Luna Rechazada, Ámame de Nuevo - Capítulo 77
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77: Capítulo 77: La omega perdida 77: Capítulo 77: La omega perdida Cuando llegaron a casa, Rafael llevaba en brazos a Willa, que ya estaba dormida y babeaba sobre sus hombros.
Rowan los acompañó para hablar de su descubrimiento sobre la poción de manipulación.
Antes de eso, Rowan ya se había llevado una buena reprimenda por preguntarle a Willa si quería que Rafael sustituyera a Wesley.
Obviamente, Willa era demasiado pequeña para entenderlo.
El aire nocturno en el exterior de la casa de Riana olía a pino, miel y a la sutil dulzura de las flores que Rafael había plantado a principios de esa semana.
La luz del porche arrojaba un suave resplandor dorado sobre la terraza cubierta, iluminando al trío sentado en las sillas acolchadas.
Riana, envuelta en un chal ligero; Rafael, cariñosamente a su lado; y Rowan, despatarrado en su asiento como un lobo que ha olvidado los modales más básicos.
—Willa está dormida.
Habla, Rowan.
¿Qué has averiguado en tu investigación?
—preguntó Rafael.
Rowan sorbió ruidosamente su chocolate caliente.
—Bueno.
Voy a arruinar este ambiente de paz con una locura.
Riana se rio entre dientes.
—Claro que lo harás.
Rafael suspiró a su lado y le acarició el brazo con caricias lentas y reconfortantes, lo que ya era una costumbre inconsciente.
Riana fingió no derretirse.
Rowan se inclinó hacia delante de forma dramática.
—Alguien envió una muestra de la poción de manipulación al Ministerio de Pociones Mágicas.
Sin remitente.
Sin nota.
Solo un frasco en el mostrador de recepción, como si se hubiera entregado a sí mismo.
Riana parpadeó.
—¿Qué?
—Sip —dijo Rowan, enfatizando la «p» con un chasquido—.
Los científicos la estudiaron.
Supercompleja.
No es la típica magia oscura.
Dijeron que requiere una bruja del más alto rango.
Los dedos de Rafael se detuvieron en el brazo de ella.
Riana frunció el ceño.
—Pero la única bruja lo bastante poderosa para ese nivel de creación de pociones…, del rango más alto…, sería…
—La Bruja Valeria —dijo Rowan, moviendo las cejas—.
La hermosa y espeluznante reclusa que vivía en lo profundo de los bosques de Rivera.
Pero, giro argumental: está muerta.
O eso dicen.
Riana se estremeció al oír el nombre de la Bruja Valeria, de quien su difunta madre le había hablado una vez.
La bruja había sido un mito durante años, un ser sobre el que susurraban tanto los lobos como las brujas.
Antes de que ella pudiera comentar nada, Rafael se aclaró la garganta.
Rowan se detuvo a medio sorbo.
Sus ojos se fijaron en él.
—¿Qué?
Rafael rara vez se aclaraba la garganta, a menos que algo serio estuviera por venir.
Miró a Riana, luego a Rowan, y bajó la voz.
—Ustedes dos no deben contarle a nadie lo que voy a decir.
—Su tono era suave, pero conllevaba el peso de una orden—.
La Bruja Valeria…
no está muerta.
El corazón de Riana dio un vuelco.
A Rowan se le cayó la taza vacía.
—¡¿ELLA QUÉ?!
—¡Chist!
—siseó Riana—.
Willa está durmiendo.
Rowan se inclinó, gritando en un susurro: —¿¡ESTÁS DE BROMA!?
Acabo de…
esto…
¡¿QUÉ?!
Rafael sonrió con suficiencia.
—Está viva.
Y bajo la protección total del Rey Humano de Rivera.
Muy pocos lo saben.
Riana lo miró, atónita.
—¿Por qué iba el Rey a protegerla?
—Porque —respondió Rafael, posando suavemente su mano sobre la de ella—, fue atacada.
Casi la matan.
Y es…
valiosa.
Y…
Valeria ha estado protegiendo al Rey Humano durante muchos siglos.
Es lo que los antiguos llamaban la Protectora del Rey.
—¿Es cierto el rumor sobre su aventura?
—preguntó Rowan con dramatismo.
Rafael le lanzó una mirada.
Rowan levantó las manos.
—Vale.
Modo serio.
Solo pregunto.
Pareces gozar del favor del Rey.
—Rivera es mi territorio de lobos —dijo Rafael reclinándose y exhalando—.
Así que Valeria no solo creó esa poción.
La perfeccionó.
O más bien…
lo hizo su hija adoptiva.
Riana sintió un escalofrío.
—¿Tenía una hija?
—susurró ella.
—Una niña hombre lobo adoptada a la que crio como propia desde que era un bebé, abandonada —dijo Rafael.
Su voz se suavizó con algo parecido a la tristeza—.
Hermosa.
De voluntad fuerte.
Pero frágil por dentro.
El mundo nunca la aceptó.
Murió joven…
la versión oficial dice que fue un suicidio.
El rostro de Rowan se ensombreció.
—¿Y la extraoficial?
Los ojos de Rafael se oscurecieron.
—Valeria cree que fue un homicidio.
El silencio se asentó como la niebla.
—Después de que la chica muriera —continuó Rafael—, bueno, Valeria encontró el diario de su hija.
Dentro…
había detalles explícitos de una poción de manipulación que había estado elaborando.
Usaba un ingrediente raro y extremadamente poderoso.
El corazón de Riana latió con fuerza.
—¿Qué ingrediente?
Rafael vaciló.
—La sangre de su madre.
Tanto Riana como Rowan sintieron arcadas.
Rowan se agarró el pecho.
—Necesito agua bendita.
O lejía.
Preferiblemente ambas cosas.
—Rowan, ¿tú la recibiste?
—Riana se cubrió la boca—.
Entonces, la poción que la gente está bebiendo…
¿incluye la sangre de la Bruja Valeria?
Rafael asintió con gravedad.
—Eso es lo que la hacía potente.
Más duradera.
Valeria creía que había otra copia de la fórmula circulando en el mercado negro, pero esa versión no era tan duradera, ya que se basaba solo en un borrador.
Riana sintió una oleada instintiva de náuseas.
—Eso es más que horrible.
¿Alguien ha bebido la sangre de una Bruja?
Rowan gimió.
—Juro que si alguien pusiera eso en mi bebida, demandaría al universo.
Rafael frotó la espalda de Riana mientras ella combatía otra oleada de repulsión.
—No pretendía crear algo malvado —dijo Rafael con dulzura—.
La chica solo…
quería poder.
Rowan parpadeó.
—¿Por qué?
Era la hija de una de las brujas más poderosas que han existido.
Al menos a la par de la legendaria Bruja Loraine Winters.
—No era una bruja —corrigió Rafael—.
Era una omega.
Débil.
Ignorada.
Desesperada por que se fijaran en ella…, sobre todo su compañero.
Riana intercambió una mirada de sorpresa con Rowan.
—¿Su compañero?
—repitió ella—.
¿Quién?
La voz de Rafael se redujo a un susurro.
—Escribió que era el hijo de un alfa fuerte de un linaje de élite.
Riana sintió una extraña opresión en el pecho.
—¿Qué alfa?
¿Qué hijo?
—Ese es el problema —dijo Rafael—.
Valeria se desmayó antes de poder decirlo.
Todavía se está recuperando…
lentamente.
Las únicas pistas que quedan están en el diario desaparecido…
Rowan se frotó la cara.
—¿Y la última entrada del diario?
—…era que la chica había quedado en verse con alguien —dijo Rafael, tensando la mandíbula—.
Una joven llamada Delilah.
Para probar la primera poción.
Riana se quedó helada.
—¿Danza?
Tiene que ser ella.
Delilah era muy cercana a ella.
Rafael asintió y entrelazó sus dedos con los de ella para calmar su enfado.
Rowan inspiró con tanta fuerza que el sonido retumbó en toda la terraza.
—No.
No, no, no…
¿Delilah?
¿Está involucrada?
—susurró Rowan—.
¿Te refieres a…
la que le ha hecho la vida imposible a Riana durante los últimos ocho años?
Rafael asintió.
—La misma.
Riana sintió que el mundo entero se le venía encima.
—Algo no cuadra.
—Todavía hay asuntos sin resolver —convino Rafael—, pero Darsha está involucrada.
A Rowan se le cayó la mandíbula.
—¿¡Su…
madre!?
—Su madre —continuó Rafael en voz baja— apuñaló a Valeria.
Y desapareció.
El palacio de Rivera todavía la está buscando.
El cuerpo de Riana se quedó helado.
La voz de Rafael se suavizó.
—Por eso el Rey declaró muerta a la Bruja Valeria.
Si se filtrara la noticia de que está viva, la asesina huiría más lejos o volvería a atacar.
Una vez que Valeria se recupere por completo, podrá lanzar un hechizo localizador sobre esa mujer.
Riana se frotó las sienes, abrumada.
—Ralph…
¿puedes llevarme a verla?
Él le tomó la mano con delicadeza.
—Puedo —susurró él—.
Pero todavía no.
Es demasiado peligroso.
Riana asintió lentamente.
Lo comprendía, pero la impaciencia la carcomía por dentro.
Rowan soltó un suspiro.
—Esto es de locos.
¿Delilah relacionada con un asesinato?
¿Una poción prohibida?
¿Una omega muerta?
¿Un diario?
¿Su madre desaparecida?
Riana, tu ex tiene el peor gusto del mundo.
Riana bufó a pesar de la tensión.
—Dime algo que no sepa.
Rafael le besó la mano ligeramente, lo justo para que Rowan hiciera una arcada teatral.
Tras una hora de alternar entre bromas, teorías, puyas y más cotilleos, los tres amigos finalmente entraron en la casa.
La mañana llegó con la luz del sol asomándose a través de las cortinas rosas y el sonido de unos sollozos ahogados.
Seguido del agudo grito de Willa.
Había tenido otro sueño.
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