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Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 6

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Capítulo 6: Capítulo 6: El rugido del Velo

Elia pasó el día sintiéndose como un animal enjaulado. Nada parecía encajar. No la ropa que llevaba puesta, no las paredes de la casa de Lena, ni siquiera su propio cuerpo. Cada vez que respiraba, sentía el aire más denso, más cargado de algo invisible que la seguía a donde fuera.

El Velo.

Ya no era una idea abstracta. Era una presencia viva que se tensaba como una cuerda a punto de romperse.

Por la tarde, se dirigió al claro por su cuenta. Lena no se opuso. Solo la miró con esa mezcla de advertencia y orgullo silencioso que tanto la caracterizaba.

El bosque la recibió con un murmullo extraño. Las hojas crujían sin viento. Las ramas se mecían como si susurraran entre sí. Y el claro… el claro ya no era igual. Las piedras parecían más viejas. El círculo, más cerrado. El aire, más pesado.

Se sentó en el centro, cerró los ojos y dejó que el silencio la empapara. Su marca palpitaba. El fuego lunar dormía bajo su piel, pero esperaba algo. Una chispa. Una orden.

—¿Por qué tengo miedo si no estoy sola? —murmuró.

Entonces, el aire se rasgó.

No fue un sonido. Fue una sensación. Como si alguien hubiese abierto una costura invisible en el mundo, y el bosque respirara distinto.

Frente a ella, emergiendo de la nada, una figura atravesó el claro.

Alta. Delgada. Envuelta en una capa oscura. Bajo la capucha, no se distinguía un rostro. Pero su sola presencia alteraba la realidad. La tierra pareció contener el aliento.

Elia se levantó de golpe. El fuego lunar apareció de inmediato, una flama viva sobre su mano extendida.

—No quiero pelear —dijo.

La figura alzó una mano. No como amenaza, sino como una respuesta silenciosa.

Y entonces habló.

Su voz era múltiple. Masculina y femenina a la vez. Vieja y joven. Como si hablara con todas las voces del bosque al mismo tiempo.

—No tememos lo que eres. Tememos lo que puedes llegar a ser.

Elia frunció el ceño.

—¿Quién eres?

—Una Sombra del Velo. Un guardián sin nombre. Hemos venido a advertirte.

—¿Advertirme de qué?

—El rugido del Velo ya ha comenzado. Lo que estaba sellado se agita. Y tú, Elia Navarro, llevas la llave rota entre la piel.

La flama en su mano crepitó más fuerte. La figura no se movió.

—Tu comprensión ha comenzado. Pero aún dudas. El poder que niegas puede consumir lo que amas.

—¿Riven? ¿Lena? ¿Ailén? —susurró Elia sin pensarlo.

La figura no respondió. Se replegó como humo hacia un punto invisible del bosque, dejando un frío antinatural tras de sí.

Elia cayó de rodillas. La flama en su mano se extinguió. Pero algo dentro de ella seguía ardiendo.

Esa noche, Lena habló poco. Durante la cena, parecía inquieta, lanzando miradas al armario cerrado en el rincón más oscuro de la sala. Sus manos temblaban ligeramente al servir la infusión de hierbas, y evitaba la mirada de Elia.

Al terminar, se quedó de pie frente al mueble durante largos segundos. Finalmente, suspiró con resignación, abrió la puerta lentamente y extrajo un libro envuelto en paño oscuro, con dedos temblorosos.

—No deberías tener esto todavía —murmuró—. Pero el bosque decidió por mí.

Avanzó hacia ella con paso lento, como si cada movimiento le costara una década.

—Es un libro prohibido del clan Thorne —dijo, con voz más tensa que de costumbre—. Lo robé antes de irme. Pensé que algún día lo necesitarías.

Era grueso, de cubierta de cuero agrietada y marcada con una garra que parecía haber sido tallada con rabia.

Elia lo abrió con cuidado. Las primeras páginas estaban escritas en una mezcla de runas y antiguos alfabetos lunares. Pero entre ellas, una línea brillaba con la simpleza y la precisión de una herida reciente:

“El rugido no es amenaza. Es un llamado. Escúchalo.”

Elia cerró el libro.

Y por primera vez desde que llegó al pueblo, no sintió miedo de lo que estaba por despertar.

Sintió reconocimiento.

Como si el rugido no viniera de fuera… sino de dentro de ella misma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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