Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lucien "El tiempo contigo"
  4. Capítulo 29 - Capítulo 29: CAPITULO 28 “El tiempo que respira”
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 29: CAPITULO 28 “El tiempo que respira”

El sonido del tic-tac seguía, constante, casi como un suspiro que atravesaba el silencio. No era solo un reloj. Era el tiempo latiendo dentro de la habitación.

Al abrir los ojos, la penumbra temblaba como un sueño deshecho. Mis manos estaban frías y, aun así, sentía el calor de mis propias lágrimas. Miré el reloj sobre la pared blanca… seguía, incansable. Pensé en lo absurdo de su tarea: medir algo que nunca se detiene. Pero, de algún modo, ese ritmo me traía paz.

Me incorporé lentamente. Todo mi cuerpo temblaba, liviano, como si perteneciera a otra persona. El aire olía a desinfectante y al tenue perfume de las flores en el rincón; tal vez alguien las había traído para mí. Me senté al borde de la cama, dudando de mis propios músculos. El suelo tocó mis pies con un frío tan real, tan vivo, que por un instante creí que todo había sido un sueño: el dolor, el silencio, la ausencia.

Y entonces lo escuché.

Esa voz.

No podía confundirla. Era esa voz que me susurraba en los sueños, una corriente suave al borde del abismo. “Vuelve”.

El corazón me golpeó el pecho con fuerza. “Vuelve”, decía. Y yo —obediente, temeroso, casi riendo— di un paso. Pero mis piernas no resistieron. Caí con un ruido sordo y el suelo me recibió con una risa de dolor.

¿Sonreí de dolor? o ¿algo más?… las lágrimas me cegaron. Esta vez dolían distinto, como si al fin quemaran algo que debía irse.

La puerta se abrió de golpe. La luz blanca del pasillo me hirió los ojos y, entre esa claridad, apareció esa figura: su silueta temblorosa, su respiración entrecortada.

Pronunció mi nombre, con una voz desgarrada.

Sentí que por un segundo el tiempo me dio una pausa y se hubiera detenido.

Sus ojos —grises como un amanecer con nubes— se encontraron con los míos. Todo el miedo, todo el cansancio, todo el silencio se disolvió en ese instante. Me abrazó.

Su calor ardía contra mí; escuché su corazón desbocado, el sonido más humano y más perfecto que podía existir.

Levanté mi mano temblorosa. Toqué su rostro, limpié sus lágrimas.

—Hola… —susurré—. Me pedías que volviera.

Después, el mundo comenzó a desvanecerse en luces difusas. Todo el cansancio acumulado cayó sobre mí, pero esta vez era dulce, como rendirse ante un sueño que promete amanecer.

Antes de caer dormido, sentí su abrazo cerrarse con fuerza. El calor que me envolvía ya no era del cuerpo, sino del alma. En ese instante entendí lo que el tiempo nunca pudo decir:

Que todo lo que persiste más allá del dolor… es amor.

Y, en el umbral entre la conciencia y el sueño, escuché de nuevo esa conversación que, quizás, solo pasaba dentro de mí:

—Tiempo… tú no puedes sentir, ¿verdad? Solo puedes observar. El pasado que me mostraste era un reflejo, no un castigo. Tirarme a llorar y lamentarme me robaba el hoy, pero también mi mañana, si seguía mirando el pasado.

—El mañana está vacío, y el hoy… soy yo quien lo escribe.

Me reí.

—¿Sabes, Tiempo? Hoy quiero vivir. No llorar por lo que no fue, sino soñar con lo que pueda ser.

El tic-tac resonó una vez más, firme, orgulloso.

—Voy a despertar —le dije—. Para ese rostro. Para ese corazón que me abrazó cuando volví.

Theron sintió el mundo detenerse cuando Lucien abrió los ojos. Ese tic-tac del reloj, que había marcado horas interminables de espera, se convirtió en un eco lejano ante el milagro de esa mirada nublada pero viva.​

Sus manos temblaron al tomarlo del suelo, el cuerpo liviano de Lucien contra su pecho como una promesa rota y reconstruida.​

—Lucien… —su voz se quebró, áspera por las lágrimas contenidas—. ¡Lucien, maldita sea!

El aroma sutil de Lucien —esa mezcla única de jazmín salvaje y tormenta, ahora débil pero inconfundible— lo golpeó como un recuerdo visceral. Theron apretó la mandíbula, luchando contra el instinto primal que le gritaba proteger, nunca más dejarlo ir.​

Sus ojos grises, normalmente fríos como el acero quirúrgico, ahora brillaban con pánico puro.

Lo levantó con cuidado infinito, depositándolo de nuevo en la cama. Pero Lucien, con gran esfuerzo, volvió a abrir los ojos y esbozó una sonrisa. Sus dedos fríos rozaron su mejilla nuevamente, murmurando:

—Hola…

Theron se congeló. Ese “hola” inocente desarmó años de control médico, de distancia profesional. Inclinó la cabeza, dejando un fino hilo de feromonas protectoras que a duras penas podía contener, —ese calor almizclado de lobo alfa— llego a la nariz de Lucien.

—No te atrevas a irte otra vez —susurró—. No después de…

Pero las palabras se ahogaron cuando los párpados de Lucien temblaron y se cerraron de nuevo. El agotamiento reclamó su cuerpo frágil. Theron sintió el pánico subir como bilis, pero lo contuvo, revisando el monitor estable. Milagrosamente estable.​

Theron contenía con todas sus fuerzas sus feromonas, el deseo de proteger y que nadie se le acercara se apoderaron de sus sentidos, pero no estaba solo, detrás de él, se encontraba la enfermera y el Doctor Shinohara. Debía mantener su profesionalismo médico.

Se sentó al borde de la cama, sin soltar su mano

—Idiota… —murmuró, su pulgar acariciando los nudillos del joven—. Me hiciste esperar. Pero no volverás a despertarte solo.

El Dr. Seiji Shinohara se detuvo en el umbral de la habitación, con la ficha médica en mano, asombrado. Sus ojos color rubí evaluaron la escena en segundos:

—Doctor Theron… —dijo con tono firme pero calmado—.

Shinohara se acercó con pasos medidos. Notó el pulso del joven y el aroma tenue, pero priorizó protocolo: estabilizó el suero, chequeó signos vitales.​

Interesante, pensó fugazmente, observando el desmoronamiento raro en Theron. Emociones no contenidas… esto complica todo. Pero no comentó; solo murmuró:

—Vitales estables. Ya llamé a enfermería. Yo informo al director.

Se retiró discretamente al pasillo, dejando espacio al momento, pero anotando mentalmente: vigilancia extra sobre ese vínculo.​

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo