Luna Rechazada, Ámame de Nuevo - Capítulo 108
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108: Capítulo 108: Vigilada por él 108: Capítulo 108: Vigilada por él —Nunca me equivoco —dijo con frialdad—.
Has avergonzado a esta familia, Delilah.
Y ahora, tu madre ha desaparecido.
Ambas no me causáis más que problemas.
Sin mediar palabra, se dio la vuelta y salió de la habitación.
Delilah se quedó allí, temblando, con la rabia y el miedo entrelazándose en su pecho.
Por primera vez, la duda se abrió paso en su interior.
Amos atravesó furioso los pasillos, sin apenas reparar en las reverencias de sus guardias.
Encontró a su fiel Beta, Borga, esperando cerca de la sala de guerra.
—Informa —espetó Amos.
—Los territorios están estables —dijo el Beta rápidamente—.
Pero la manada de Miles Gray se está envalentonando.
Han estado tanteando las fronteras.
Amos apretó la mandíbula.
—¿Y el otro asunto?
Borga vaciló.
—Nuestro informante lo confirmó.
Riana se prepara para casarse con Rafael.
El nombre le quemaba.
Los puños de Amos se cerraron a los costados.
Su hija, su verdadera hija, que se le escapaba cada vez más de las manos.
Y las imprudentes maquinaciones de Delilah lo habían acelerado todo.
El equilibrio de las manadas.
La traición del linaje.
Esto ya no era solo un asunto familiar.
Era la guerra.
*
***
*
Mientras la tensión seguía ardiendo en la Finca Regalia, otra situación candente se desarrollaba en Rivera.
Rafael llegó a Rivera al día siguiente, cuando la ciudad aún mostraba su rostro más apacible.
Las calles cercanas al antiguo distrito fluvial estaban acordonadas, con unas protecciones amarillas que brillaban tenuemente en el aire.
Magia de manada para evitar que los humanos se acercaran demasiado.
Incluso antes de bajar del coche, Rafael pudo olerlo.
Sangre.
Rancia.
Metálica.
Anómala.
Se arremangó mientras cruzaba las barreras, y sus botas crujían suavemente sobre la grava y los cristales rotos.
Los cuerpos yacían esparcidos cerca de la ribera, en la penumbra que proyectaba el resplandor parpadeante de las farolas.
—Son cinco.
Los conocía —dijo a la policía que investigaba la escena.
Hombres Lobo de su manada… hombres que reconocía.
Hombres que deberían haber estado a salvo.
Ya estaban muertos cuando llegó.
Demasiado muertos.
Rafael se arrodilló junto al cuerpo más cercano, apretando la mandíbula.
Las heridas eran profundas pero extrañamente precisas.
No había señales de una lucha prolongada.
Ni alrededores destrozados, ni marcas de garras en los muros de piedra cercanos.
Solo quietud y un silencio que oprimía los oídos.
—Esto no es una reyerta —dijo una voz a su espalda.
Serena.
Grave.
Familiar.
Rafael no se giró, pues sabía que era su tío quien hablaba, en quien confiaba como su Beta.
—No —convino—.
Es una ejecución.
Su Beta, Ronnie, apareció ante él.
Alto, de hombros anchos, su cabello veteado de plata atado en la nuca.
Ronnie imponía autoridad sin esfuerzo, de esa que se gana con décadas de lealtad y una disciplina inquebrantable.
Era tío de Rafael por sangre, pero, lo que era más importante, fue su ancla tras la muerte de su padre.
Ronnie se acuclilló a su lado, con la mirada afilada y evaluadora.
—En el consejo ya se murmura sobre vampiros.
Rafael bufó por lo bajo.
—Siempre lo hacen.
Ronnie esbozó una leve sonrisa.
—Al miedo le encantan los enemigos convenientes.
Examinaron los cuerpos juntos y en silencio.
El río lamía suavemente la ribera, indiferente a la carnicería.
Rafael se fijó en los ángulos de las heridas, en su disposición… Demasiado limpias, demasiado controladas.
—Los vampiros desgarran —dijo Rafael lentamente—.
Se alimentan.
Pierden el control, incluso los más disciplinados.
Ronnie asintió.
—No se han alimentado de estos cuerpos.
La pérdida de sangre es mínima en comparación con las heridas.
—Y no hay marcas de quemaduras —añadió Rafael—.
Ni rastros de veneno.
Ni siquiera el olor.
Ronnie entrecerró los ojos.
—Entonces, alguien quería que pareciera obra de vampiros.
Rafael se puso de pie, escudriñando la zona de nuevo.
Su mirada se detuvo en un cajón roto cerca de la entrada del callejón.
—Los movieron.
Fíjate en los patrones de la sangre.
Ahí.
No coinciden con el lugar donde cayeron.
Ronnie siguió su mirada.
—Un montaje.
—Sí.
La voz de Rafael se endureció.
—Lo que significa que esto pretendía enviar un mensaje.
A mí.
Ronnie exhaló lentamente.
—¿La manada de Gray?
—Demasiado chapucero —dijo Rafael—.
Demasiado llamativo.
Gray tendría que estar loco para atreverse a hacer algo así.
Ronnie vaciló, y luego dijo en voz baja: —Tu futuro suegro tampoco sería sutil.
Rafael no respondió de inmediato.
Se enderezó, con la mirada sombría.
—No.
Amos prefiere la manipulación a través de linajes y contratos, no cadáveres en la calle.
Él controla el tablero, no así.
Ronnie lo miró de reojo.
—¿Estás seguro?
—Estoy seguro de que esto no fue al azar —dijo Rafael—.
Y estoy seguro de que no fueron vampiros.
Ronnie también se levantó.
—Entonces, ¿quién se beneficia?
La mirada de Rafael se desvió hacia el horizonte, donde se alzaba el antiguo barrio de Rivera, con torres de piedra y viejos balcones de hierro que eran anteriores al gobierno de las manadas.
—Alguien que quiere guerra —dijo—.
O alguien que me quiere distraído.
Ronnie se cruzó de brazos.
—Estás pensando en él.
—Sí.
Ronnie hizo una mueca.
—Esa vieja sanguijuela no se alegrará de verte.
Rafael se permitió una sonrisa ladina.
—Nunca se alegra.
Por eso confío en él.
Ronnie lo estudió con atención.
—Reunirte con él ahora envía un mensaje.
—Que no me dejaré presionar —replicó Rafael—.
Y que no creo que los de su especie hicieran esto.
Ronnie asintió lentamente.
—Muy bien.
Yo me encargaré de la manada.
La mantendré calmada.
Rafael posó brevemente una mano en el hombro de su tío.
—Confío en ti.
Y tengo una boda que preparar.
—¿La boda?
¿Tan pronto?
—rio Ronnie entre dientes—.
Siempre has confiado en mí.
Incluso cuando el consejo no me quería.
Rafael lo miró a los ojos.
—No te querían porque no encajabas en su idea de lo que debe ser un alfa, y olvidaron que el fuerte eres tú.
—Y a ti no te importó —dijo Ronnie.
—No —convino Rafael—.
Me importaban la lealtad y la verdad.
No me importa que prefieras follar con hombres.
Ronnie rio entre dientes.
—Tu boda.
Mantenla discreta.
Pero… No te preocupes, la mantendremos a salvo.
Rafael se giró hacia su coche y se detuvo.
—Pon a algunos hombres a vigilar a Miles Gray.
Sigue siendo un sospechoso y… sigue obsesionado con Riana.
Mientras conducía hacia el territorio vampiro, la imagen de los cuerpos persistía en su mente, no como una fuente de miedo, sino como un puzle que exigía respuestas.
Alguien había cruzado la línea.
Y fuera quien fuese, había subestimado una cosa.
Rafael no iniciaba guerras a la ligera.
Pero las terminaba.
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