Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Luna de Sangre y Ceniza - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Luna de Sangre y Ceniza
  4. Capítulo 9 - Capítulo 9: Capítulo 9: Ojos tras la niebla – Voces del Consejo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 9: Capítulo 9: Ojos tras la niebla – Voces del Consejo

—Ha cruzado el umbral.

La voz era un murmullo contenido, casi un suspiro, pero todos en la sala lo oyeron con claridad. El eco de esas palabras se extendió como una vibración sorda entre las piedras del templo.

El Salón del Alba estaba tallado en lo profundo de la montaña, un santuario que muy pocos recordaban y aún menos se atrevían a visitar. Las antorchas no ardían con fuego común: su luz era azulada, como reflejo de lunas que ya no colgaban en el cielo.

El círculo estaba compuesto por siete figuras. Cada una representaba un fragmento del antiguo linaje: vigilantes, sabios, exiliados y guardianes del Velo. Sus rostros estaban cubiertos por máscaras simbólicas, menos uno: el más viejo.

En el centro se sentaba el Archivero de Ciclos, envuelto en una túnica blanca bordada con símbolos del tiempo lunar.

A su izquierda, la Vigía de la Medianoche —la mujer de ojos completamente blancos— permanecía inmóvil. Sus pupilas resplandecían con cada visión no dicha.

Junto a ella, el Portador de Ciclos Rotos, un antiguo portador expulsado tras una traición jamás revelada, vestía una armadura incompleta. Hablaba poco, pero su mera presencia incomodaba a los más ortodoxos.

Frente a ellos, flotando en el aire como una voz sin cuerpo, la Suma Hacedora del Eco parecía hablar desde el propio Velo.

—Más pronto de lo que esperábamos, —dijo el Portador, su voz cargada de ironía—. Me dijeron que el linaje estaba extinguido.

—Y sin embargo florece, —respondió la Vigía, sin apartar la mirada del vacío—. La Sangre Lunar no desaparece. Solo duerme. Y esta ha despertado.

—¿Y si no está lista? ¿Y si lo que despierta no es poder, sino ruina? —interrumpió el Guardián del Umbral Occidental, un hombre envuelto en una túnica negra, defensor de la contención.

—Tal vez la ruina es necesaria —musitó la voz incorpórea de la Hacedora del Eco—. Tal vez ya no podemos sostener el equilibrio que fingimos mantener.

—¡Eso es herejía! —espetó el Guardián.

—Eso es verdad —susurró la Vigía.

—Lena Virel —añadió el Guardián, con desprecio apenas velado—. Su lazo con Aenar fue más profundo de lo que creíamos. Ha roto el silencio.

—Y el libro… ha sido abierto.

Las palabras de la Vigía parecieron apagar el aire. El silencio se volvió aún más denso. Las antorchas titilaron con un fulgor gélido.

—¿Viste algo más? —preguntó el Archivero. Su voz, más que grave, parecía esculpida en piedra.

La mujer asintió.

—El fuego la reconoce. Pero aún no la teme. Y eso la vuelve peligrosa.

Un murmullo inquieto recorrió el círculo. Algunos rostros revelaron preocupación. Otros, apenas interés. Algunos, una curiosidad antigua.

—La joven Elia se dirige al Claro Espejado —dijo una figura de túnica gris—. Si lo cruza, no solo recordará. Despertará. Fragmentos. Voces. Saberes que hemos sellado por generaciones.

—¿Y si no cruza? —preguntó otra voz, apenas audible.

—Entonces morirá como tantas antes. Pero si lo hace…

La frase se quebró en el aire.

Todos conocían el final.

El Consejo guardó silencio. El aire vibraba con presagios. Lo que estaba en juego no se decidía solo en los caminos del bosque, sino en las raíces mismas del poder que habían heredado… y corrompido.

Finalmente, el Archivero habló:

—Enviaré a Solan. No para detenerla. Solo para observar.

—¿El cazador silente? —dijo la Vigía, girando levemente su rostro sin pupilas—. ¿El que nunca falló?

—Sí. Pero esta vez, su misión es ver. Comprender.

—¿Y si la comprende demasiado? —preguntó el Portador de Ciclos Rotos, con una sonrisa amarga—. ¿Y si él también despierta?

Nadie respondió.

Pero la tensión tembló entre las piedras.

Una figura emergió entonces de la sombra más densa. Su rostro cubierto por una máscara metálica, marcada por tres líneas verticales. Sus ojos brillaban con un dorado apagado. No dijo palabra.

No hacía falta.

Todos supieron que había aceptado.

—El equilibrio no debe quebrarse —dijo la voz final, grave y femenina, sin cuerpo visible. Brotó desde la oscuridad más profunda, como un eco antiguo—. Lo que Elia descubra será nuestra última advertencia… o el inicio del fin.

Y con esas palabras, el Consejo se disolvió en la penumbra, como si aquella reunión no hubiera ocurrido, sino sido un recuerdo del bosque.

Pero las grietas entre ellos ya habían comenzado a abrirse.

No todos querían detener a Elia.

Algunos —muy pocos— querían verla cruzar el Velo.

No para destruirlo.

Sino para renovarlo.

Y en lo profundo, el Velo mismo parecía escucharlos.

Esperando su propia elección.

Mientras tanto, lejos de allí, entre ramas vivas y raíces antiguas,

Elia Navarro caminaba,

sin saber que el mundo entero contenía el aliento

con cada uno de sus pasos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo