Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Luna de Sangre y Ceniza
  4. Capítulo 29 - Capítulo 29: Capítulo 29: Los sueños se vuelven reales
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 29: Capítulo 29: Los sueños se vuelven reales

El sueño comenzó con un crujido.

No un sonido, sino una grieta en la textura misma del silencio. Elia abrió los ojos dentro del sueño, pero no estaba dormida. Estaba en el claro. Pero no como era ahora. El claro estaba cubierto de niebla violeta, espesa como humo detenido. Olía a algo dulce y mineral, como savia cocida al sol. La luna no brillaba desde el cielo: latía desde la tierra, como si algo enterrado palpitara con cada respiración. El suelo bajo sus pies era esponjoso y húmedo, como una piel vegetal que temblaba con cada paso. En el aire flotaban murmullos lejanos, respiraciones antiguas y cantos de voces que no eran humanas ni completamente ajenas.

Elia dio un paso y la niebla se partió en hilos. A cada lado, figuras pasaban caminando sin mirarla, como recuerdos que no sabían serlo. Algunas llevaban marcas iguales a la suya. Otras, ojos que brillaban en rojo o en oro. Una mujer encorvada tenía el mismo gesto que ella usaba al escribir. Un joven con la mirada baja parecía ser alguien que Elia había visto en la visión del fresno. Ninguno hablaba. Todos se dirigían a un punto: el fresno.

Pero el fresno no estaba en su lugar. Se había levantado. Sus raíces, largas como serpientes, caminaban. Y en el centro de su tronco, una grieta en forma de espiral se abría y cerraba como un ojo. Emitía un sonido suave, como el canto grave de una flauta.

Cuando Elia intentó acercarse, el suelo se hundió. No como tierra blanda, sino como si el mundo mismo respirara por debajo. Cayó, pero no con miedo. Era como si el aire la recogiera, como si supiera que debía caer para ver.

Entonces apareció ella: la mujer del rostro de ceniza. Esta vez, más clara. Más cercana. Sus ojos eran oscuros y suaves. En sus brazos, una criatura envuelta en telas. Un recién nacido. La mujer la miró, pero no le habló. Solo colocó al niño sobre una roca cubierta de símbolos y le hizo una seña a Elia para que se acercara.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó Elia, sin oír su voz, pero sabiendo que hablaba.

La mujer extendió la mano. El niño, antes de desaparecer, abrió los ojos. Su mirada era luz líquida, y un calor sutil envolvió a Elia. Luego se deshizo en bruma que se fundió con el viento. La mujer tocó el pecho de Elia con dos dedos. No fue dolor. Fue apertura. Como si dentro de ella también hubiera una grieta esperando convertirse en raíz.

Al despertar, el pecho le ardía. No una quemadura, sino una vibración. Como si aún quedara allí el eco de aquella mano. Su respiración era agitada, como si hubiese corrido desde muy lejos. Tenía la palma húmeda, y entre los dedos, restos secos de una savia invisible.

Lena la observaba desde la puerta, en silencio.

—Has cruzado —dijo sin explicar.

Elia asintió. Y solo entonces se dio cuenta de que el cuaderno se había abierto solo. Una página nueva, escrita con tinta que no era suya, mostraba un dibujo: una espiral que se abría en cuatro direcciones, con una figura femenina en el centro. No lo había hecho ella. Pero lo reconocía. Al tocarlo, sintió un leve pulso tibio. Como si el papel respirara.

Durante el día, los signos comenzaron a multiplicarse. En la mesa donde Lena preparaba hierbas, las hojas caían formando círculos. En las paredes, la humedad dejaba líneas que recordaban ramas. En su propia piel, al tocar agua fría, aparecían brevemente trazos como raíces sobre sus muñecas.

Riven llegó esa tarde. No dijo palabra. Solo extendió la mano, y en su palma había una piedra lisa con un símbolo tallado: el mismo que había visto en el sueño.

—No sé cómo la encontré —dijo él—. Solo caminé. Y estaba allí.

Elia tomó la piedra. La textura era idéntica a la de la visión. Sintió un cosquilleo. Y una frase no suya cruzó su mente, como un susurro: “Las semillas recuerdan su sombra.”

—No fue un hallazgo —murmuró Elia—. Fue una llamada.

Caminaron hasta el fresno sin decir más. El árbol los esperaba, inmóvil, pero vivo. Al tocar la corteza, Elia sintió que su visión no había sido metáfora. Era un recuerdo.

—¿Y si todo lo que soñamos son fragmentos de lo que ya pasó? —preguntó Riven, con voz grave.

—O de lo que aún está por recordarse —dijo ella—. Como si el futuro también pudiera enviar ecos al presente.

Esa noche, Lena encendió una vela que olía a lavanda y tierra mojada. Se sentaron los tres alrededor del fuego bajo el techo de ramas. Y entonces, sin buscarlo, Elia comenzó a hablar. No con su voz, sino con otra. Una que surgía desde la garganta como un hilo olvidado. Su espalda se enderezó, sus ojos se velaron. Habló con voz lenta, ritual:

—“Hubo una vez un bosque que olvidó su nombre. Y una niña que lo nombró con lágrimas. No fue castigo. Fue ciclo.”

Habló de una mujer que sembraba huesos como semillas. De una niña que lloraba en una cueva. De un bosque que despertaba cuando el mundo dormía.

Riven escuchaba sin moverse. Lena cerró los ojos y murmuraba palabras antiguas. El fuego no se alzaba: giraba en espiral. Cada vez que crepitaba, el aire olía brevemente a violetas quemadas. Las chispas dibujaban en el aire los símbolos que Elia había soñado.

Cuando se detuvo, no sabía cuánto tiempo había pasado. Pero las palabras la habían vaciado y llenado a la vez. Y supo, sin duda, que esa historia no la había inventado.

La había recordado.

Y el bosque, al otro lado del umbral, también.

Recordar era, al fin, el primer acto de sembrar el futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo