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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 34

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34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 MARGARET
Alex abrió los ojos cuando intenté sacarlo del coche.

Por sus ojos enrojecidos, estaba claro que todavía estaba borracho, pero lo bastante sobrio como para ponerse en pie y entrar en la casa.

Apenas había cruzado el umbral tras él cuando me besó con fuerza.

Toda preocupación que tenía se desvaneció en ese instante y le devolví el beso.

Apenas conseguimos llegar a la puerta del dormitorio antes de que toda nuestra ropa estuviera por el suelo y él sobre mí.

Mi piel ardía de anticipación y abrí bien los muslos mientras él se acomodaba entre mis piernas, con sus manos firmes sobre mi cuerpo.

Su lengua se adentró en mi boca, reclamando cada centímetro de mí como suyo, y cuando me penetró con una sola y fuerte embestida, solté un puto grito.

Una mano se cerró alrededor de mi garganta, la otra apretaba con brusquedad mis tetas y caderas mientras me follaba sin tregua.

Nunca antes había estado tan desenfrenado conmigo, y me encantó.

Me encantó que no tuviera miedo de reclamarme como suya mientras yo no podía hacer otra cosa que yacer allí y aceptarlo.

—¡Alex, me estoy corriendo!

—conseguí decir.

Sus movimientos se volvieron más bruscos, su cadera restregándose contra mi clítoris con cada embestida.

Sus labios reclamaron los míos con dureza mientras daba con un punto dentro de mí que hizo que mis ojos se pusieran en blanco.

Mi orgasmo llegó como una oleada y, solo unos segundos después, él me siguió con un gruñido.

Me abrazó con más fuerza, el beso volviéndose frenético mientras se vaciaba dentro de mí.

La sensación que vino después solo podía describirse como eufórica.

Nunca me había sentido tan unida y conectada a él.

Alcé la mano, deslizando mis dedos por su nuca, y él se estremeció.

—Eres jodidamente increíble —susurró, besándome suavemente—.

Como un puto sueño, Eva.

Y así, sin más, el hechizo que nos envolvía se rompió.

—¿Eva?

—pregunté, pero él ya se estaba apartando de mí y se había girado hacia un lado, llenando el aire con sus suaves ronquidos.

El que posiblemente fue el mejor momento de mi vida quedó arruinado por la mención de su puto nombre.

Era como si no pudiera escapar de ella.

Cada vez que lo intentaba, regresaba arrastrándose como un puto bicho que se negaba a morir.

Eva.

Siempre Eva.

La puta zorra que se interponía en mi camino para conseguir todo lo que quería.

¿Por qué no podía simplemente dejarme a Alex?

Él no la amaba, pero ella se le había metido en la cabeza.

Debió de decirle algo cuando lo recogió, por eso estaba pensando en ella, o quizá estaba intentando usar el sexo para alejarlo de mí.

Esa era la única otra explicación, porque Alex me amaba a mí, no a ella.

Las lágrimas se acumularon en mis ojos mientras su nombre resonaba una y otra vez en mis oídos.

Quería gritar, romper algo, joder, pero no podía, así que dejé mi dolor a un lado y me acurruqué de lado.

Si ella quería jugar, entonces yo también podía hacerlo.

Me aseguré de despertarme antes que Alex a la mañana siguiente y me vestí rápidamente.

Menos mal que mi hijo estaba en casa de un amigo, porque no podía ni imaginar tener que explicarle los juegos a los que estaba a punto de jugar.

Me puse unos leggings que hacían que mi culo se viera increíble y un sujetador deportivo que mostraba un escote generoso.

Estaba a mitad de preparar el desayuno cuando Alex finalmente salió de la habitación, con las manos en la cabeza.

—¿Qué coño ha pasado?

—preguntó, entrando a trompicones en la cocina—.

¿Cómo he llegado aquí?

—Viniste anoche, creo que bebiste demasiado.

¿Café?

Levantó la vista hacia mí y, con vacilación, tomó la taza de café de mis manos.

Sus ojos recorrieron mi cuerpo lentamente, deteniéndose en mis tetas y en mi vientre antes de volver a subir hasta mis ojos.

—¿Pasó algo…?

—dijo con voz apagada, tragando saliva—.

¿Nosotros…?

—Viniste y te desmayaste de inmediato —mentí—.

¿Por qué?

¿Recuerdas algo?

Sacudió la cabeza con una pequeña maldición.

—No recuerdo nada de ayer.

Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios.

Era mejor así.

Se sentó en la barra mientras le servía el desayuno.

Murmuró un «gracias» mientras le hincaba el diente a su tostada con mantequilla y mermelada.

Me mantuve ocupada en la cocina, fingiendo que no le prestaba atención.

Esperé a que casi terminara de comer para hablar.

—He estado pensando en buscar un trabajo.

Se quedó quieto.

—¿En serio?

¿Por qué?

—No me gusta estar en casa todo el día.

Quiero estar ocupada.

—Está bien, puedo conseguirte un trabajo en mi oficina…

—En realidad, he estado pensando en darle un buen uso a mi título de medicina.

Intenté que mi voz sonara lo más natural posible.

Lo último que quería era que descubriera mi plan.

—Quiero trabajar con el jefe del hospital —continué—.

Solo acepta a un puñado de estudiantes cada año.

Lo solicité una vez, pero me rechazó.

Estaba pensando que quizá tú podrías hablar con él por mí.

Significaria mucho.

Pestañeé, poniendo la mirada más inocente que pude, pero por dentro, mi corazón latía con fuerza.

Todo el mundo sabía que Eva era la alumna del jefe.

De hecho, era su favorita.

Cada año, él acogía a cinco estudiantes de la universidad y los tutelaba durante seis meses, pero con Eva fue diferente.

Empezó a ser su mentor en el instituto y estaba claro que tenían una relación cercana.

Ya que ella quería interponerse en mi relación con Alex, yo iba a arruinar la que ella tenía con el jefe.

Iba a ser una espina clavada en su costado, solo necesitaba que Alex aceptara.

—Por favor —añadí en voz baja, deslizando mi mano suavemente sobre su hombro—.

Solo por esta vez.

—Está bien —suspiró—.

Hablaré con él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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