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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 109

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109: Capítulo 109 109: Capítulo 109 ALEXANDER
Ni siquiera tuve la oportunidad de hablar o asimilar del todo lo que Evangelina había dicho antes de colgar.

Intenté volver a llamarla, pero no contestaba.

Necesitaba explicarle que no tenía ni puta idea de lo que estaba hablando.

¿Cómo podría haberle dado a Margarita el puesto de jefa de equipo si ni siquiera estaba conmigo, sino con…?

Mierda.

Marqué el número de mi madre a toda prisa, casi ciego por la ira que me recorría.

Debería haber sabido que se traía algo entre manos cuando me pidió que le entregara a Margarita.

—Alex, ahora mismo estoy ocupada, ¿puede esperar?

—No, madre, no puede esperar —espeté—.

¿En qué demonios estabas pensando?

—No me gusta que me grites…

—Te pedí que mantuvieras a Margarita fuera de la vista, no que le dieras un trabajo en el mismo lugar que Eva.

¿Estás intentando arruinar mis posibilidades de recuperarla?

Empezó a hablar, pero la interrumpí.

No tenía ningún interés en escuchar la explicación de mierda que quisiera darme.

—¡Despídela!

¡Quítale el puto trabajo o, te juro que me aseguraré de que Margarita pague por todo lo que ha hecho!

Comenzó a responder, pero mi teléfono vibró con una llamada entrante de mi Beta.

Colgué sin necesidad de oír su respuesta.

Mi advertencia era clara; dependía de ella acatarla, o Margarita sufriría las consecuencias.

—¿Qué pasa?

—pregunté en cuanto se conectó la llamada—.

¿Has encontrado algo?

—Te he enviado una foto.

Es de la niña el día que fue adoptada.

Fue la única foto que pudieron conseguir.

Sigo buscando.

—Gracias, mantenme informado.

Colgué y abrí mis mensajes inmediatamente.

La niña de la foto tenía el pelo rubio ceniza y unos ojos que me resultaban tan familiares que habría jurado haberlos visto en alguna parte.

Fue un alivio volver a ver su cara por fin.

Había olvidado su aspecto después de todos estos años, pero era como si mi cerebro la recordara, porque algo en ella me resultaba familiar, solo que no sabía concretar el qué.

Habría jurado que la había visto en algún otro lugar recientemente, pero cuanto más intentaba recordar, más se me escapaba el recuerdo.

—Te encontraré —juré—.

Cueste lo que cueste.

PUNTO DE VISTA DE EVANGELINA
Me quedé hasta tarde en la oficina, intentando apartar de mi mente cualquier pensamiento sobre Margarita.

No importaba que estuviera aquí, yo iba a hacer mi trabajo y dejar que eso hablara por mí.

No tenía ningún interés en pelear con ella aquí, había demasiado en juego.

No me fui hasta que el cielo estuvo negro como la boca del lobo.

El agotamiento me pesaba en los huesos, pero incluso después de llegar a casa, me arrastré a la cocina para prepararme algo de comer.

Estaba registrando las alacenas en busca de algo rápido cuando oí el timbre.

Miré el reloj, preguntándome quién podría estar en mi puerta a estas horas de la noche.

Abrí y mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa al ver a Nicholas al otro lado.

—¿Puedo pasar?

—preguntó y yo asentí lentamente—.

Te vi llegar tarde.

Te he traído la cena.

Fue solo entonces cuando me fijé en la fuente de cerámica que tenía en las manos.

Se dirigió directamente a la cocina y me la sirvió.

El olor a pasta llenó el aire y mi estómago rugió con fuerza.

Me senté, sin importarme siquiera por qué me había estado vigilando para saber que había vuelto tarde.

Probé un bocado de pasta y gemí suavemente.

Estaba jodidamente increíble.

—Gracias —mascullé, llenándome la boca de una forma que sabía que era muy poco atractiva.

Terminé el plato en un tiempo récord y solo cuando acabé me di cuenta de que me miraba fijamente.

La vergüenza me recorrió la espalda al caer en la cuenta de por qué estaba aquí.

Todavía tenía que cumplir mi parte del trato.

Me aclaré la garganta y me puse en pie.

Sabía lo que se esperaba de mí, sabía lo que hacían los amantes.

Me alisé los pantalones con las manos y me giré hacia él.

—¿Puedo darme una ducha primero?

Frunció ligeramente el ceño, pero asintió.

—Por supuesto, esperaré aquí.

Subí corriendo los escalones, desesperada por poner algo de distancia entre nosotros.

No podía pensar con claridad cuando estaba cerca de él.

Me di una ducha larga e incluso me depilé las piernas.

Si íbamos a hacer esto, al menos tenía que estar presentable.

Me puse unas bonitas bragas de encaje y me eché por encima un bonito camisón.

Cuando bajé las escaleras, Nicholas seguía sentado donde lo había dejado.

Tragó saliva profundamente al verme, sus ojos se oscurecieron mientras apretaba con fuerza el mantel.

—Ya podemos subir a la cama —susurré suavemente.

Se puso en pie en un instante.

Se me cortó la respiración cuando acortó la distancia entre nosotros en tres zancadas.

Sus ojos me recorrieron lentamente y, en un movimiento rápido, me levantó en brazos como a una novia.

Mi corazón martilleaba en mi pecho mientras la realidad de lo que íbamos a hacer me golpeaba.

Lo guié a mi habitación, desesperada por cualquier cosa que me mantuviera en control de la situación.

Nicholas no habló, ni siquiera mientras me llevaba a la habitación y me depositaba suavemente en la cama.

Se quitó la camisa y yo tragué saliva, contemplando su piel tonificada y tersa.

Después se quitó los vaqueros y tuve que apartar la vista, con las mejillas enrojecidas.

Sentí cómo el colchón se hundía a mi espalda y me giré hacia él, esperando sentir sus labios contra los míos, pero eso nunca llegó.

En su lugar, sentí sus manos envolverme y me atrajo hacia su pecho.

—Espera, ¿qué?

—Duerme —dijo simplemente—.

Has tenido un día largo.

No me salían las palabras.

Ahí estaba yo, preparada para él, pero no intentaba tocarme.

Abrí la boca, pero no salió ninguna palabra.

Me sujetó con firmeza, con un brazo alrededor de mi cadera mientras el otro me acariciaba suavemente el pelo.

Sus caricias, combinadas con el latido constante de su corazón, me arrullaron hasta sumirme en un sueño apacible.

***************
Cuando me desperté a la mañana siguiente, se había ido.

No tuve tiempo de pensar mucho en ello porque tenía que estar en el hospital.

Llegué con tiempo suficiente para descansar y desayunar, cuando una de las enfermeras me detuvo.

—Ha ingresado una paciente.

Pregunta por ti.

Mis cejas se alzaron con sorpresa.

—¿Sabes su nombre?

Ella negó con la cabeza.

—No ha querido decirlo.

Está en la habitación 12.

Me dirigí inmediatamente a la habitación 12 y me sorprendió encontrar a Ilona sentada en la cama, con las manos pulcramente cruzadas en el regazo.

—Hola, no esperaba verte aquí.

—Agarré su expediente—.

¿Qué pasa?

¿Tienes algún dolor?

—No, no he podido dormir.

—Oh, ¿estás tomando alguna medicación?

¿Ha pasado algo?

—Pues sí —dijo, enderezándose—.

Te vi besar a Nicholas.

El expediente se me cayó de las manos.

La miré sin comprender, preguntándome si había oído bien, pero la mirada letal que me dirigió me dijo que sí.

¿Dónde podría habernos visto?

Fuimos cuidadosos, el único lugar era…

Maldije.

El baño, en la discoteca.

No había levantado la vista para ver con quién me había tropezado.

—Ilona…

—Escúchame, Evangelina.

Aléjate de Nicholas.

¿Me has entendido?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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