Lucien "El tiempo contigo" - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- Lucien "El tiempo contigo"
- Capítulo 8 - 8 Cap 7 Ecos del pasado y decisiones silenciosas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: Cap 7 “Ecos del pasado y decisiones silenciosas” 8: Cap 7 “Ecos del pasado y decisiones silenciosas” En ese supermercado del barrio, un lugar común y cotidiano, lleno de luces fluorescentes que parpadeaban y del constante ruido de los carritos, algo en esa escena se volvió extraordinario para Theron.
Allí lo vio, caminando de la mano con su madre.
Ella tenía una sonrisa cálida y tranquila, pero la sonrisa que provenía de él resplandecía con una luz particular, una especie de brillo sutil que parecía iluminar todo el pasillo a su alrededor.
No era solo alegría lo que Theron percibía; había algo más profundo, algo que trascendía la escena.
De repente se detuvo en seco, atrapado como si un imán invisible lo hubiera sujetado.
—¿Quién es ese?
—susurró para sí mismo; era más un murmullo que una pregunta dirigida a su madre. No comprendía del todo qué sentía, pero sabía que debía acercarse, ver más; sin saberlo, ese niño robaba toda su atención y despertaba en él curiosidad y una extraña sensación de protección.
Su timidez, siempre fuerte, luchaba contra el ruido ambiental del supermercado.
Sin embargo, su pequeño corazón latía acelerado, amplificado por cada sonido, cada risa ajena, cada movimiento entre los estantes.
Algo en su interior le decía: «Tienes que saber quién es».
Theron comenzó a seguirlos a distancia, escondiéndose tras los estantes y los carritos.
No quería ser notado, pero necesitaba ver cada gesto: la risa del niño cuando su madre lo miraba con ternura y cómo, incluso en los pequeños detalles, él irradiaba calma y pureza.
Lo siguió por todo el supermercado solo para intentar escuchar su nombre, pero lo único que alcanzó a ver fue el brillo de sus ojos cuando los posó sobre unos dulces.
No podía alejarse tanto de su madre porque sabía que, en cualquier momento, comenzaría a gritar su nombre.
Volvió rápidamente y, al verlo, ella dijo: —Theron, no te vuelvas a alejar así, estaba por empezar a gritar tu nombre —lo reprendió.
—Lo siento… ¿puedo pedir comprar algo?
—se atrevió a decir.
—¡No!
—respondió sin dudar, todavía molesta por verlo alejarse. Le rogó que le comprara unos dulces, aunque sabía que recibiría un rotundo no y que, además, estaban sus alergias.
No le quedó otra que explicar el porqué de su pedido: —Quiero regalárselos a un niño lindo —soltó sin pensarlo y lo más rápido que pudo.
Asombrada, su madre sonrió y miró a su alrededor, buscando al niño que había llamado tanto la atención de su hijo.
Theron le dio una breve descripción: —Sus ojos… sus ojos son color dorado y su cabello es plateado, y parece que está con su mamá, porque tiene el mismo color de pelo —explicó con seriedad infantil.
No sabía qué expresión tenía en el rostro, pero su madre se agachó y lo miró con picardía.
—Está bien, pero lo descontaré del postre de la cena —advirtió, con esa mirada de prueba para saber si mentía o si realmente quería algo, asumiendo que renunciaría al postre.
Al final, compraron los dulces y salieron del supermercado a paso lento, intentando encontrar al niño.
Llegaron al auto y esperaron hasta que Theron pudo verlo de nuevo, al niño a quien deseaba darle ese precioso dulce.
Su madre sonreía sin decir nada, observando su timidez, pero comenzó a impacientarse; antes de que ella dijera una palabra, él gritó: —¡Allí!
—señaló.
Salió disparado del auto, mirando hacia todos lados mientras intentaba recordar las indicaciones de seguridad de su madre.
Llegó hasta él sin saber por qué había pensado que regalarle un dulce sería fácil; en su imaginación, al menos, lo parecía.
El niño no sabía quién era Theron ni por qué sentía seguridad a su lado, pero observó detenidamente sus acciones.
Al tenerlo frente a sí, Theron se congeló y sintió que su cara empezaba a arder.
Tomó la mano del niño y puso el dulce en ella.
Él miró lo que había recibido con asombro y le sonrió; Theron, al ver esa sonrisa, no pudo pronunciar palabra y salió corriendo.
A los pocos metros, escuchó un pequeño grito esforzado: —¡Muchas gracias!
—llamó el niño.
Theron se detuvo en su huida y giró para verlo; el niño movía el brazo y sonreía.
Por inercia, levantó la mano para saludarlo.
Saltó del susto cuando su madre tocó la bocina del auto; ella le sonreía desde dentro, viendo la escena que acababa de crear.
Volvió a correr hacia el coche y se sentó, aún con el corazón acelerado.
Pasó el tiempo, pero nunca más volvió a verlo.
Su cabello gris y sus ojos dorados le parecieron únicos.
Era igual a su madre, pero el color de sus ojos… seguramente era de su padre.
Los años pasaron, pero no lo olvidó.
¿Por qué no lo hizo?
Ese encuentro, esa pequeña decisión que parecía tan simple, se convirtió en la base de todo lo que sucedería años después
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com