Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 68
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68: Capítulo 68 68: Capítulo 68 EVANGELINE
Aprecié que no sintiera la necesidad de impresionarme con un restaurante lujoso.
Me llevó a un pequeño café al que ya había ido un par de veces.
Olía a canela y a galletas, y me rugieron las tripas.
Hacía tiempo que no venía por culpa de mi apretada agenda, pero echaba de menos sus hamburguesas con patatas fritas.
En cuanto llegó un camarero, las pedí sin siquiera echar un vistazo al menú.
Se rio en cuanto escuchó mi pedido.
—¿Dije algo malo?
—pregunté.
Ella negó rápidamente con la cabeza.
—Nicholas y tú tenéis los mismos gustos.
No debería sorprender, teniendo en cuenta que sois hermanos, pero es la única persona que conozco que entra en un local y decide que quiere hamburguesas con patatas fritas cuando tienen una carta entera repleta de platos.
Forcé una sonrisa.
A Nicholas y a mí no solían gustarnos las mismas cosas.
Él creció comiendo los platos más exquisitos en casa de su Abuela, pero yo sobreviví a base de fritanga y lo que fuera que pudiera encontrar.
Para cuando me mudé con él, estaba tan acostumbrada a la comida basura que solía comer, que tuvo que adaptar su menú solo para conseguir que yo comiera.
Recordaba la cara de asco que solía poner cada vez que le obligaba a comer algo que él consideraba repugnante.
Era la prueba de lo unidos que solíamos estar y de lo mucho que había cambiado nuestra relación.
—Supongo que sí —dije finalmente.
Por suerte, no tuve que decir nada más porque el camarero regresó con nuestra comida.
Le di las gracias y ataqué las patatas fritas de inmediato.
Comimos en silencio durante unos minutos antes de darme cuenta de que Ilona me miraba de reojo cada pocos segundos.
Intentaba ser discreta, pero no se le daba muy bien.
—¿Va todo bien?
—pregunté en voz baja—.
Si algo te preocupa…
—Siento meterte en esto, pero de verdad necesito saber si Nicholas ha tenido alguna relación antes.
Me quedé paralizada, y la comida me supo a cenizas en la garganta.
Debería haber sospechado cuando me invitó a comer que lo que quería era preguntarme cosas sobre Nicholas.
—Por desgracia, no sé la respuesta a eso —dije, aclarándome la garganta—.
Llevamos años sin tener contacto.
No sé qué ha sido de él desde entonces.
Su rostro se descompuso.
—¿Estás segura de que no ha mencionado nada?
Es que…
hay una foto en su cartera que mira todo el tiempo.
No la he visto con claridad, pero sé que es de una chica.
Solo quiero saber quién es.
Te prometo que no le diré que me has contado nada.
Dejé el tenedor con más brusquedad de la necesaria y me erguí en el asiento.
Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa, y un poco por el miedo, pero no me importó.
No iba a dejar que me utilizara como un peón en su relación.
—Creo que si tienes preguntas, deberías hacérselas a Nicholas.
Después de todo, es tu novio, ¿no?
—¿Novio?
—preguntó, estupefacta—.
¿Te ha dicho que soy su novia?
Se le iluminaron los ojos.
—¿Te dijo que era su novia?
Al ver la mirada casi demencial en sus ojos, me di cuenta del grave error que había cometido.
Había dejado que mis propias inseguridades y pensamientos me llevaran a sacar conclusiones precipitadas.
—Él nunca dijo eso —dije rápidamente, y su sonrisa se desvaneció con una rapidez cómica—.
Creo que debería irme.
Tengo que volver al trabajo.
No le di la oportunidad de responder, ni me molesté en terminar el resto de la comida.
Simplemente agarré mi bolso y salí pitando de allí, sin atreverme a mirar hacia atrás.
Todavía me quedaban unos minutos de mi descanso para comer, así que me adentré en la ciudad hasta una tienda que conocía de sobra.
—¡Eva!
—dijo la dependienta, y sus labios se curvaron en una sonrisa—.
Qué bueno verte.
¿En qué puedo ayudarte?
Descubrí esta tienda hace cuatro años.
Coleccionaban collares antiguos y yo pasaba por allí cada mes para ver si habían encontrado alguno como el que yo había perdido.
—Necesito hacer una réplica de un collar.
Ella enarcó las cejas.
—¿Por alguna razón en particular?
—No puedo decirlo.
Solo necesito una copia exacta de este.
Algo que parezca idéntico, pero que no sea de jade auténtico.
Ella soltó un profundo suspiro.
—Puedo hacerlo, pero llevará algo de tiempo.
Metí la mano en el bolso y saqué un par de billetes.
—Tómate el tiempo que necesites.
Solo te pido la máxima discreción.
Ella tomó los fajos de billetes.
—Soy una tumba.
Le entregué el collar.
—Ten cuidado con él.
Es importante para mí.
Era obvio que tenía muchas preguntas, pero decidió mantener la boca cerrada y me quitó el collar de las manos con cuidado.
Una vez que hube terminado, me dirigí de vuelta al coche con la intención de regresar a la oficina, pero el teléfono vibró con una llamada entrante.
Quise ignorarla, pero vi el nombre de Alex parpadeando en la pantalla y la curiosidad pudo más que yo.
—¿Qué quieres?
—pregunté al descolgar—.
Tengo que estar en el trabajo.
—No, deberías estar de camino a casa.
El baile anual y la gala benéfica es hoy.
Tienes que venir.
Solté un profundo suspiro, sintiéndome agotada de repente.
No podía negarme aunque quisiera.
La Abuela estaría allí, y también todos los demás hombres lobo de la ciudad.
Si no aparecía, no solo daría una mala imagen de mí, sino de toda la manada.
—No tengo vestido.
—Seguro que puedes usar parte del dinero que me quitaste para comprarte uno —dijo con sorna—.
Cinco cifras es más que suficiente.
Te esperaré en la villa.
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