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Luna Rechazada: Unida a mi hermano el Alfa - Capítulo 82

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82: Capítulo 82 82: Capítulo 82 EVANGELINE
Para cuando terminó su perorata, parecía muy orgulloso de sí mismo, como si venir a cocinar para mí fuera a mejorarlo todo, como si fuera a borrar los años de humillación.

—¡No!

—dije tajantemente.

Retrocedió como si lo hubiera abofeteado.

—¿Disculpa?

¿Acabas de…?

—Sí, he dicho que no.

¿Quieres que lo repita?

—espeté—.

No te quiero en mi casa y no te quiero cerca de mi vida.

Estoy harta de tolerar todas tus mierdas.

Has dejado claro una y otra vez que te importo una mierda, tanto yo como esta unión.

Suspiró profundamente.

—Estás siendo dramática…

Ah, ya le enseñaría yo lo que es ser dramática.

—Quiero un matrimonio abierto —declaré, y se quedó en un silencio sepulcral—.

Te estás divirtiendo con Margarita.

Es justo que yo también salga a explorar.

La Diosa sabe que no te intereso, ya que no me has tocado desde que nos casamos.

Ya encontraré a otro que satisfaga mis necesidades.

Era un farol, pero él no tenía por qué saberlo.

Sus mejillas se tiñeron de rosa y no supe si era por ira o por vergüenza.

—Ya te he dicho que Margarita se mudará pronto y que por fin podremos ser una verdadera pareja de compañeros.

No tienes de qué preocuparte.

—Ya no me importa Margarita.

Quiero un matrimonio abierto, Alex.

Si quieres que me quede, esta es la única forma.

Exhaló pesadamente.

Empezó a hablar, pero el teléfono sonó y lo interrumpió.

Le echó un vistazo, apartando el móvil de mi vista para que no viera quién llamaba.

—Disculpa —murmuró, y se alejó para contestar la llamada.

Puse los ojos en blanco, sin molestarme siquiera en esperarlo.

Entré en casa, cerré la puerta con llave y respiré hondo.

Ver a Alex siempre me ponía de los nervios.

No debería haberme sorprendido que pensara que una comida casera me haría olvidar todo lo que había pasado.

Después de todo, me había tenido muerta de hambre de amor y afecto.

Esperaba que una pequeña migaja de su atención arreglara las cosas.

Quizá en el pasado, pero ya no.

Tarde o temprano se daría cuenta de que la mujer que conoció estaba muerta, y yo no tenía ningún interés en resucitarla.

Cuando conseguí calmarme, volví a la puerta.

La abrí, con la esperanza de que Alex hubiera terminado su llamada, pero para mi sorpresa, se había ido, y con él la bolsa de la compra que había traído.

Resoplé con desdén y me giré para irme cuando oí a alguien carraspear.

Me di la vuelta lentamente y mi mirada se cruzó con la de Nicholas, que estaba de pie junto a su coche, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Tu marido ha ido a ver a su cuñada —dijo arrastrando las palabras—.

Por si lo estabas buscando.

Ignoré la evidente provocación en su voz.

—¿Qué haces aquí?

—Hemos quedado para almorzar, ¿no?

—preguntó—.

¿O es que ya no estás agradecida por el hecho de que te salvé la vida?

Me mordí el interior de la mejilla.

Cada nervio de mi cuerpo me decía que corriera tan lejos como me llevaran las piernas.

Estaba claro, por el tono y la postura de Nicholas, que había vuelto a ser el gilipollas de siempre, pero en contra de mi buen juicio, cerré la puerta a mi espalda y me dirigí hacia el coche.

—Nunca dejas de sorprenderme, Eva —dijo mientras me acercaba—.

Pareces muy cabreada con la idea de cenar conmigo y, sin embargo, no te has inmutado cuando te he dicho que tu marido iba a ver a su amante.

Debe de ser agotador tener que actuar como un robot todo el tiempo.

Sabía que no me dejaría en paz con el tema, ni ahora, ni mucho menos durante la cena.

Estaba cansada de que siempre intentara menospreciarme.

—Tenemos un matrimonio abierto.

—Me arrepentí de las palabras en cuanto las solté.

Nicholas se detuvo en seco y me examinó con la mirada, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

—¿En serio?

¿Cuándo llegasteis a ese acuerdo?

—Hace unos minutos —dije, decidiendo ceñirme a mi guion—.

¿A ti qué te importa?

—Nada.

Solo quería saber si ya te habías buscado un amante.

—Pareces muy interesado en mi vida sexual —comenté, cruzando los brazos sobre el pecho.

Esperaba que mi falsa bravuconería ocultara que, por dentro, estaba aterrorizada.

Si Nicholas le contaba a alguien lo que acababa de decirle, mi vida estaría acabada.

Una cosa era que el Alfa fuera infiel, pero si alguien llegaba a pensar por un segundo que yo lo era, nadie podría salvarme de la ira de la familia de Alex.

Mi reputación quedaría arruinada, y no les importaría que Alex no me hubiera tocado en tres años.

Lo único que les importaría es que yo había manchado el apellido familiar.

—Solo quiero saber qué hombre es lo bastante estúpido como para follarse a una Luna —respondió Nicholas—.

Así que dime, ¿quién es?

—Todavía no he elegido a nadie.

Como tú has dicho, nadie quiere tocar a una Luna.

Tiene que ser alguien tan poderoso como Alex, o incluso más.

Alguien a quien no le importe su estatus…

—Te describe a la perfección, Nicholas.

Me quedé helada al oír aquella voz.

Miré a mi alrededor, preguntándome de dónde venía el sonido, y entonces Nicholas maldijo por lo bajo y se llevó el teléfono a la oreja.

—Gracias por tu comentario, Brandon —dijo arrastrando las palabras, con un tono de fastidio.

Las mejillas me ardían de vergüenza y humillación.

Una cosa era decirle algo así a Nicholas y otra muy distinta que su Beta hubiera estado escuchando todo el tiempo.

—Solo digo —continuó Brandon—.

En realidad no sois parientes.

Sería como un rollo de romance prohibido.

A las tías les pone.

—A mí no me pone nada —dije enfadada, con las mejillas ardiéndome aún más.

—Daría igual que te pusiera —espetó Nicholas—.

Hay muchas mujeres que quieren estar conmigo.

Estarías al final de la puta fila.

Por alguna razón, sus palabras me dolieron mucho más de lo que deberían.

—¿Hemos terminado ya con esta conversación?

—pregunté, cruzándome de brazos—.

Dijiste que íbamos a almorzar.

Yo no he venido a esto.

Nicholas sonrió con crueldad antes de colgar el teléfono.

Luego me hizo un gesto para que subiera al coche.

—Puedo conducir yo —intenté protestar.

—Sube al puto coche, Eva.

Es mi recompensa, así que yo decido cómo van las cosas.

Nicholas era un puto narcisista.

No pude evitar imaginar la expresión de asombro en su rostro si me hubiera negado.

Sin embargo, no llegué a verlo, porque abrió la puerta y me metió en el coche sin contemplaciones, como si fuera una muñeca de trapo, antes de cerrarla de un portazo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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