Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 27

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Luna de Sangre y Ceniza
  4. Capítulo 27 - Capítulo 27: Capítulo 27: Entre fuego y reflejo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 27: Capítulo 27: Entre fuego y reflejo

La tarde caía con lentitud, como si el sol también temiera apartarse demasiado de lo que estaba por revelarse. Elia caminaba por el límite entre el bosque y la vieja cañada, donde las piedras negras retenían el calor de días anteriores. Cada paso hacía crujir hojas secas, pero no rompía el silencio que se había instalado a su alrededor, un silencio espeso, expectante.

Antes de que partieran, Lena se acercó a Elia. No le entregó palabras, sino un objeto: una pequeña bolsita de lino que olía a laurel y piedra mojada.

—Para que recuerdes con los huesos —dijo—. No solo con la memoria.

Riven iba unos pasos por detrás, cargando un cuenco de barro envuelto en tela. No había dicho una palabra desde que salieron de la cabaña, pero su presencia era como una cuerda tensa que vibraba entre ambos. La cercanía de Riven no era compañía. Era testigo. Como si sus pasos detrás de ella fueran una segunda sombra que no pesaba, pero sí observaba. En otro tiempo, eso habría bastado para inquietarla. Ahora, solo la anclaba.

El lugar elegido era un claro pequeño, oculto entre sauces y piedras. Al centro, un montículo natural de roca servía de altar improvisado. Elia se detuvo frente a él y respiró hondo. Sentía la marca latiendo en su pecho, como una segunda luna queriendo alzarse.

Riven colocó el cuenco sobre la piedra. Dentro, una mezcla de agua, polvo de fresno y savia fermentada temblaba apenas. Cuando Elia hundió los dedos, la mezcla se calentó al instante, como si reconociera su tacto. No hubo fuego ni luz. Solo una vibración sutil que se propagó por el suelo.

—No busques la imagen. Deja que ella te encuentre —susurró Riven, sin tocarla.

Elia cerró los ojos. De pronto, el líquido en el cuenco dejó de temblar y comenzó a reflejar algo. No su rostro, sino fragmentos: una rama torcida, una mano que no era suya, un grito sin sonido. Y luego, una vislumbre clara: un rostro marcado por ceniza, con ojos tan familiares que le helaron la sangre. La mujer del rostro ceniza tomaba algo del suelo: un puñado de tierra mezclada con huesos pequeños, como si enterrara una historia. A su alrededor, figuras sin rostro la observaban, inmóviles. Una de ellas extendía la mano… y Elia se vio a sí misma desde fuera.

—La mujer de la visión… está viva en mí —dijo Elia, abriendo los ojos de golpe.

Riven la miró, sin sorpresa, pero con una mezcla de temor y reverencia.

—Tal vez siempre lo estuvo —respondió.

El fuego que encendieron después no era para calor. Era un fuego de contención. Las llamas se alzaban sin ruido, como si supieran que lo sagrado no se interrumpe. Cada vez que la brasa crepitaba, el aire olía brevemente a violetas quemadas. Como si algo dulce resistiera entre las llamas. Elia extendió las manos hacia él, no para calentarse, sino para leer sus movimientos.

Las brasas formaban patrones. No dibujos fijos, sino gestos, remolinos, danzas de algo que quería ser dicho sin palabras. Elia sintió que si parpadeaba, perdería el mensaje.

—A veces pienso que lo que vemos no está hecho para nuestros ojos —dijo ella en voz baja.

—Quizá esté hecho para nuestra memoria —respondió Riven.

Se sentaron juntos frente al fuego, rodilla con rodilla, como si la cercanía fuera un idioma más preciso que las palabras. Riven sacó algo de su bolsillo: un pequeño espejo roto, envuelto en un paño gris.

—Mi madre lo usaba en los rituales del clan —dijo, ofreciéndoselo—. Decía que los espejos no mostraban lo que somos, sino lo que olvidamos que fuimos.

Elia tomó el espejo con manos temblorosas. El cristal estaba astillado, pero cada fragmento reflejaba una parte distinta de su rostro. En un fragmento, Elia se vio de niña, buscando algo entre raíces. En otro, sin la marca. En el último, con ojos que brillaban como savia. No eran versiones. Eran posibilidades.

—No sé si estoy hecha de lo que veo, o de lo que no veo aún —dijo ella, bajando el espejo.

—Tal vez de ambas cosas. Como la luna —dijo Riven, sin dejar de mirarla.

La noche cayó del todo. El fuego no menguaba. Y en su centro, una brasa en forma de espiral comenzó a latir con intensidad. Elia la observó con atención. Sintió que si tocaba esa espiral, no quemaría. Abriría.

—Tengo que volver al fresno mañana —dijo de pronto.

—Lo sé. No necesitas decírmelo —respondió Riven.

—No es sólo por la historia. Es porque algo en mí… quiere echar raíz.

Riven sonrió, cansado pero firme.

—Y las raíces no preguntan. Solo bajan.

El cuenco seguía junto a la piedra. La mezcla en su interior se había oscurecido, pero una película de brillo flotaba en la superficie, como si el recuerdo no se hubiera terminado de asentar. Elia lo miró por última vez antes de cubrirlo.

Antes de retirarse, lanzó al fuego el espejo astillado. El cristal no explotó. Se derritió en silencio. Y en su lugar, una llama blanca crepitó brevemente, como un ojo que parpadea desde otro mundo. La llama blanca no solo parpadeó. Se inclinó hacia Elia, como si saludara. Como si dijera: Te veo.

En lo alto del cielo, una nube en forma de espiral se disolvía lentamente. No había viento. Solo espera. El fresno ya sabía que volvería.

Mientras caminaban de regreso a la cabaña, Elia sintió que algo había cambiado. No en el bosque. En su centro. El cuaderno que llevaba en la mochila latía con el mismo ritmo que su corazón.

Y entre fuego y reflejo, supo que había comenzado a recordar no como quien mira atrás, sino como quien por fin se mira de frente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo