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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 31

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Capítulo 31: Capítulo 30

El silencio regresó a la habitación 421 tras la partida de Theron, pero ya no era el silencio pesado de la inconsciencia, sino uno expectante.

Lucien cerró los ojos un instante, tratando de retener el calor de la mano del doctor en su piel. El eco de esa voz todavía vibraba en algún rincón de su pecho.​

El sonido suave de la puerta lo obligó a abrirlos de nuevo.

No era Theron.

El Dr. Seiji Shinohara entró con la calma de quien controla su respiración tanto como sus palabras. Sus pasos eran casi insonoros. Se detuvo a los pies de la cama, con la ficha en una mano, y bajo la luz artificial, sus ojos color rubí parecían filtrar la realidad con una frialdad metódica.​

—Buenos días —dijo, con voz clara, un barítono suave sin la aspereza gastada de Theron—. Soy el doctor Seiji Shinohara. Oficialmente, tu médico tratante.

Si Theron era refugio, este hombre era un quirófano.

Lucien lo observó con cautela, leyendo de reojo el nombre en la placa de su bata.

—Lucien Veylin —continuó Seiji, repasando la ficha—. La medicina decía que tus probabilidades de despertar en estas condiciones eran… bajas.

No sonrió, pero alzó apenas una ceja—. Sin embargo, aquí estás.

—Supongo que tuve suerte, doctor Shinohara —respondió Lucien, la voz aún rasposa.

—La “suerte” es un concepto cómodo cuando no queremos mirar todos los factores —replicó Seiji, sin dureza, solo con precisión—. En tu caso hubo algo más.

Se acercó al monitor, revisando las cifras con gesto concentrado—. Llamémoslo una respuesta intensa de tu organismo a ciertos estímulos. Entre ellos, la presencia constante de algunos miembros del equipo médico.​

Se inclinó ligeramente hacia él, esta vez sin invadir su espacio, pero dejando que sus ojos rojos se encontraran con los dorados de Lucien por un segundo.

La presión en la habitación cambió; no era hostil, pero sí densa, como si Shinohara estuviera midiendo algo que no se veía en los monitores.​

—Voy a hacerte un breve chequeo neurológico —anunció—. Nada dramático. Solo quiero saber cómo está tu cabeza, además de tu corazón.

Lucien asintió.

Shinohara tomó su muñeca para revisar el pulso: el contacto era firme, neutro, distinto al calor de la mano de Theron.​

Le pidió que siguiera con la mirada la luz de una linterna, que apretara sus dedos, que nombrara objetos simples en la habitación.

—Nombre.

—Lucien Veylin.

—¿Sabes dónde estás?

—En un hospital.

—¿Recuerdas qué fue lo último importante que pasó antes de… esto? —Seiji hizo un gesto leve, abarcando todo el contexto.

Lucien frunció el ceño, hilando recuerdos fragmentados.

—Recuerdo… cansancio. Mucho. Y después, oscuridad. Y un reloj. Y una voz —admitió—. No sé cuánto de eso fue real.

Seiji anotó algo al final de la ficha.

—Más de lo que crees —dijo, sin ironía—. Algunos estudios sugieren que, en ciertos tipos de coma, el cerebro registra voces significativas incluso cuando no puede responder.​

Cerró parcialmente la carpeta—. Eso no se escribe en los informes con palabras tan bonitas, pero existe.

Hizo una breve pausa.

—Última pregunta, por ahora —añadió—. No es obligatoria. ¿Recuerdas algo, en concreto, de esa voz?

Lucien dudó. Sus ojos se desviaron hacia el reloj de la pared, como buscando un cómplice.​

—Decía “vuelve” —susurró—. Varias veces. Sonaba… como cansada. Y… cálida.

Bajó la mirada—. Cuando abrí los ojos, la primera vez, esa voz y ese reloj estaban aquí también.

Seiji siguió la dirección de su mirada hacia el reloj.

Recordó la escena de la noche anterior: Theron arrodillado en el suelo, sosteniendo a Lucien; el botón de emergencia; el aroma sutil de feromonas en la habitación.​

Interesante, pensó.

No había necesidad de decirlo en voz alta.

—Lucien —dijo entonces, con un tono un poco más bajo—. Aquí trabajamos con datos, pero también con contextos.

Lo miró directamente, sin disfrazar del todo la seriedad en sus ojos rubí—. El doctor D’Arthen ha estado muy involucrado en tu caso. Más de lo acostumbrado.

Lucien se tensó apenas, apretando un poco la sábana.

—Lo sé —admitió—. Me habló… mucho. Incluso cuando yo no podía responder.

Una sombra de vergüenza cruzó su rostro—. No recuerdo palabras exactas. Solo… que no se iba.

Seiji asintió una vez, como si confirmara una hipótesis.

—Theron no es un hombre que se “preocupe” a medias —dijo, con una sinceridad seca—. Cuando decide quedarse, lo hace por completo.

Dejó un instante de silencio, el justo para que la frase calara sin volverse acusación—. Eso puede ser muy bueno para un paciente en tu situación.

Sus dedos tocaron el borde de la ficha.

—Y, al mismo tiempo, puede complicar las cosas si no se manejan ciertos límites. Para él. Y para ti.​

No había veneno en su voz, solo una advertencia clínica, como quien señala un efecto secundario posible.

—¿Está diciendo que… es un problema que él se haya quedado? —preguntó Lucien, con un hilo de inquietud.

—Estoy diciendo —corrigió Seiji— que cualquier vínculo que nazca en un contexto de crisis es intenso por naturaleza.

Dio un paso atrás, devolviéndose a una distancia más profesional—. A veces, ese tipo de lazo ayuda a sanar. Otras veces, deja cicatrices nuevas.

Escribió una breve nota en la ficha, con letra limpia:

“Paciente despierto, orientado. Relata percepción de voz constante y reloj durante el coma.

Determinar impacto emocional del vínculo médico-paciente (D’Arthen) a mediano plazo.”

Guardó el bolígrafo.

—Por ahora, lo único que quiero que tengas claro es esto —concluyó—: tienes derecho a sentir gratitud, apego, miedo, lo que sea que esto despierte.

Su mirada se suavizó apenas—. Y también tienes derecho a que todo se maneje de forma que no te dañe. Ni como paciente, ni como persona. Si en algún momento algo te incomoda, incluyéndome a mí o al doctor D’Arthen, dilo. No estás obligado a soportar nada solo porque alguien te salvó.​

Lucien lo miró en silencio, procesando.

No sintió que Shinohara estuviera atacando a Theron, pero sí que veía cosas que él todavía no sabía nombrar. Y, extrañamente, eso no le generó rechazo, sino una mezcla de inquietud y cierto alivio: alguien estaba mirando desde fuera.​

—Lo… tendré presente—respondió al fin—. Y si algo me incomoda, se lo diré.

—Eso es todo lo que necesito por hoy —dijo Seiji, inclinando ligeramente la cabeza—. Descansa. Tu cuerpo está adelantado a las estadísticas; tu mente necesita tiempo para alcanzarlo.

Se dirigió a la puerta. Antes de salir, lanzó una última mirada a la silla vacía junto a la cama, con el asiento aun ligeramente marcado.​

Volverá en cuanto pueda, calculó.

El director quizá reprocharía, el comité de ética quizá se inquietaría, pero Theron D’Arthen no era un hombre que soltara fácilmente lo que había decidido sostener.​

Shinohara salió al pasillo, cerrando la puerta con un susurro.

En su mente, el caso de Lucien Veylin había dejado de ser solo un milagro neurológico.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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