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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 70

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70: Capítulo 70 70: Capítulo 70 EVANGELINE
A pesar de las sonrisas que me dedicaban, podía oír a la gente susurrar mientras entraba sola en la gala.

Era prácticamente inaudito que un Alfa entrara con alguien que no era su Luna y, sin embargo, allí estaba Alex, de la mano de Margarita.

Me esperaba los susurros, pero me sorprendió lo que oí.

—¿Cómo puede dejarla sola?

—dijo una mujer a mi izquierda—.

¿No ve lo hermosa que es?

¿Está ciego?

Casi resoplé ante aquello, pero otra conversación captó mi atención.

—He oído que tiene una aventura con esa mujer humana.

Es tan asqueroso e inaceptable.

No puedo creer que le haga eso a su Luna.

Debería honrarla y proteger su imagen.

—Exacto —convino alguien—.

Debería avergonzarse de sí mismo.

No había pasado suficiente tiempo con la manada para saber qué pensaban al respecto.

Alex se aseguró de mantenerme alejada de ellos, a menos que fuera una situación que pudiera controlar.

Era la primera vez que les oía hablar de mí, y me reconfortó saber que se preocupaban por mí.

Siempre me había preocupado que la manada me odiara por el poco tiempo que pasaba con ellos.

Mi trabajo acaparaba la mayor parte de mi atención, pero la única razón por la que empecé a estudiar fue para poder ayudar a la manada.

Tal como estaban las cosas, había más humanos en el campo de la medicina que hombres lobo.

Necesitábamos gente como yo que supiera tratar a los lobos específicamente.

Los susurros continuaron, cada uno peor que el anterior.

Ni siquiera se molestaban en bajar la voz.

Por el rabillo del ojo, vi a Margarita fulminándome con la mirada.

Si las miradas matasen, ya estaría a dos metros bajo tierra.

Sus miradas de odio no eran nuevas, pero algo en su forma de mirarme hoy me aterrorizaba.

Había algo más siniestro en su expresión y no pude evitar preocuparme.

—¿Crees que está tramando algo?

—le pregunté a mi loba, que se encogió de hombros.

—¿Cuándo no está tramando algo?

Tú solo mantén la guardia alta.

Mantuve su advertencia muy presente en mi mente y tomé asiento en la mesa redonda.

Por desgracia, Margarita y Alex estaban sentados a mi lado, pero hice todo lo posible por ignorarlos mientras comenzaba la subasta.

Lo primero que se subastaba era una joya horrible.

Las gemas del collar eran demasiado aparatosas y parecía más de disfraz que algo que yo me pondría jamás.

—¡Veinte mil dólares!

—exclamó Alex, levantando su paleta.

Todo el mundo ahogó un grito de sorpresa.

Ese pedazo de basura no podía valer más de un par de miles, y él estaba dispuesto a pagar una cantidad extravagante por ello.

Hasta el subastador parecía sorprendido.

—Vendido al Alfa Blackthorn.

—En realidad, póngalo a nombre de mi Luna —dijo Alex, extendiendo la mano para apretarme el hombro—.

Es una donación de su parte.

La gente vitoreó, pero yo puse los ojos en blanco.

Era obvio que lo hizo solo para ser dramático y demostrar a la gente que se preocupaba por mí, y se lo creyeron.

Cualquiera que me conociera habría sabido que no había forma de que yo me pusiera eso, pero mantuve la boca cerrada y dejé que el resto de la subasta continuara.

No pujé por nada.

No hubo nada que me llamara la atención.

Para cuando sacaron el último artículo, ya estaba lista para irme a casa.

—Un par de pendientes con incrustaciones de rubíes —anunció el subastador, levantando el velo.

En cuanto vi los pendientes, me erguí.

Eran preciosos.

Las piedras no eran demasiado grandes, pero sí lo suficiente como para saber que costaban mucho, y ya podía imaginar lo bonitos que me quedarían.

—La pieza vale un millón de dólares, pero empezaremos la puja en cincuenta mil dólares… —Apenas había terminado su frase cuando levanté mi paleta—.

Cincuenta mil para la Luna Blackthorn.

Sonreí para mis adentros.

Aunque estos pendientes fueran lo único que sacara de aquí, sería una victoria.

Mi victoria duró poco, pues Margarita tiró de la camisa de Alex.

—Los quiero.

Me giré hacia ella.

No había mostrado interés por nada en toda la noche.

Por supuesto que quería lo único que yo quería.

—Ya le has comprado algo a ella —continuó, con los ojos fijos en mí—.

Cómprame esto a mí.

—¿Estás segura de que quieres esto?

—preguntó Alex y ella asintió—.

Está bien.

—Levantó su paleta—.

Ochenta mil.

Margarita me sonrió con malicia.

Lo habría dejado pasar, pero estaba harta de que siempre se saliera con la suya a mi costa.

No tenía dos millones y medio para pagarlos, pero Alex no tenía por qué saberlo.

—¡Cien mil!

—declaré, levantando mi paleta.

—Para ya —siseó Alex antes de levantar de nuevo su paleta—.

Un millón de dólares.

Resoplé.

Si pensaba que iba a dejarlo pasar tan fácilmente, es que no me conocía en absoluto.

—Un millón y medio.

Exclamaciones de asombro recorrieron la sala, pero yo me limité a mirar a Alex, con una ceja levantada en señal de desafío.

Nunca antes había ocurrido que una pareja pujara por el mismo artículo, pero yo tenía un plan.

Levantó su paleta de nuevo.

—Seis millones.

Superé su puja cada vez hasta que llegamos a los diez millones.

La pieza no valía ni de lejos diez millones.

—Me rindo —dije con un suspiro fingido.

El subastador pareció aliviado.

Se secó la gota de sudor de la frente.

—Diez millones para el Alfa Blackthorn.

Margarita sonrió de oreja a oreja, pero Alex no parecía complacido.

Había gastado mucho más de lo que nadie debería en eso, y ese era exactamente mi plan.

Sabía que nunca podría conseguirlo, así que pujé de más sabiendo que heriría su ego.

Cada vez que lo mirara, no sentiría orgullo, sino rabia y vergüenza.

Jaque mate.

—¿Alguien más quiere subir la puja?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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