Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Luna de Sangre y Ceniza
  4. Capítulo 22 - Capítulo 22: Capítulo 22: Bajo la forma del eco
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 22: Capítulo 22: Bajo la forma del eco

La mañana se deslizó sobre el claro sin pedir permiso. No fue un amanecer, sino una revelación. Las hojas parecían más húmedas, los colores más saturados. El aire tenía ese peso suave que anuncia una conversación pendiente entre el cielo y la tierra.

Elia despertó sin sobresalto. Su cuerpo, aunque cansado, parecía aligerado de un peso que había llevado sin saberlo. Tocó la runa en su esternón: aún palpitaba, pero con el ritmo de quien ya no grita, solo recuerda.

Lena estaba de pie junto al fuego apagado. Riven cortaba ramas con precisión metódica. Ninguno hablaba. Y sin embargo, el silencio entre ellos no era vacío. Era contención. Algo se estaba gestando.

—Hoy descenderemos —dijo Lena al fin, sin mirarlos.

—¿Dónde? —preguntó Elia.

—Donde empezó la grieta. El umbral de los olvidados.

Riven no reaccionó, pero su gesto se volvió más lento. El cuchillo dejó de cortar. Lena giró por fin el rostro hacia Elia.

—¿Estás lista para ver lo que Yshaen escondió incluso de sí misma?

—¿Y si no lo resisto?

—Entonces no te romperás —respondió Lena—. Solo te reconfigurarás.

Elia asintió. No porque no tuviera miedo, sino porque el miedo ya no le bastaba como excusa.

El descenso no fue largo, pero sí profundo. No caminaban bajo la tierra física, sino entre capas de tiempo. Cada curva del sendero parecía una vuelta en espiral hacia la memoria. El musgo se hacía más espeso, las raíces más gruesas, como si intentaran detenerlos o proteger lo que guardaban.

Finalmente, llegaron.

Un claro subterráneo. La luz no venía del sol, sino de líquenes que brillaban en tonos suaves: verdes pálidos, violetas apagados, azules que parecían recordados más que vistos.

En el centro, un círculo de piedra tallada. No tenía inscripciones. No necesitaba. Elia sintió que ese lugar hablaba con su sangre.

—Aquí fue donde juraron no recordar —susurró Lena.

Elia se arrodilló. No sabía por qué. Solo que era lo correcto. La runa en su pecho latió una vez. Y luego otra. Y luego más lentamente, como si sintiera que el tiempo se estiraba.

Entonces lo vio.

El silencio dentro del círculo tenía densidad. No era ausencia de sonido. Era la espera de una verdad que no había sido dicha con palabras.

No una visión. No una aparición. Sino una forma de eco. Una figura femenina, envuelta en sombras y luz, que no caminaba, sino flotaba apenas por encima del suelo.

—¿Eres tú? —preguntó Elia.

La figura no respondió. Pero levantó la mano, y del círculo surgió una hebra de luz que se extendió hacia el pecho de Elia. No la tocó. La rozó. Y en ese roce, memoria.

Y entonces, como si la luz trajera consigo el peso del pasado, Elia sintió el temblor de una historia que no era suya y, sin embargo, la atravesaba. Como si el amor también pudiera sobrevivir al exilio, escondido en la raíz del mundo.

Un juramento roto. Un amor prohibido. Una traición necesaria. Y un nombre: Yshaen.

Elia comprendió. No todo. Pero lo suficiente.

Yshaen no había sido solo la portadora del saber. Había sido la custodia de un amor que el mundo no permitió, de una verdad que nadie supo mirar sin miedo. Y cuando todo se quebró, decidió esconder el eco de su historia aquí, donde solo una como ella pudiera hallarlo.

La figura desapareció lentamente. Pero no se deshizo. Se integró al círculo. Como si solo hubiera salido a saludar.

Riven habló por primera vez.

—Hay más que una historia rota aquí. Hay una herida que sangra hacia atrás.

Lena asintió.

—Y tú —dijo a Elia— eres la que puede cerrar la espiral.

—¿Cómo? —preguntó ella.

—Cerrar una herida no es coserla —dijo Lena—. Es aprender a escuchar lo que sigue latiendo dentro de ella.

—No sellándola. Abriéndola desde dentro.

Elia se acercó al centro del círculo. Tocó la piedra. Estaba tibia. No como una superficie caliente, sino como una frente febril.

—No quiero repetir lo que pasó. No quiero ser mártir —dijo, sin saber si hablaba con Lena, con Yshaen o consigo misma.

—Entonces sé raíz —susurró Riven—. No rama. No hoja. Sé lo que sostiene y no se ve.

Elia cerró los ojos.

En su mente, el eco se convirtió en forma. La figura femenina ya no era sombra. Tenía rostro. Tenía voz. Tenía historia. Y la compartía.

Cuando abrió los ojos, el círculo brillaba levemente. No como un faro, sino como un secreto recién aceptado.

El descenso había terminado. Pero lo que comenzaba no era ascenso.

Era raíz creciendo en dirección contraria al olvido.

Y Elia, por fin, supo que no estaba sola.

El eco ya no era ajeno.

Era su voz, multiplicada.

Y cuando se incorporó, no sintió vértigo. Sintió raíz.

Y por primera vez, el eco no era pasado. Era promesa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo