Luna Rechazada, Ámame de Nuevo - Capítulo 148
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- Capítulo 148 - 148 Capítulo 148 El padre que nunca regresa
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148: Capítulo 148 El padre que nunca regresa 148: Capítulo 148 El padre que nunca regresa Una hora después, el zumbido del jet privado era constante y bajo, un sonido que Wesley normalmente encontraba relajante.
Hoy, solo agudizaba sus pensamientos.
Estaba sentado junto a la ventana, con un brazo apoyado en el reposabrazos de cuero y los dedos ligeramente flexionados, la mirada fija en las cambiantes capas de nubes del exterior.
El cielo se extendía sin fin, un azul pálido que se fundía con el blanco, y en algún lugar debajo de todo ello se encontraban las respuestas que aún no tenía.
Demasiados cabos sueltos.
Demasiadas verdades a medias.
Su mente no dejaba de darle vueltas a la imagen del archivo.
Su padre y el padre de Miles Gray, más jóvenes, relajados, de pie hombro con hombro como hermanos en lugar de enemigos.
Aquello lo inquietaba más de lo que quería admitir.
«Parecen felices», masculló Vega, su lobo interior.
«Eso es lo que me molesta», respondió Wesley en silencio.
«Los enemigos no sonríen así».
«Exacto».
«Así que… o la historia mintió… o alguien la reescribió.
Interesante.
Tu madre es misteriosa».
Wesley exhaló lentamente.
—Estás disfrutando esto demasiado.
«Disfruto de la claridad y, de vez en cuando, de un poco de drama», le espetó su lobo.
«Y ahora mismo, todo huele a chamusquina.
Más razones para que investiguemos».
A Wesley se le tensó la mandíbula.
Ese era el problema.
El hedor del engaño estaba por todas partes.
Su madre.
Miles Gray.
El pasado de su padre.
Incluso sus propias decisiones parecían enredadas en algo mucho más antiguo que él.
Su beta, David, carraspeó, sacando a Wesley de sus pensamientos.
—¿Qué pasa ahora, David?
—Hay una novedad —dijo David con voz cautelosa.
Se frotó la barbilla, un tic que indicaba que algo no iba bien.
Wesley no apartó la vista de la ventana.
—Suéltalo ya.
—Es sobre tu padre.
Wesley cerró los ojos un instante.
—Cómo no.
¿Y ahora qué?
David continuó de todos modos.
—Está en el territorio controlado por la manada Wulfgard.
No son precisamente aliados de los Winter.
Eso hizo que Wesley se girara.
—¿Qué ha hecho esta vez?
¿Alguien ha muerto?
—Hay una disputa por una reliquia —dijo David, y negó con la cabeza, sin poder creer lo audaz que es el padre de Wesley—.
Tu padre afirma que pertenece a su familia.
El Alfa Jarvis Wulfgard dice lo contrario.
—¿Ahora con Jarvis?
—Wesley soltó una risa sin humor—.
De entre todos los alfas del mundo…
Déjame adivinar: artefacto antiguo, linaje perdido, historia sagrada.
Bla, bla, bla.
—Sí —dijo David con sequedad—.
Todo eso.
Otra vez.
—Y cruzó sus fronteras sin permiso —añadió Wesley—.
Otra vez.
David hizo una mueca.
—Por supuesto.
Conoces bien a tu padre.
Wesley se recostó en su asiento y se frotó la cara con una mano.
—Nunca aprende.
«Lo dices como si te sorprendiera», dijo Vega.
—Estoy molesto —lo corrigió Wesley—.
Hay una diferencia, Vega.
—¿Hablando otra vez con tu lobo?
—David titubeó—.
Bueno, para que lo sepas, la situación se ha agravado.
El Alfa Jarvis ha… detenido a tu padre.
Wesley abrió los ojos de golpe.
—¿Qué significa «detenido»?
—…Enjaulado —dijo su beta en voz baja—.
En uno de sus castillos.
Wesley se le quedó mirando.
—Esa es nueva.
Entonces, se rio.
Una risa larga.
Lenta.
Amarga.
—Enjaulado —repitió—.
¿Por robar una reliquia?
Se lo tiene merecido.
«Ese hombre sí que sabe cómo hacer una entrada triunfal», comentó Vega.
Wesley gruñó.
—Va a empezar una guerra por un artefacto.
—Según nuestra fuente —dijo David—, tu padre insiste en que la reliquia demuestra el derecho de vuestra familia a un linaje más antiguo.
No de ascendencia de hombres lobo, sino el linaje de brujas de los Winter.
Algo sobre un medallón que puede abrir portales que solo una bruja o un mago pueden invocar.
—¡Tonterías!
—Wesley negó con la cabeza—.
Su obsesión va a acabar con la poca paciencia que las manadas aún nos tienen.
Debería hacérselo mirar.
«Te dejó la manada a ti», dijo su lobo en voz baja.
«Y se quedó con el caos».
Ese pensamiento le dolió más de lo que Wesley esperaba.
Se hizo una pausa que solo rompía el zumbido del jet.
David sirvió una copa para calmar el mal humor de Wesley.
—Mi padre —dijo Wesley lentamente tras dar unos sorbos a la bebida— me entregó la manada para poder dedicarse a perseguir leyendas.
—Soy consciente de eso.
Mi difunto padre me lo contó.
—David asintió—.
Arqueología.
Historia.
Reliquias.
Él siempre decía que el pasado contenía la llave del futuro.
—Y me dejó a mí para que lidiara con el presente —masculló Wesley—.
Dejó a mi madre esperando su regreso.
Su beta esbozó una leve sonrisa.
—Eras joven, pero lo manejaste bien.
Eres mucho más fuerte de lo que él fue nunca, Alfa.
—No tuve elección.
Ambos se sumieron en un silencio más reflexivo.
—No te abandonó —dijo David al cabo de un momento—.
No del todo.
La mirada de Wesley regresó a la ventana.
—Pues lo pareció.
David suspiró.
—Aquello devastó a tu madre.
Al principio.
Todo el mundo se daba cuenta, pero preferían guardar silencio por respeto.
—Al principio —repitió Wesley como un eco—.
Esperó.
Durante años.
Creyó que volvería para quedarse.
Pero nunca se quedaba mucho tiempo.
Siempre persiguiendo sus obsesiones.
Wesley apretó los labios.
—Al final, dejó de esperar.
Dejó de importarle.
—Sí.
He oído las historias.
—Y empezó a vivir su propia vida —dijo Wesley—.
Con o sin él.
Su beta no hizo ningún comentario, pero el silencio fue confirmación suficiente.
—Dejé de creer en el amor.
Todo era simplemente un deber para con la manada.
Casarse.
Dar un heredero.
Liderar la manada.
Proteger a la manada.
—Wesley reclinó la cabeza en el asiento—.
La última vez que lo vi fue cuando nació Willa.
—Eso fue… ¿hace ocho años?
Casi.
—David asintió—.
Discutiste con él.
Lo oímos.
—No tenía ningún derecho —dijo Wesley con brusquedad, al recordar aquel espantoso momento—.
Apareció después de años de ausencia y se atrevió a juzgarme.
«Vio las grietas», dijo su lobo con suavidad.
Wesley apretó la mandíbula.
—Me acusó de ser un descuidado.
De traicionar todo lo que él defendía.
—Esto es por… tu aventura con Delilah.
—Creí… que había sentido mi vínculo de pareja con ella.
—A Wesley se le oprimió el pecho—.
Ahora lo sé.
Todo fue una mentira.
Fui un necio.
Mi padre se dio cuenta.
La discusión se repetía con toda nitidez en su mente.
La decepción de su padre.
Su propia actitud defensiva.
Palabras que se dijeron y que no podían retirarse.
—Le dije que se marchara —dijo Wesley en voz baja—.
Y lo hizo.
Nunca regresó.
Ni una sola llamada.
Era más fácil suponer que había muerto.
Ninguno de los dos volvió a hablar durante un rato.
David dejó a Wesley sumido en sus pensamientos.
El jet inició el descenso, y el sutil cambio de presión devolvió a Wesley al presente.
—Estamos aterrizando —dijo David, antes de dirigirse a otros cinco lobos para darles instrucciones.
El Alfa Jarvis no era un hombre con el que fuera fácil tratar.
Wesley se enderezó y se ajustó la chaqueta mientras la ciudad aparecía por la ventanilla.
Abajo, las luces brillaban, nítidas y frías.
«De vuelta a la boca del lobo», dijo su lobo.
—Esperaba encontrar respuestas —replicó Wesley—.
En lugar de eso, solo acumulo más preguntas.
¡Joder!
El jet aterrizó con suavidad.
Instantes después, las puertas se abrieron y una ráfaga de aire fresco nocturno inundó la cabina.
Wesley puso un pie en la pista de aterrizaje, con su beta justo detrás y sus hombres en formación protectora.
Tres todoterrenos negros esperaban en formación, con los motores al ralentí, relucientes e imponentes bajo la luz de los focos.
Wesley se detuvo, con los instintos en alerta.
—Saben que estamos aquí.
David también aminoró el paso, recorrido por un escalofrío.
—¿Sientes eso?
Wesley asintió con lentitud.
—Sí.
El ambiente se sentía pesado.
Cargado.
«Peligro», gruñó su lobo.
La mirada de Wesley recorrió los vehículos y su expresión se endureció.
Entonces le susurró a Vega: «Tienen una bruja protegiendo a Jarvis.
Y es poderosa».
«Manteneos alerta», les ordenó Wesley a sus hombres a través del vínculo mental.
Fuera lo que fuera lo que le esperaba allí, no iba a ser sencillo.
Y en el fondo, Wesley sabía que el pasado por fin estaba alcanzando a su familia.
Y él iba a descubrir la verdad.
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