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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 39

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39: Capítulo 39 39: Capítulo 39 NICHOLAS
—¿Dónde está?

—le pregunté a la enfermera en cuanto entré en el hospital.

La enfermera era una chica joven, de unos veinte años.

Abrió los ojos como platos al verme y balbuceó, abriendo y cerrando la boca mientras intentaba encontrar las palabras.

Me había acostumbrado a las reacciones que provocaba en los humanos, pero eso no lo hacía menos molesto.

Como Alfa, mi lobo desprendía un aura que permitía a los otros hombres lobo saber quién era.

Para los humanos, era más difícil de distinguir.

Sentían la tensión y sabían que yo era alguien importante, pero sus pequeñas mentes nunca serían capaces de comprenderlo del todo.

Los de voluntad más fuerte podían ignorar la presión de nuestra aura, pero los que eran como la chica que tenía delante se quedaban anonadados por ella.

—Joder —espeté—.

¿Dónde está mi abuela?

Tiene ochenta y tantos años, ha ingresado esta mañana.

La molestia en mi tono la sacó de su ensimismamiento.

Rápidamente, se puso a teclear en el portátil que tenía delante.

—Habitación 312.

Las palabras apenas habían salido de su boca cuando me dirigí a la habitación.

Encontré a mi abuela mientras estaba en la universidad.

Estaba decidido a saber quién era mi verdadera familia, ya que la abuela que conocía no quería saber nada de mí.

Fue difícil localizarla, puesto que mi abuelo no guardaba ningún registro de su amante, pero en el momento en que la vi, supe que éramos familia.

Tenía una hija que había muerto, pero me contó historias sobre ella e incluso me enseñó fotos.

Era la mujer más amable que conocía y me aseguré de vigilarla en todo momento.

Abrí la puerta de la habitación 312 y suspiré aliviado cuando la vi sentada en la cama, comiendo un cuenco de pudin.

—¡Nicholas!

—exclamó, con una amplia sonrisa en el rostro—.

Estás aquí.

¿Por qué?

¿No tienes trabajo?

Forcé una sonrisa.

—He oído que te ha vuelto a dar un brote de artritis.

Me restó importancia con un gesto.

—No es un problema, te lo prometo.

Fruncí el ceño.

—¿Ya es bastante malo como para que yo me haya enterado.

¿Con qué nombre te has registrado?

—Pamela Anderson —sonrió ampliamente—.

Usé mi apellido de soltera, no te preocupes.

Solté un suspiro de alivio.

Necesitaba mantenerla alejada de mi otra abuela.

Si llegara a descubrirla… No podía ni pensarlo.

Le había dicho que tuviera cuidado al salir y que siempre pagara en efectivo.

Ella hacía todo lo posible por obedecerme, pero había veces que cometía un desliz.

Me senté en la silla junto a su cama y tomé su mano entre las mías.

—¿Cómo estás?

—Estoy bien, Nicholas, te lo prometo —me sonrió con dulzura, usando la mano que le quedaba libre para acariciarme la mejilla—.

¿Cómo estás tú?

—Yo no soy el que está en una cama de hospital.

Ella frunció el ceño.

—Sabes a lo que me refiero.

La reunión mensual se acerca.

Sabes que pronto empezarán a hacer preguntas.

Luché contra el impulso de poner los ojos en blanco y, en su lugar, me pellizqué el puente de la nariz con un suspiro.

Cada mes, los Alfas celebraban una reunión para discutir nuestra integración en el mundo humano y las formas en que podíamos seguir viviendo en paz.

Todos los meses hablaban de lo mismo, incluyendo lo importante que era para nosotros, como Alfas, tener familias y procrear.

Era más fácil enseñar a tu hijo a ser un buen Alfa que entrenar a una persona completamente nueva.

Llevaban años presionándome porque yo era el único Alfa que no estaba casado.

—Te estás haciendo mayor —continuó—.

Si sigues soltero mucho más tiempo, te considerarán débil y buscarán a alguien para reemplazarte.

Has trabajado muy duro para conseguir esto.

No dejes que se eche a perder.

—No lo haré —le aseguré—.

No te preocupes por mí.

—Hoy he conocido a una doctora —empezó, enarcando las cejas—.

Es muy guapa.

Quizá puedas pasarte mañana por la mañana cuando venga a revisarme.

Puede que te guste.

Gruñí en voz alta.

No tenía ningún interés en ninguna mujer, y ella lo sabía, pero eso no impedía que lo intentara.

Llevaba meses metiéndose en mi vida.

Intentaba emparejarme con cada mujer lobo que se encontraba.

—Nicholas…
—Yo me encargo de todo.

—Me incliné hacia delante, le di un beso en la frente y me puse en pie—.

Tengo que irme, te veré pronto.

Estaba claro que quería decir algo más, pero salí de la habitación antes de que pudiera hacerlo.

Envié un mensaje a los guardias que había puesto para vigilarla, dándoles instrucciones de no perderla de vista.

Quería saber quién entraba y salía de esa habitación de hospital en todo momento.

«Tiene razón, ¿sabes?», me susurró mi lobo.

«Necesitas encontrar una compañera».

«Ya tenemos una compañera, ¿recuerdas?»
«Y ella no quiere saber nada de nosotros.

Ya está casada».

«Quizá si hubieras sido más amable con ella, nunca se habría casado con él.

Además, es obvio que están pasando por problemas.

Ahora es el momento de atacar».

«Si los otros Alfas quieren que tenga una compañera, entonces más les vale convencer a Evangelina de que se aparee conmigo.

Si no, no tendré ninguna».

Era obvio que mi lobo estaba frustrado.

Podía sentir su ira arremolinándose como un infierno.

Había tanto que quería decir, pero no le di la oportunidad.

Si lo hiciera, nunca dejaríamos de discutir.

«Tenemos una fiesta a la que asistir», le dije.

«Compórtate».

«No sé por qué sigues tolerando a esa mujer», masculló, con la voz teñida de fastidio.

«No tienes por qué estar allí».

«Sí, tengo que hacerlo.

Tengo una reputación que mantener como Alfa y eso incluye estar en eventos públicos como este.

Nos iremos antes de una hora, lo prometo».

«Como quieras», masculló.

«Vámonos».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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