Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 53
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53: Capítulo 53 53: Capítulo 53 MARGARITA
Nunca en mi vida había estado tan furiosa.
El pecho me ardía de ira y la rabia se arremolinaba en mis venas como veneno.
Cada palabra que la gente decía en contra de Alex y de mí era como ácido en mis heridas y no hacía más que alimentar el pozo de desdén por Eva que se había acumulado en la boca de mi estómago.
No sabían nada sobre Alex y yo.
Yo lo vi primero, fue mío mucho antes de que esa perra me lo quitara.
Solo estaba recuperando lo que era mío por derecho, y nadie tenía derecho a juzgarme.
Me volví hacia Alex y vi que tenía la mandíbula apretada con obstinación.
Su brazo vibraba y casi podía sentir la rabia que irradiaba de él.
—¿Alex?
—lo llamé, pero no habló.
Me agarró del brazo y me sacó de la casa sin decir una palabra más.
Me esforcé por seguir el ritmo de sus largas zancadas y, en otro momento, me habría molestado, pero ahora mismo, me llenó de una sensación de regocijo porque significaba que él estaba más molesto por esto que yo.
—¿Cómo se atreve a avergonzarte así?
—pregunté en voz alta, alimentando la rabia—.
No tenía por qué hacer todo eso.
Alex emitió un murmullo de asentimiento, pero no habló.
—Es muy retorcida.
Sabía que era un evento de trabajo y que la gente ya pensaba que estábamos juntos.
Lo planeó todo para poder desacreditarte.
No le importa nadie más que ella misma.
Frunció el ceño.
—Tienes razón.
Nunca me di cuenta de lo egoísta que era.
No pude evitar sonreír.
Por fin, había conseguido que estuviera de acuerdo conmigo en que Eva no era la princesa perfecta que él creía.
Por fin, la vería como yo la veía y la descartaría.
—Como Luna, su trabajo es proteger a la manada, incluso en detrimento suyo —continuó—.
Debería haberme protegido.
Soy su Alfa.
—Lo eres —susurré, inclinándome más hacia él—.
Te mereces algo mejor.
—Lo sé.
—Es por ese programa de investigación en el que la aceptaron.
Es tan prestigioso que la hace pensar que es mejor que tú.
Si me aceptaran a mí, quizá eso le bajaría un poco los humos.
Murmuró, alzando las cejas.
—¿En serio?
Asentí.
—Quiero estar en el equipo, Alex.
—¡Entonces, considéralo hecho!
—declaró—.
Haré todo lo que esté en mi mano para que ocurra.
No te preocupes por nada.
PUNTO DE VISTA DE ALEXANDER
Me subí al coche y establecí un enlace mental con mi Beta de inmediato.
—Hay un nuevo programa de investigación de fármacos en el hospital.
Háblame de él.
—Me sorprende que no lo sepas ya —dijo él—.
Es una investigación de vanguardia.
Si funciona, pondrá a los médicos en el mapa.
Tu esposa es miembro del equipo.
—Lo sé.
Quiero que Margarita también esté en el equipo.
Guardó silencio.
—No sé si eso funcionará.
—¿Por qué no?
—Porque el equipo ya está cerrado.
También tengo una sobrina en el equipo.
Me dijo que Evangelina fue la última integrante que añadieron y que no van a aceptar a más gente.
Maldije.
A Margarita no le iba a gustar.
Ya le había prometido que haría todo lo posible para meterla en el equipo.
—¿Hay alguien con quien pueda hablar?
—Por desgracia, no.
Ni siquiera sé quiénes son los responsables.
Están manteniendo las cosas en gran secreto.
—Joder, gracias.
Me volví hacia Margarita, con una expresión suave en el rostro.
—Lo siento.
Su rostro se descompuso.
—No digas eso.
Seguro que hay algo que puedes hacer.
Esto haría maravillas por mi carrera.
Eva lo tiene, ¿por qué yo no?
¿Por qué siempre lo tiene todo?
Suspiré profundamente, sin querer entrar en otra conversación con ella sobre Eva.
—Habrá otro.
—¡No quiero otro!
—exclamó ella, tirando con fuerza de la bufanda que llevaba al cuello—.
¡Quería este, y después de cómo me ha avergonzado Eva hoy, deberías estar haciendo todo lo posible por conseguirlo para mí!
El collar que siempre llevaba al cuello se rompió y cayó en su regazo.
Esperaba que lo cogiera rápidamente, pero lo ignoró.
Lo recogí por ella y lo inspeccioné con cuidado.
La primera vez que la vi llevándolo, le pregunté por él y me dijo que era una reliquia familiar.
Nunca se lo quitaba, por eso me sorprendió su actitud displicente hacia él.
—Tiene fisuras —dije, recorriendo las fisuras sobre el colgante de jade—.
No deberías ser tan descuidada con algo que perteneció a tus padres.
—Me importa una mierda el estúpido collar —espetó, apartando la mirada de mí y cruzándose de brazos.
Me quedé conmocionado por la crudeza de sus palabras.
—Pero dijiste…
—No me importa lo que creas que dije, Alex.
Si no puedes meterme en el programa de fármacos, no me hables.
Llévame a casa, ahora.
La miré, conmocionado.
Ni siquiera me miraba.
Ni siquiera le importaba el collar que supuestamente llevaba cada día de su vida porque le recordaba a sus padres, a los que había perdido.
Aunque estuviera enfadada, nunca debería tratar una reliquia familiar de esa manera.
Guardé el collar con cuidado en mi bolsillo, incapaz de ignorar la creciente sospecha que surgía en mi pecho.
¿Había mentido sobre la reliquia?
¿Había más cosas sobre las que estaba mintiendo?
Arranqué el coche, no sin antes enviar un vínculo mental a mi Beta.
—Necesito que investigues algo por mí —dije en voz baja.
—¿Qué es?
—Revisa todo lo que sabemos sobre la infancia de Margarita.
Guardó silencio.
—¿Hay algo en particular que deba buscar?
—Todo.
Quiero saber cada detalle que puedas encontrar sobre su familia y sus padres.
—¿Para cuándo lo necesitas?
—Lo antes posible.
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