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Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 7

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Capítulo 7: Capítulo 7: Las páginas ocultas

La madrugada era un suspiro helado cuando Elia encendió la lámpara de aceite y se sentó frente al libro. El solo hecho de tenerlo abierto frente a ella volvía el aire más denso, como si algo invisible se cerrara sobre sus hombros. Su piel se erizaba cada vez que rozaba la cubierta, y su pulso se aceleraba sin razón aparente, como si su cuerpo recordara lo que su mente aún no alcanzaba a comprender.

El símbolo de la garra grabado en la tapa parecía más profundo bajo la luz cálida, como si no fuera un grabado, sino una herida que aún sangraba.

Lena dormía en la habitación contigua. O al menos, fingía hacerlo. Elia sabía que entregarle ese libro no había sido un gesto casual. Era una grieta abierta. Un puente entre secretos antiguos y una verdad que ya no podía ignorar.

Abrió la primera página.

Las runas eran complejas, pero el idioma común aparecía en fragmentos intercalados, como si el autor supiera que algún día alguien como ella necesitaría entenderlo.

“Cuando el Velo respira, la Sangre Lunar arde.

Y cuando la llave se fracture, el Alfa olvidado despertará.”

Cada página que pasaba parecía abrir también una parte de ella. A veces era un recuerdo fugaz: un olor a musgo húmedo, una palabra susurrada en un sueño antiguo. Otras, una punzada en el pecho, una lágrima que caía sin saber por qué.

No solo leía el libro. El libro la leía a ella. Como si midiera cuánto estaba dispuesta a ver.

Había diagramas de círculos rituales, mapas de constelaciones lunares, y descripciones detalladas de habilidades que ningún clan reconocía como propias. Pero lo que capturó su atención fue una solapa de cuero adherida a la tapa interior.

Con cuidado, la despegó.

Detrás, una hoja delgada como piel seca. Y en ella, escrita en tinta roja, una lista de nombres.

Aenar Virel

Kael Sombra-quebrada

Naerin Thorne

Elysha de Ceniza

Elia Navarro

Su nombre. Al final de todos.

—¿Qué significa esto? —susurró.

Bajo los nombres, otra inscripción más pequeña:

“Las portadoras. Las llaves. Las que arden.”

Tragó saliva.

¿Portadoras de qué?

¿Del fuego lunar?

¿Del Velo?

¿De una condena?

El resto del libro empezó a resistirse. Algunas páginas se pegaban entre sí. Otras se oscurecían al tacto. Cada vez que intentaba fijar la vista en una palabra densa o un símbolo en espiral, sentía una punzada detrás de los ojos. Como si el conocimiento estuviera sellado con dolor.

Pero Elia no se detenía.

Con cada línea, algo dentro de ella vibraba. Como si estuviera reescribiendo su historia con tinta vieja.

Las hojas se volvían más opacas, más cargadas. Y entonces, entre ese caos de signos, encontró una ilustración.

Una figura femenina, de pie en el centro del claro. La luna roja brillaba sobre su frente. De su pecho salían raíces que se hundían en la tierra y ramas que tocaban el cielo. En sus manos sostenía dos llamas: una blanca, otra negra.

Bajo la imagen, una leyenda:

“Cuando el rugido alcance su eco,

la Sangre deberá elegir entre iluminar… o devorar.”

Elia sintió un escalofrío subiéndole por la espalda. La elección. El camino. No era solo cuestión de comprender sus habilidades. Era decidir qué sería cuando el rugido del Velo se convirtiera en aullido.

Volvió al inicio del libro, con el cuerpo temblando, no de frío, sino de intensidad. La energía en su interior se agitaba, inquieta, como una tormenta buscando dónde romperse.

Fue entonces cuando notó algo más.

En la cara interior de la tapa, había una pequeña marca en forma de luna creciente, trazada como con un dedo. Cuando la tocó, el símbolo brilló brevemente.

Y nuevas palabras surgieron sobre la piel del libro.

“Busca el Claro Espejado.

Allí la memoria no miente.”

Elia se levantó de golpe. Sabía dónde quedaba. Lena lo había mencionado una vez, en un susurro ahogado, como quien nombra a los muertos: un sitio prohibido, al este del bosque, donde las sombras reflejaban más que la luz.

El libro se cerró con un golpe seco. El fuego lunar ardía débilmente sobre su palma.

Pero en sus ojos, ya no había miedo.

Solo propósito.

Y la certeza de que su historia —la verdadera historia—

apenas comenzaba a escribirse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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