Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Cap 3 El tiempo Testigo del dolor
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4: Cap 3 “El tiempo, Testigo del dolor” 4: Cap 3 “El tiempo, Testigo del dolor” Mi padre se levantaba temprano, y yo cada mañana notaba su expresión seria con un atisbo de tristeza.
Ya estaba despierto, para cuando mi padre venía a despertarme, me gustaba escuchar su voz gruesa.
—Hijo… despierta… ¡vamos, arriba!…
desayunemos, hoy es tu primer día de clases.
Lo recuerdas, ¿verdad?
—Sí, padre.
¡Está todo listo!…
¡Quiero tostadas y leche con chocolate!…
lo prometiste!!!
—Así que estabas despierto heee… Jum… Está bien, está bien… lo haré, lo haré… vamos, levántate, lava tu cara y dientes.
Te ayudaré a vestirte y luego desayunamos.
—Sí padre!!!— Mi padre es fuerte y grande.
Él defiende la ciudad de personas malas y estoy muy feliz de tenerlo.
Extraño a mamá también, pero cada vez que la menciono cambia su cara y se pone serio, pone una expresión triste.
Así que trato de guardar mis recuerdos para que él no esté así.
Quiero ser fuerte como él, así que estudiaré mucho para que se ponga feliz.
— Mientras desayunaban, Lucien observaba el reloj —padre, ¿por qué el reloj hace tic-tac?
—Es el corazón del tiempo.
Así como el nuestro.
—¿Y si se detiene?
—Entonces todo quedaría dormido.
Incluso hasta los recuerdos.
Lucien toma una pausa para medir lo que había escuchado.
Rápidamente se dio cuenta de la hora que era.
—¡¡Padre rápido, vamos!!…
¡Llegaremos tarde!
—Tranquilo, vamos vamos… Mi escuela solo queda a unas cuadras de donde vivo, así que caminamos con padre; al llegar lo abrazo y me despido en la entrada.
Sé que estaré casi todo el día aquí porque padre trabaja mucho para los dos.
Así que debo esforzarme.
Al entrar a la sala veo muchos niños, me siento nervioso, pero “yo puedo”, me siento en una silla y la maestra comienza a hablar y contarnos lo que aprenderemos.
Así pasa el día a día aprendiendo todo lo que puedo para poder ayudar a mi padre.
*** Al terminar el día mi padre llega a buscarme, corro hacia él y le pregunto: —Padre!!.
¿cómo fue tu día?
—Hola hijo— alza en brazos a su hijo, se despide de la maestra dándole gracias por su arduo trabajo— muy bien, gracias por preguntar.
En el camino, mi padre cuenta brevemente de su día.
Prestaba atención, emocionado, escuchaba cada palabra, pero a la vez observe que él estaba un poco más delgado.
En ese momento le pregunte qué había comido en su trabajo, pero no contesto solo me devolvió la misma pregunta, y le conté todo lo que había comido y compartido en la clase.
Pero al notar que no contestó, pensé en cocinar, por lo que mi padre se sorprendió por el pedido.
—Sí, podrías intentarlo, si lo quieres— dijo él sin pensar mucho en el motivo que había detrás del pedido de su hijo— podemos pensar en qué podemos hacer y mañana consigo los ingredientes.
—¡¡siii…!!!
¿Podríamos hacer un postre?
—Claro, no veo por qué no.
Al llegar a la casa, Kael pensó en la conversación que había tenido con su hijo.
—¿Preparamos el postre ahora?
Solo será un pudín, pero podrás llevarlo mañana si quieres.
—¡¡Sí quiero, quiero aprender!!
Se pusieron manos a la obra, al terminar y ver el postre que hicieron los dos, Lucien dijo: —Mi primer postre hecho —observó el pudín y luego miró a su padre de forma muy seria—, te lo daré a ti.
—¿Por qué me lo darás?
—Porque trabajas mucho y además tú no sonríes como antes, mamá decía que el postre nos pone felices.
Kael, con una expresión de ternura, mostrando una pequeña sonrisa dijo: —Tu mamá siempre tenía razón —acariciando su cabeza—.
Entonces comeré mañana mi postre.
Lucien al ver la expresión de cansancio de su padre pregunta: —¿Padre, por qué trabajas tanto?
—Pues, hay cosas que pagar y comprar.
Tampoco quiero que te falte nada.
—Pero a mí solo me falta que juegues conmigo Con esas palabras Lucien toco la fibra que Kael protegía, quería mantener distancia para que su hijo no viera el dolor que llevaba.
Tomó un breve momento antes de que Kael hablara.
—Entonces voy a hacer tiempo para eso, lo prometo.
—Recuerda, padre, es una promesa.
—Sí, lo prometo —respondió Kael a la insistencia que mostraba.
*** Con el tiempo marchando, Lucien crecía absorbiendo las enseñanzas de su padre a la vez que notaba el debilitamiento que lo ensombrecía.
Hubo noches en las que se levantaba al escuchar sollozos a lo lejos, se levantaba y por una pequeña abertura de la puerta de la sala, podía ver a su padre llorando con una foto de su madre en las manos.
Otras veces bebía mucho y quedaba rendido en el sofá, se acercaba a él y tomaba una manta para cubrirlo.
Lucien también extrañaba a su madre por lo que pasaba por pesadillas, despertaba llorando y pidiendo a su madre.
Kael corría a su habitación, lo tomaba en brazos y acariciaba su espalda mientras lo llevaba a su habitación y dormían juntos, buscando consuelo en ese abrazo.
—Padre, mamá no volverá jamás, ¿verdad?
¿También te irás?
—habla entre sus plañidos— —No, hijo, no me iré.
Pero si en algún momento pasara, siempre seré parte de ti al igual que mamá, compartimos el tiempo vivido y eso nadie puede borrar.
Duerme, yo cuidaré de ti.
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