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Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 33

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Capítulo 33: Capítulo 32

Theron guardó el teléfono despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera desarmar el frágil equilibrio que le quedaba.

Continuó con su última ronda y, al terminar, al darse cuenta de la hora, una brisa fría le recorrió la espalda al pensar que su hermana iría a buscarlo al hospital.

Debería irse ya.

Cambiarse, manejar, llegar con una sonrisa que ya no recordaba cómo se hacía sin esfuerzo.

En lugar de eso, sus pies tomaron otro rumbo.

El pasillo hacia el ala de hospitalización se extendía silencioso, iluminado por el mismo blanco cansado de siempre. Theron caminó con paso rápido, como si la prisa pudiera justificar lo que estaba a punto de hacer.

Se detuvo en el mesón de enfermería de la planta, apoyando una mano sobre el borde.

—Voy a pasar un minuto por la 421 y luego me retiro —anunció, con esa voz neutra que usaba para las órdenes rutinarias.

La enfermera de turno —una mujer de mediana edad que ya lo conocía demasiado bien— alzó la vista del monitor.

—Doctor D’Arthen —dijo, midiendo sus palabras—, el paciente Veylin está dormido.

Miró de reojo el reloj del pasillo—. Y su turno ya terminó.

Theron sostuvo su mirada un segundo.

Podía ver, en esos ojos cansados, la suma de todas las advertencias que acababa de escuchar en el cuarto piso: límites, percepción, desgaste.​

—Lo sé —respondió al fin—. Solo será un minuto. Quiero revisar que todo esté en orden y me voy.

La enfermera apretó los labios, en ese gesto mezcla de respeto y preocupación que solo años de pasillos podían enseñar.​

—Las constantes están estables, la bomba está programada, y si hay cualquier cambio yo estoy aquí —enumeró—. Usted no es el único que puede cuidarlo.

La frase no era una reprimenda directa, pero picaba.

Theron desvió la mirada un instante hacia el pasillo que llevaba a la 421.

—Aun así… —dijo, más bajo—, quiero verlo antes de irme.

Respiró hondo—. Un minuto.

La enfermera lo observó un segundo más, como si evaluara algo que no estaba en los protocolos. Luego suspiró.

—Un minuto, entonces —concedió—. Y después vaya a su casa.

Una mueca casi imperceptible cruzó el rostro de Theron, algo entre culpa y agradecimiento.

—Prometido —murmuró.

Y, con el corazón dividido entre el deber que lo arrancaba hacia la puerta del hospital y ese otro deber que lo empujaba de vuelta a la habitación 421, se encaminó una vez más hacia la cama de Lucien.​

Al entrar y verlo descansar, sintió cómo la ansiedad le bajaba apenas un grado. El temor de que volviera a irse seguía allí, agazapado, pero al observarlo solo ese minuto confirmó su determinación de no apartarse.

Se acercó al velador, tomó un bolígrafo y un pequeño papel del bloc de notas del hospital. Dudó un segundo y escribió, con letra firme pero contenida:

Volveré pronto.

Descansa.

Dr. Theron D’Arthen.

Al salir, se detuvo un instante en el mesón.

—Enfermera, me retiro. Tenga buen turno —dijo Theron, con una leve inclinación de cabeza.

En la caminata hacia el auto, envió un mensaje rápido a Narelle: Voy en camino. Ya había pasado el tiempo de tardanza que había prometido, así que debía apurarse.

Cuando llegó, la reunión estaba en pleno apogeo: voces, risas, platos sobre la mesa del comedor.

—Hijo, bienvenido —lo recibió su madre con un abrazo—. Ya ha pasado un buen tiempo desde la última vez. Menos mal que estamos cerca de tu trabajo; seguro nunca pasarías seguido si no fuera así —comentó, reprochándole con cariño.

—Theron, ya estaba preparando el auto para ir a buscarte —comentó Narelle, mostrándole las llaves en la mano.

—Con razón sentí un escalofrío … esa energía negra que emites es poderosa —respondió él, en tono de broma.

—Es el poder del amor de tu hermana. No lo rechaces —dijo Narelle, refregándose en él con un abrazo.

—Ya, quítate. Deja de refregar tus olores —gruñó Theron, empujándola suavemente.

Narelle se retiró riéndose.

—Hola, Devra. Padre… —saludó Theron, haciendo un gesto con la cabeza.

—Hola, hijo. Siéntate, come —respondió su padre—. Tu madre estaba ansiosa por tu llegada. Ya estamos todos. Coman tranquilos y disfruten.

—¡Tío! —se escuchó desde el otro lado de la mesa.

Los hijos de Narelle lo observaban con impaciencia, esperando el saludo de él.

—Hola, Lilith. Hola, Dorian. Han crecido mucho, ya estás más alto, Dorian —comentó Theron, acercándose.

—Tío, ya cumplí 8 años y aún sigo creciendo. Voy a ser más alto que tú —dijo el niño con gran alegría.

—Ya lo veremos, pequeño, ya veremos —respondió Theron, dándole una palmadita en la cabeza—. Lilith, tú también estás hermosa.

—Igual a mi madre —dijo ella con suficiencia, mirando a Narelle.

—Así es, mi princesa, así es —respondió Narelle, imitándole la expresión.

—Sí, literalmente son dos gotas de agua —comentó Theron, dejando escapar una mueca de risa.

La noche transcurrió entre conversaciones y bromas de hermanos. Pero lo importante ya había llegado.

—Bueno, hijos, creo que ya es hora de la conversación seria —dijo su padre, acomodándose en el sofá.

—Está bien, llevaré a los niños a dormir —respondió Narelle, tomándolos de la mano y guiándolos hacia la habitación de huéspedes.

—Esperemos a Narelle. Es correcto que todos estén aquí —añadió él, mirando a Theron y Devra.

Al regresar Narelle, todos estaban sentados en la sala, en espera de ella.

—Creo que prepararé un té y unos jugos, esto lo amerita —dijo la madre, levantándose hacia la cocina.

—Bueno, mientras su madre prepara el té, quiero mostrarles algo —anunció el padre.

Sacó de la mesita lateral un libro que ya se encontraba listo y lo sostuvo un momento, como midiendo el peso del objeto y de lo que implicaba.

Luego lo extendió hacia Narelle, la mayor, para que lo tomara primero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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