gana.

—Te arruinaron el peinado… —intentó bromear, pero la voz le salió áspera.

No hubo respuesta, solo el leve subir y bajar del pecho de Lucien.

Riven bajó la mirada a las manos, a los dedos largos inmóviles sobre la sábana. Recordó cómo los veía moverse cuando ordenaba frascos, cuando pasaba hojas de las carpetas de pacientes, cuando se guardaba un caramelo en el bolsillo pensando que nadie lo notaba.

—Siempre estabas apurado —murmuró—. Apurado para llegar, apurado para irte, apurado para no molestar a nadie.

Se apoyó en la baranda de la cama, inclinándose un poco más.

—¿Sabes qué es lo peor? —continuó, en voz baja—. Que yo lo vi. Vi que estabas mal. Que cada semana estabas más cansado, más flaco, con más ojeras. Y aun así… —tragó saliva—, aun así… pensé que, si preguntaba, te iba a incomodar.

Sonrió, sin alegría.

—Qué excusa más cobarde. “No quiero incomodarte”. Lo que no quería era incomodarme yo. Abrir la boca y que me dijeras que no necesitabas nada, que me apartara, que era un simple amigo para ti.

Durante un momento, solo se escuchó el aire pasar por el respirador. Riven estiró una mano, dudó en el último segundo y, en lugar de tomar la de Lucien, acomodó con suavidad un mechón rebelde que se había soltado de la cinta.

—Me caías mal al principio, ¿sabías? —susurró, casi con ternura—. Llegaste al laboratorio con esa cara de “déjenme trabajar y no me hablen” y pensé: “genial, otro que se cree demasiado ocupado para saludar”.

Sus ojos se arrugaron un poco en las comisuras.

—Después me di cuenta de que no era eso. Era miedo. Miedo a hacer ruido, a ocupar espacio, a que alguien se fijara demasiado en ti. Y ahí fue cuando me empezaste a caer peor todavía… porque empecé a fijarme yo.

El pitido del monitor se mantuvo regular. Riven dejó escapar una risa corta, sin humor.

—Te buscaba con la mirada y, cuando por fin aparecías con tus carpetas, mirabas al suelo como si el piso fuera la cosa más interesante del mundo. Y yo… yo ahí, fingiendo que leía informes, pensando cualquier estupidez con tal de no llamarte por tu nombre.

Se atrevió, por fin, a tomar la mano de Lucien. Estaba más fría de lo que esperaba, pero no tanto como para sentirla ajena.

Sus dedos apretaron un poco más.

—Lo siento, en verdad, lo lamento… —Inspiró hondo, como si el aire le pesara en el pecho.

—Si vuelves… —la voz le tembló apenas—, si vuelves voy a hacerlo distinto. No voy a mirar para otro lado. No voy a quedarme paralizado. Una vez te dije que no tendría miedo, e hice exactamente lo contrario: huí cuando más me necesitabas. Puedes odiarme todo lo que quieras, pero no pienso desaparecer otra vez.

Se inclinó un poco más, acercando la frente a la baranda metálica, todavía aferrado a la mano inerte.

—Solo… vuelve. Para que pueda decirte todo esto cuando tengas los ojos abiertos. Para que puedas mandarme al diablo en persona, si quieres. Pero vuelve.

—Quiero quedarme hasta que se abran tus ojos. Al verte así, solo quiero que despiertes y vuelvas a darme esa mirada tierna —susurró, sin soltarle la mano.

—Debo irme; si alguien me encuentra, jamás me dejarán entrar nuevamente. Tengo miedo de tu rechazo… —dejó caer unas lágrimas mientras se alejaba de la cama de Lucien.

Riven se detuvo en la puerta y, apenas audible, añadió:

—Volveré… con permiso de visita.

Al salir de la habitación, alguien lo llamó desde el fondo del pasillo:

—¡Oye! ¿Quién eres? No está permitido entrar a esa habitación.

Era la enfermera nueva del turno de noche.

Riven no se detuvo a mirar quién le hablaba; apretó el paso y dobló en la primera esquina. Se cubrió el rostro con una carpeta, buscando cualquier sombra donde perderse.

La enfermera no logró identificarlo y, cuando avisó a los guardias, ya lo habían perdido de vista: Riven había entrado a la escalera de emergencia, una zona sin cámaras.

La enfermera nueva llamó a Theron para avisarle que alguien había entrado a la habitación y que no habían logrado identificar quién era. A Theron se le heló la sangre y corrió de inmediato a ver a Lucien, pensando que podrían haberle hecho daño.

Como si presintiera algo, ordenó un análisis rápido de sangre mientras revisaba su cuerpo en busca de marcas de agujas recientes o cualquier rastro extraño en la boca.

Inmediatamente retiró el suero que colgaba y mandó a reemplazarlo por uno nuevo, al mismo tiempo que solicitaba que analizaran el anterior por si tenía alguna sustancia que no correspondiera.

Theron había entrado en pánico por el susto de que alguien le hubiera hecho daño; no se calmó hasta que los resultados dieron negativo en todo. Recién en ese momento soltó el estrés y la rigidez de la situación.

Con urgencia, en medio de la noche, llamó a Ren.

—Ren…

—Hola, Theron —notó de inmediato la urgencia y el nerviosismo en su tono—. ¿Qué sucede?

—Tenemos que juntarnos urgente. ¿Cuándo puedes?

— ¿Pasó algo?

—Sí. Un desconocido entró a la habitación de Lucien en medio de un descuido. Necesito que hablemos.

—Muy bien, cálmate. ¿Tu paciente está bien?

—Sí, pero me siento impotente. No sé qué sucede y me siento atado de pies y manos.

—Calma. Mañana no puedo, dame cinco días, no cuatro, cuatro días y te llevaré todo lo reunido. Tengo que investigar unas cosas más y eso me demorará. Respira. Él está bien. Averiguaremos qué está pasando, ¿sí?

—Está bien. Gracias, amigo. Estaré esperando —dijo, llevándose la mano libre a la cabeza, como si así pudiera contener un poco de su nerviosismo.

—Bien, eso. Mantén la calma; desesperarte no te llevará a nada. Nos vemos.

Theron apretó la mandíbula, culpándose en silencio por no haber estado ahí para cuidarlo en ese momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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