Luna Rechazada, Ámame de Nuevo - Capítulo 113
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- Capítulo 113 - 113 Capítulo 113 El espacio entre nosotros
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113: Capítulo 113 El espacio entre nosotros 113: Capítulo 113 El espacio entre nosotros Wesley fue el primero en moverse.
No de forma brusca ni imprudente.
Fue solo un paso lento y deliberado hacia adelante, como si probara el aire entre ellos.
El ascensor zumbaba suavemente a su alrededor, suspendido entre pisos, entre decisiones, entre el pasado y lo que fuera que este momento se atreviera a ser.
Riana lo sintió al instante.
La atracción.
Su corazón la traicionó, latiendo más rápido, más fuerte, como si lo reconociera antes de que su mente pudiera reaccionar.
Odiaba eso.
Odiaba la facilidad con la que su cuerpo recordaba lo que había jurado olvidar.
—No.
Él no es nuestro compañero —le susurró a su loba interior.
—Entonces, ¿por qué estoy sintiendo algo?
—su loba daba vueltas en su interior.
Los labios de Wesley se curvaron, sin presunción, sin victoria…
solo con calidez.
Y peligro.
—Sigues haciendo eso —murmuró él.
—¿Hacer qué?
—preguntó ella, aunque su voz salió más suave de lo que pretendía.
—Respirar más rápido cuando finges no sentir nada.
Su loba siseó.
«Te lo dije».
Ella la ignoró.
Wesley dio otro paso.
Lento.
Como un depredador que ya sabía que su presa no iba a huir.
Riana retrocedió.
Otra vez.
Hasta que su espalda rozó el frío metal.
La pared.
Contuvo el aliento.
Wesley se detuvo justo antes de tocarla, lo suficientemente cerca como para que el calor de su cuerpo invadiera su espacio, lo suficientemente cerca como para que su aroma se sintiera familiar, enloquecedor mientras envolvía sus sentidos.
Su aliento rozó su mejilla, su mandíbula, su oreja.
Su pulso gritaba.
«Esto es una mala idea», masculló su loba, sonando mucho menos convencida de lo habitual.
Wesley se inclinó ligeramente, con la frente casi tocando la de ella.
Su voz se hizo más grave.
—Aquí dentro no tienes que mentirme.
La mano de ella se disparó, con la palma plana contra el pecho de él.
—Wesley —susurró, nerviosa, sin aliento—.
No.
Por favor, para.
La palabra tembló…
pero se mantuvo firme.
Él se quedó helado.
Durante un instante, ninguno de los dos se movió.
—No quiero parar.
—Me voy a casar.
Y tú también…
pero no conmigo.
Entonces, Wesley cerró los ojos.
Asintió una vez, lentamente, como si se estuviera anclando a la realidad.
Retrocedió, creando un espacio que se sintió a la vez aliviador y devastador.
—Lo siento —dijo en voz baja—.
Yo…
es que no puedo.
Me está costando aceptar que te he perdido.
Riana bajó la mano, pero no apartó la mirada.
—No hay nada por lo que disculparse.
No me has perdido.
Seguimos siendo los padres de Willa.
Me prometiste que daríamos lo mejor de nosotros por la felicidad de Willa…
y por eso he venido hoy.
Por Willa.
Él estudió su rostro, lo estudió de verdad.
La fuerza que emanaba.
La ternura.
El modo en que parecía mayor que la última vez que se le permitió amarla y, de alguna manera, aún más hermosa.
Demasiado hermosa.
«Diosa», pensó.
«Mi lobo es un idiota».
«¿Perdona?», replicó su lobo.
«¿Y ahora quién es el idiota?».
«Tenías un solo trabajo.
Una compañera».
«Ella se fue…
porque tu p*lla quiere a Delilah».
«Tú la dejaste ir».
«Entonces, los dos somos idiotas».
Wesley tragó saliva, reprimiendo la riña interna.
Se pasó una mano por la cara y soltó una risa sin humor.
—Deberías saber que…
me está costando todo lo que tengo no hacer algo increíblemente estúpido ahora mismo.
A Riana se le crisparon los labios a su pesar.
—Siempre has tenido un pésimo sentido de la oportunidad.
—Y, sin embargo —dijo él, ahora más suave—, sigues aquí.
—Por Willa —exhaló ella—.
Quizá deberíamos vernos otro día.
—No —replicó él de inmediato.
Ella enarcó una ceja.
—Fui yo quien te pidió que vinieras —continuó—.
Y sí que necesitamos hablar.
Sobre Willa.
El nombre los ancló a ambos a la realidad.
Wesley se enderezó, y la seriedad se instaló en sus facciones.
—Sus sesiones de terapia.
El terapeuta dice que la estabilidad es lo más importante ahora mismo.
Riana asintió.
—Lo sé.
—Si te mudas a Rivera —prosiguió—, tendrá que cambiar de colegio.
Nuevo entorno.
Nueva dinámica de manada.
Riana suspiró.
—Aún no lo he decidido.
—Preferiría que no lo hicieras —admitió él—.
Por ella.
El ascensor tintineó.
Justo a tiempo, ya que había dado instrucciones a sus hombres para que lo detuvieran durante cinco minutos.
Las puertas se abrieron.
Salieron juntos.
Las cabezas se giraron.
Los susurros cesaron.
Las miradas los siguieron, pero con respeto, no con curiosidad.
Cualquier historia que hubiera entre Wesley y Riana era conocida y todavía tenía peso.
Caminaron uno al lado del otro hasta una cafetería cercana, escondida justo al lado del atrio del edificio.
Wesley le retiró una silla sin pensar.
Riana se dio cuenta.
Siempre lo hacía.
Se sentaron.
Wesley pidió antes de que ella pudiera hablar.
Cuando llegó la comida, Riana se quedó mirando el plato.
—Esto es…
exactamente lo que me gusta.
Él se encogió de hombros.
—Siempre lo supe.
Ella levantó la vista lentamente.
—¿Incluso cuando actuabas como si no lo supieras?
Su expresión se ensombreció brevemente.
—Mis emociones estaban…
bloqueadas.
La poción de manipulación que usó Delilah…
adormeció muchas cosas.
Hizo que todo se sintiera distante.
Controlado.
Los dedos de Riana se apretaron alrededor de su taza.
—Si la odias tanto —preguntó en voz baja—, ¿por qué te casas con ella?
Wesley no dudó.
—No la odio.
—Eso no es una respuesta.
—Haría cualquier cosa —dijo él, encontrando su mirada—, por protegerte.
Las palabras cayeron con más peso de lo que ella esperaba.
Riana apartó la vista, exhalando.
—Puedo protegerme sola, Wesley.
—Lo sé —dijo él con dulzura—.
Siempre has podido.
Pero nunca dejaría que nada te pasara.
Por favor, Riana.
Lee el diario de Danza.
Te…
ayudará a entender.
—No quiero.
El pasado se queda en el pasado.
Y tú deberías tener tu propia historia en esta vida en la que estamos entrando.
—Estamos destinados a estar juntos.
—Wesley, para.
Rafael es mi verdadero compañero.
—Es más complicado que eso, Riana.
—No quiero hablar de eso —dudó y luego añadió—: Pero puede que necesite tu ayuda con algo.
Wesley se inclinó hacia adelante al instante.
—¿Con qué?
—Con Miles Gray.
Su tenedor se detuvo en el aire.
Ella bajó la voz.
—Tienes que ganar el torneo.
Convertirte en el Rey Alfa.
Wesley parpadeó.
—Pensé que querrías que ganara Rafael.
Riana negó con la cabeza.
—Rafael se va a retirar.
—¿Qué?
—su voz se agudizó—.
¿Por qué?
—Esos flashbacks.
Esas visiones que estoy teniendo.
Todas mostraban que saldría herido si se convierte en Rey Alfa —hizo una pausa y se bebió todo el vaso de agua—.
No quiero eso.
No quiero poder.
No quiero ser Reina.
—Eres una Reina.
Es tu destino, Riana.
Ella se le quedó mirando y negó con la cabeza lentamente.
—No.
He terminado con esta lucha de poder.
Voy a vivir mi vida en Rivera.
Gobernar mi manada con el apoyo de Rafael.
No quiero el trono.
—Lo sé —exhaló y susurró—.
Por eso te admiro, Riana.
No eres codiciosa como el resto de los Alfas y Lunas que he conocido.
Dime, ¿por qué no quieres que gane Gray?
—Porque si Gray gana —dijo ella, con la mirada firme—, nuestras vidas estarán en peligro.
La mandíbula de Wesley se tensó.
—Gray quiere poder.
Territorio.
Pero no es lo suficientemente fuerte.
No será lo suficientemente fuerte para luchar contra Rafael y su manada.
—Me quiere a mí, Wesley —añadió en voz baja.
Se hizo el silencio.
Las venas de Wesley se marcaron en su sien, y sus manos se cerraron lentamente sobre la mesa.
La rabia hervía bajo la superficie, pero mantuvo la voz tranquila.
—Me ha estado enviando mensajes —continuó Riana—.
Crípticos.
Sobre convertirme en su reina.
Se los oculto a Rafael.
No quiero que empiece una guerra con Miles Gray.
Han sido enemigos desde que estábamos en el colegio y los vi pelear entonces.
No podría soportar que volviera a pasar.
No quiero perder a Rafael por una estúpida pelea por mi culpa.
Wesley no habló.
No se movió.
Pero su lobo rugió.
«Solo di la palabra», gruñó.
«Lo haré pedazos».
Wesley se lo tragó, forzando el control.
—¿Rafael no lo sabe?
Ella negó con la cabeza.
—No se lo he dicho.
Te lo estoy diciendo a ti.
Y necesito tu ayuda.
Porque si tú ganas, sé que protegerás a Willa.
No puedo proteger a Willa si Miles Gray está en el poder.
Usará a Willa para llegar hasta mí.
Él extendió la mano sobre la mesa, deteniéndose justo antes de tocar la de ella.
—Entonces, ganaré.
Lucharé contra él, Riana.
Por ti.
Riana lo miró a los ojos.
—No lo hagas por mí.
Es por Willa.
Él sonrió…
una sonrisa suave, fiera, segura.
—Tú.
Willa.
Moriría por las dos.
Y por primera vez desde que las puertas del ascensor se cerraron tras ellos, Riana sintió algo que no se había permitido sentir en mucho tiempo.
Esperanza.
Amor.
Devoción.
Y miedo…
porque la esperanza con Wesley siempre había sido peligrosa.
—Riana, confía en mí.
Algún día te darás cuenta de que nuestros destinos están unidos.
—Wesley…
—Algún día, lo entenderás.
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