Luna Rechazada, Ámame de Nuevo - Capítulo 61
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- Capítulo 61 - 61 Capítulo 61 Una noche en familia
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61: Capítulo 61: Una noche en familia 61: Capítulo 61: Una noche en familia Esa noche, el aire frío del atardecer se colaba por el patio del colegio mientras los padres se apresuraban a entrar en el auditorio para el concierto escolar de Willa.
Riana volvió a mirar su reloj.
Los alumnos, ataviados con capas plateadas y relucientes, corrían hacia los bastidores, los profesores iban de un lado para otro y sonó el último timbre.
Como de costumbre, Wesley llegaba tarde.
Intentó no sentirse irritada.
Ni decepcionada.
Ni nada, en realidad.
Los dulces mensajes de Rafael eran su distracción y necesitaba ese tipo de distracción para calmar su interior cuando Wesley estaba cerca.
Un sentimiento que aún no llegaba a comprender.
Justo cuando las luces se atenuaron, las puertas del fondo se abrieron de golpe.
Wesley se deslizó dentro, sin aliento, con el pelo ligeramente desordenado como si hubiera corrido todo el camino.
Exploró al público con la mirada hasta que la encontró.
Y fue directo a su fila.
—¿Está ocupado este asiento?
—susurró.
Riana suspiró, pero apartó el bolso.
—No.
Siéntate.
Se acomodó en el asiento, todavía recuperando el aliento.
—Lo siento.
Delilah no se sentía bien y…
—Lo sé —dijo Riana con dulzura—.
El embarazo puede ser difícil.
Wesley parpadeó.
—¿No…
no estás enfadada?
Ella le dedicó una pequeña sonrisa traviesa.
—Claro que no.
Debe de ser la primera vez que de verdad cuidas de una mujer embarazada.
Él se puso rígido.
Riana siguió, con voz suave pero traviesa: —Puesto que nunca estuviste realmente ahí cuando yo esperaba a Willa.
Wesley se atragantó.
—Riana…
—No lo he dicho para hacerte sentir culpable —susurró, aunque esa era exactamente su intención—.
Solo expongo los hechos.
Su lobo, Vega, gruñó en su interior.
«Te está tomando el pelo otra vez, Wes.
¿Por qué te gusta esto?».
«No me gusta», mintió él.
«Mentiroso».
Wesley forzó la vista al frente, pero no podía dejar de mirarla de reojo.
Se veía radiante con el pelo rizado, los ojos cálidos, los labios ligeramente brillantes bajo las luces del escenario.
Había algo en ella esa noche…
algo suave, resplandeciente, casi desgarrador.
Riana lo sorprendió mirándola y enarcó una ceja.
Se humedeció los labios y susurró: —¿Tengo algo en la cara?
—No —dijo él demasiado rápido—.
Solo estaba pensando.
—Peligroso —murmuró ella.
Él tosió, nervioso.
—¿He oído que Rafael te está…
cortejando?
¿Para casarse?
Los ojos de Riana parpadearon, indescifrables.
—Wesley.
—¿Qué?
—insistió él con ligereza, aunque su voz tenía un matiz de celos.
Ella se giró hacia el escenario.
—Concéntrate en nuestra hija.
Wesley se tragó sus preguntas mientras el telón se abría.
Frente a ellos, unos niños con capas brillantes avanzaron en filas ordenadas.
Luego sonó la música, suave, armoniosa, resonando por todo el auditorio.
Willa estaba en el centro, con su pequeño micrófono dorado temblando ligeramente en su mano.
Cuando cantó, su voz llenó la sala de una dulzura que derritió todos los corazones.
Clara, fuerte, angelical.
Se balanceaba suavemente con el grupo, en perfecta sincronía.
Entonces, comenzó su solo.
La mano de Riana voló a su corazón.
Las lágrimas brillaron en sus ojos.
—Es preciosa —susurró.
Sin pensar, Wesley se estiró y colocó un mechón de pelo suelto detrás de la oreja de Riana.
Las yemas de sus dedos rozaron la mejilla de ella, que se sentía cálida, suave y familiar.
Riana se quedó helada.
Wesley sonrió con dulzura.
Ella se sonrojó.
El mundo entero se desdibujó a excepción de ella.
«Estás mirándola fijamente otra vez», dijo Vega.
«Cállate, Vega».
«¿Quieres que te recuerde que es a ella a quien rechazaste?
O…».
«He dicho que te calles».
«Está bien.
Pero parece que quieras lamerla».
Wesley casi se atragantó en voz alta.
Riana lo miró.
—¿Estás bien, Wesley?
—Bien —dijo con voz sibilante, carraspeando.
El resto del concierto transcurrió en una cálida neblina de música, nostalgia y una tensión que ninguno de los dos se atrevió a reconocer.
En el momento en que terminó el concierto, Willa los vio.
Su sonrisa era radiante y sus mejillas aún estaban sonrojadas.
—¡Mami!
¡Papi!
Corrió, casi tropezando con su capa, y se arrojó a los brazos de Riana.
Wesley las abrazó a ambas por un breve instante antes de que Riana se alejara de él.
—¡Este es el día más feliz de mi vida!
—chilló Willa—.
¡Habéis venido los dos!
Riana besó la frente de su hija.
—Por supuesto que sí, mi niña.
Wesley le alborotó el pelo.
—Has estado increíble, Willa.
Nos has hecho sentir orgullosos.
La sonrisa de Willa iluminó la noche.
Por un breve y frágil instante…
volvieron a sentirse como una familia.
Se quedaron para la celebración posterior al concierto, haciéndose fotos y charlando con otros padres.
Al final, Riana y Wesley deambularon hasta la zona del parque junto al colegio para ver a Willa perseguir a sus amigos bajo la guirnalda de luces.
—Por cierto —empezó Riana, cruzándose de brazos—, tu hermana se puso en contacto conmigo.
—¿Stella?
—Wesley enarcó una ceja—.
¿Sobre qué?
—Quiere trabajar en mi empresa.
Me preguntó si la tendría en cuenta.
Pensé que debía hacértelo saber.
Wesley asintió lentamente.
—¿Qué le has dicho?
—Que no me vendría mal un par de manos extra.
Y que tiene talento, aunque vuelva loco a todo el mundo.
—Lo hace —rio él entre dientes—.
De una forma extraña, está empezando a idolatrarte.
Los labios de Riana se curvaron.
—Entonces…
¿eso es la aprobación del hermano mayor?
—Mientras no queme tu boutique.
—Lo pondré en su contrato.
Compartieron una risa suave.
Una brisa fría barrió la oscuridad, haciendo que Riana se estremeciera.
Wesley se quitó la chaqueta de inmediato.
Ella levantó una mano.
—Estoy bien.
—No, tienes frío.
Antes de que pudiera protestar, él le envolvió los hombros con la chaqueta, ajustándole el cuello con delicadeza.
Su loba se agitó.
«Acéptala.
Huele bien».
Su loba, Geena, gemía.
«Para ya, Geena».
«Está calentita.
Y te mira como si fueras chocolate».
«¡No somos chocolate!».
«Quiere comerte de todas formas, Riana.
¿Has visto cómo nos ha mirado?».
La cara de Riana se puso escarlata.
Wesley ladeó la cabeza.
—¿Estás bien?
—Mi loba se está…
portando mal.
—La mía también.
Sus miradas se encontraron.
Y se sostuvieron.
Entonces, sonrieron.
El aire se espesó, volviéndose más cálido, eléctrico, aterrador.
Estaban a centímetros de distancia, sus alientos mezclándose en la noche fría.
La mirada de Wesley descendió a los labios de ella.
Los dedos de Riana rozaron la solapa de su chaqueta.
Si alguien los viera, parecería que estaban a punto de besarse.
Wesley tragó saliva.
—Riana…
a veces desearía…
¡RING!
Su teléfono vibró con fuerza.
Él gimió en voz baja.
—Dame un segundo.
Contestó.
—¿Mamá?
La voz de su madre chilló desde el otro lado, lo suficientemente alto como para que Riana pudiera oír cada palabra.
—¡WESLEY!
¡¿Dónde estás?!
¡Delilah te necesita!
¡Está embarazada, por mi diosa!
¡Deberías estar en casa con tu novia, no zascandileando por ahí con tu exmujer!
Wesley cerró los ojos.
—…Mamá.
—¡Y no dejes que esa mujer te distraiga!
¡Tienes responsabilidades!
Exhaló lentamente.
—Pronto estaré en casa.
Colgó, con la mandíbula tensa y la frustración ensombreciendo sus facciones.
Riana retrocedió con delicadeza, poniendo espacio entre ellos.
—Deberías irte.
—Riana…
—No pasa nada —dijo ella con una sonrisa suave y cansada—.
Es tu novia.
Te necesita.
Wesley la miró como si quisiera discutir…
pero no pudiera.
Willa se acercó corriendo.
—¡Papi!
¡Nos vamos a hacer fotos con el coro!
Wesley se arrodilló y la abrazó con fuerza, con la voz más suave que había tenido en años.
—Estoy muy orgulloso de ti.
Te veré pronto, ¿vale?
—¡Vale!
—exclamó ella radiante.
Wesley se levantó de nuevo, con los ojos fijos en Riana una última vez.
Había miles de palabras no dichas entre ellos.
Miles.
Asintió una vez y se obligó a darse la vuelta.
Riana lo vio marcharse, con el corazón apesadumbrado, mientras el aroma de su chaqueta aún se aferraba a sus hombros.
Esa noche había estado llena de «casi».
Casi un beso.
Casi una confesión.
Casi una familia de nuevo.
Y de alguna manera…
eso dolía más que nada.
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